Llamando

Hoy se nos narra en el evangelio la llamada a Simón, Andrés, Santiago y Juan. Una llamada urgido porque el plazo ya estaba cumplido y el Reino ya brotaba por todos lados en esa primavera de Espíritu, en ese nacimiento de cárcel del Bautista.
Urgencia de ternura y de pasión de un Jesús de lago y redes y trabajo. Una llamada en lo cotidiano, en lo plano de la vida.
Un encuentro que transforma y que cambia la existencia. Una llamada que mucho tiempo estuvo privatizada por unos pocos, por una élite autoproclamada virtuosa de la religión.
A veces encerrada en cuadros muy institucionalizados que poco tenían que ver con esos pescadores de primera hora de Galilea. Pero hoy el Espíritu, que rompe esquemas y odres viejos, es el encargado de abrir los muros y dejar que el agua del lago se vaya colando y que inunde a todas las formas de vida. Ese agua de peces felices que cubre todo el rostro de la Iglesia y que hace oír la voz del Nazareno pronunciando nombres en muchas lenguas de toda condición social o familiar.
Hoy sabemos que la llamada es para todos los bautizados y que resuena incluso más allá de las instituciones y que hace nacer nuevas formas de seguimiento. Es un tiempo hermoso de urgencias de Reino, un periodo de construcción con fallos pero con el aliento nuevo de ese Espíritu de pescadores que lo dejaron todo y se arriesgaron porque la voz del Reino se lo dijo.
Bendita primavera de múltiples llamadas al seguimiento.

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