Y si…

Mañana es la fiesta de todos los difuntos y se pueden elegir varias lecturas según el formulario. Yo me quedo con Lc. 12, 35-38.40.
Y lo hago porque creo que nos abre a una dimensión olvidada muchas veces: servir.
Y nos recuerda que ese servicio es para antes y después de la muerte; es decir, es la forma de amor concreta que se nos propone.
El señor de la casa llega a horas intempestivas y cuando llega hace algo increíble: se ciñe y comienza a servir a los criados cuya única obligación es servir.
Y el mundo se convierte en Reino y el Reino se hace silencio laborioso y gozoso de dejarse servir por el Señor. Un banquete al revés donde los siervos son atendidos por aquel a quien siempre quisieron servir.
Paradoja hermosa de un cielo distinto del que solemos tener en nuestro imaginario.
Cielo de tantos hombres y mujeres que nunca hicieron ruido. Que silenciosos abrieron puertas, cuidaron enfermos, sonrieron, dieron la pequeña moneda que tenían para acabar el mes, esperanzaron a los que ya no tenían un sentido, amaron con caricias y besos plenos de plenitud, vencieron a la violencia con la desnudez del perdón, se hicieron tan frágiles y cascados que dejaron pasar la Luz, se hicieron niños de disfrute mínimo y admirado… Tantos y tantos que ahora sin servidos por el gran Servidor.
Y si fuera así el cielo…

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