¿Qué hacéis de extraordinario?

En el último domingo antes de comenzar el camino hacia la Pascua nos encontramos con un evangelio duro que nos sitúa en los máximos del seguimiento.

Son dichos fuertes de Jesús que nos desinstalan de lo que somos y vamos haciendo. Son la cara poco transitada del Reino por muchos de nosotros y camino de vida para algunos.

No devolver mal por mal, amar (no tolerar) a los enemigos, poner otras mejillas… No creo que se trate de renunciar a la humanidad que se fue ganando a pulso con el pasar de los años en las declaraciones de derechos humanos y convenciones, ni de ser unos pusilánimes, sino de hacer lo extraordinario en lo ordinario de la vida.

Saber que existen otras opciones distintas a la venganza rápida o lenta, tejer redes de cercanía entre los que consideramos malos (Dios hace salir la lluvia y el sol para todos), empeñarse en lo distinto pacífico que calme la violencia gratuita que tantas veces nos asalta por dentro y por fuera.

No es fácil, pero tampoco es imposible. Hay muchos hombres y mujeres que despliegan su vida desde la sencillez y la oportunidad regalada de volver a empezar siempre. El perdón se aprende, como el amor y tantas otras cosas. Es un ejercicio y no solo algo pasivo.

Estamos necesitados de gestos que visibilicen que el evangelio es posible también desde aquí. Estamos capacitados para ello aunque nos cueste y no lo hagamos muchas veces.

Somos capaces de hacer cosas extraordinarias en lo ordinario cotidiano si nos situamos en otra óptica distinta al poder o al tener o al aparentar. Poco a poco….

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Según tu promesa

En el domingo de la Presentación del Señor nos encontramos con un personaje misterioso, pero también cargado de esperanza: Simeón.

Él tenía el don de la espera. De saber que lo oído como promesa es también realidad que va llegando sin saber cómo o cuándo.

Sus ojos seguro que vieron cosas hermosas y también duras. Pero esas pupilas supieron filtrar la luz de millones de maneras diferentes para poder mantener el deseo del esperado. Y el tiempo se cumplió como en Belén, como en Galilea, como en Jerusalén.

El tiempo se hizo luz plena para él y comprendió, con los ojos del corazón, que su vida ya se había plenificado, hasta tal punto que ya se podía ir en paz. Se podía retirar de aquella fijación al Templo y podía volar libre por los lugares a los que le había de conducir aquel niño presentado entre pichones y palomas.

Volemos también nosotros buscando la luz que viene de lo alto y habita en medio de nosotros… Según su promesa

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Galilea de los paganos

En el evangelio de hoy, la llamada de cuatro discípulos, los primeros, importa mucho el lugar.

Es Galilea, una zona dura para la fe judía. Por lo menos para la fe institucionalizada judía. Ahí está muy a gusto Jesús. En ese lago de trabajos, fatigas y frutos. En el día a día anodino de muchos hombres y mujeres que se pasan la vida buscando: peces y sentido. Hogar y comunidad.

En lo difícil, en lo baldío a los ojos de los que detentaban el poder político-religioso (añoranza también en la actualidad) el Nazareno llama, anuncia, propone la novedad absoluta que no encaja con los cánones.

Libertad, brisa, liberación, hogar, integración, sonrisa, trabajo, propuesta… Aquí está el Dios de Jesús. Ojalá también nosotros seamos encontrados por él ahí. Galilea de los paganos también hoy sin seguridades y gestos impostados, abiertos y libres.

Así sea.

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Agua

Celebramos el Bautismo de Jesús y también nuestro bautismo. Es momento de revivir lo que la mayoría de nosotros tenemos solo en fotos en papel o en formato digital.

Es nuestro segundo nacimiento. El momento puntual que se expande hacia un futuro y hace que el presente se cristalice en esperanza.

No es solo una identidad o un rol. Es la acción del Espíritu que sigue siendo actor y protagonista en nuestras vidas, con nosotros y no a pesar de nosotros.

Dejarse habitar no es sencillo. Son tiempos recios para dejar que alguien dé una palabra sobre ti o sobre nosotros. Son tiempos de búsqueda de identidades férreas y más o menos estancas en los que es muy complicado dejarse hacer por otros que son distintos a mi o a nosotros. Pero resulta que el Espíritu es lo más diferente a nosotros mismos. Por ello no caben las identidades férreas, intolerantes y excluyentes que hoy tanto aparecen, también al interior de nuestras comunidades.

El Espíritu es adaptación y libertad, rehacer indefinidamente aquellas seguridades que solo crean separación y heridas. Soplo hermoso que no sorprende y nos descentra (tan necesario). Capacidad de vivir a la intemperie de cara a los otros y yendo a donde no queremos ir porque otro nos ciñe. Incomodidad preciosa que nos hace más del Reino y más de los frágiles.

Feliz Bautismo, fiesta del Espíritu.

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Nacer

El esperado de los tiempos nace en este ahora para hacernos intemporales. Para regalarnos todo el tiempo del universo y todo el universo, ya limpio y claro, en el balbuceo de un recién nacido.

Nacer, como nosotros, en infinita fragilidad cuidada y amada.

Sentir, como nosotros, el primer aire que entra en sus pulmones.

Ver, como nosotros, con los ojos cerrados, aún sin estrenar, el murmullo de los astros y el silencio de las sonrisas.

Tocar, como nosotros, con los deditos sin estrenar, la piel de su madre y de José. La piel que siempre nos envolverá eternamente.

Percibir, como nosotros, el frío de la noche en un establo (nosotros en tantos lugares), pero sabiendo que el calor es lo más profundo De Dios en esa carne suya ya para siempre nuestra.

Latir, como nosotros, en su corazón los millones de nombres nacidos y por nacer. Y en ese hueco, casi nada de recién nacido, estar la humanidad entera y la creación anhelando más Vida.

Feliz nacimiento

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Sueños

Ya muy cerca de la Navidad. En este cuarto domingo de adviento descubrimos a un José soñador. A un José preocupado que se fía de la palabra dada por un ser que viene de parte del Dios de la Vida para anunciarle la Vida que está viniendo ya al mundo.

A un José que es padre sin serlo, a un José que es esposo de una manera nueva. Y José me imagino que seguiría soñando a menudo con aquel sueño de niños y de esposa y de planes y de complicaciones y de ponerse en manos de otro. Soñando lo imposible que ya era realidad a los ojos de los soñadores y que hoy también puede seguir siéndolo si confiamos en lo onírico como posibilidad de Dios.

Los sueños no son solo sueños como decía el poeta. Los sueños también pueden ser Dios hecho uno de nosotros en una familia extraña en un mundo que aun se está desperezando, ayer como hoy.

Felices sueños de pesebre a todos.

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Y dichoso…

Juan el Bautista está en la cárcel, a punto de ser ajusticiado, y duda. Me imagino que dudaría de todo. Pero su mayor duda tiene como centro a Jesús: es o no es el Mesías. Habría que esperar a otro?

Jesús le manda recado aludiendo a lo que los demás ven y oyen de su vida. Eso es su mesianismo que libera y reintegra.

A renglón seguido viene una de esas bienaventuranzas, que por estar desligadas de las demás, no solemos tener en cuenta: «Dichoso aquel que no pierde su confianza en mí».

En este tiempo de Adviento la bienaventuranza cobra mayor fuerza. Nos recuerda una actitud fundamental: la confianza. Esperar con firmeza y seguridad. Creer en los demás. En la posibilidad de lo bueno y bello nos rodea, aún en la mayor de las fragilidades. Que la Buena Nueva sigue siendo eso: novedad rodeada de bondad de parte de un Dios que hace lo imposible real: ser uno de nosotros pero con la capacidad de hacer ver, oír, andar, resucitar, liberar, de un modo distinto y que nos lo deja en herencia.

Maravilla de bienaventuranza en Adviento. Confianza renovada en Dios humano y, por ende, en la humanidad divinizada. Que así sea.

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Hágase en mi

Creo que una de las mejores descripciones de María es el evangelio de la Anunciación. Y lo es porque describe todo lo que vivimos los seres humanos y un plus que es de algunos.

Ante una propuesta imposible de un ser imposible se cuestiona, siente miedo, apela a la razón… Por su corazón debieron pasar cientos de nombres y de rostros. Millones de proyecciones de lo que iba a ser una respuesta afirmativa o negativa. Se imaginaría también aquello de que la iba a cubrir la sombra del Altísimo y el posarse del Espíritu. Todo un torbellino vital de lo que sería de ella y de aquel hijo de Espíritu.

Hasta aquí todo normal. El plus es pronunciar el «Hágase en mi». Dejarse hacer, dejarse modelar desde las entrañas. Dejar sus herencia, para siempre, al mismo Dios.

Dejarse hacer por Otro y por otros. No tantos son tan generosos y menos en esta época de hacerse a uno mismo. Bello relato que anuncia lo que es María, el adviento y, si nos dejamos, cada uno de nosotros.

Feliz segundo domingo de Adviento e Inmaculada.

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En lo esencial

Justo en medio del Black Friday damos un salto al vacío y nos metemos en el Adviento.

Nos metemos de lleno en la búsqueda de lo esencial rodeados de ofertas y llamadas al consumo desesperado.

No es fácil salir de esa espiral de los deseos, de las pulsiones del tener para poder ser. El adviento es un momento precioso para poder ir a la esencia de lo que estamos llamados a ser con lo que ya estamos siendo. Tiempo de calma, de gestación reposada, de espera paciente.

Frente al lo quiero ya y lo compro, se abre la posibilidad del permanecer atentos, de recibir lo gratuito, de entretejer sin prisas la salvación del rocío que viene de lo alto para quedarse para siempre.

El Dios que no sabe de negocios toma la decisión amorosa de hacerse uno de nosotros. De regalarse derramado y esparcido en un recién nacido que ya intuimos.

Disfrutemos.

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Rey del universo

Celebramos hoy la festividad de Jesucristo rey del universo. Es cierto que la clave de lectura del título de «Rey» ha de hacerse desde la clave del evangelio del día, pero aún así parece un título demasiado alejado de la Buena Nueva y de la vida de Jesús.

En cambio, la segunda parte, el sustantivo, ofrece muchas posibilidades en la actualidad. Un universo que se comprende como la totalidad en la que estamos inmersos y que nos sitúa en la pequeñez real de lo que somos. Desde la escala del universo aparecemos como un punto diminuto, como algo casi insignificante al lado de otras muchas realidades.

Nos encontramos en medio de la creación como seres capacitados para el cuidado y la contemplación de la inmensa belleza a la que también pertenecemos. Cuidado de los demás (de todo) como esos jardineros del relato del Génesis. Y, también, admirados contemplativos de lo grande y lo pequeño.

Tarea y don que nos acerca al comienzo del adviento.

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