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Revista Vida Religiosa

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Atar y desatar

Escrito por Miguel Tombilla.

Dos maneras de entender la comunidad, la de Pedro y la de Pablo, pero dos maneras que construyen juntas la Iglesia. «Pedros y Pablos» de ayer y de hoy. Los dos atan y desatan, los dos tentados siempre por ese poder, cada uno a su manera.
El uno, Pedro, atando y desatando en una comunidad que no quería dejar de ser judía, atada a los preceptos de los alimentos, de la raza, del sábado, de la tranquilidad de un pasado que era sólo eso: mirada atrás e inmovilidad, seguridad de estabilidad y de muerte (“A vino nuevo odres nuevos”).
Y Pablo atando y desatando en medio de la novedad absoluta y con el equilibrio inestable de lo que se abre camino, a veces, a tientas y con miedo. Entre las sombras de lo que va naciendo y que crece con las prisas de la ganas de vivir.

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El llanto de un payaso

Escrito por Jesús Garmilla.

Es una conocida parábola del gran teólogo danés Sôren Kierkegaard. Ya antigua. El entonces joven profesor de Teología, Joseph Ratzinger, la recoge en su obra “Introducción al cristianismo”, “una de las mejores realizaciones de la teología contemporánea”, escribe Olegario González de Cardedal en la nota preliminar. Escrita en el emblemático 1968, “la parábola del payaso que llora” la recoge también Harvey Cox en su best seller “La ciudad secular”. O sea, que la parábola del payaso es suficientemente conocida. Y opino que sigue teniendo actualidad. En pocas palabras, narra lo siguiente: “En un pequeño pueblo de Dinamarca se ha montado un circo que inesperadamente es pasto de las llamas. Un fuego que amenazaba extenderse a la aldea cercana. El fuego se propagaba rápidamente y el payaso -ya vestido como tal para su inminente actuación- corrió de aquella guisa a avisar a los aldeanos y solicitarles su ayuda. La gente del pueblo, que esperaba con ansia la actuación circense, se desternilló de risa ante aquella actuación tan perfecta de terror que seguramente era utilizada como reclamo publicitario para atraer espectadores. Mientras más explicaba el payaso aterrorizado lo que estaba ocurriendo más carcajadas provocaba en aquella gente sencilla. Vestido de payaso como iba, no podía tratarse de otra cosa que de un creativo ardid para llenar las desvencijadas gradas del viejo y elemental circo. El anuncio fue inútil, la comunicación no surtió efecto. El payaso lloraba mientras todos reían. El circo ardió y la aldea quedó destruida. Las lágrimas de un payaso fueron contraproducentes”. Hasta aquí la parábola de Kierkegaard retomada por Ratzinger y por Cox años más tarde.

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Misión intercongregacional en Sudán del Sur

Escrito por Luz Enith Galarza Melo.

Luz Enith: “En comunidad lo que cuenta para uno cuenta para todos”

Ante la difícil situación de Sudán, los obispos de este país pidieron la presencia de la vida religiosa. Esta petición tuvo una respuesta masiva: de 50 congregaciones que había establecidas pasaron a ser 200. La vida consagrada amplió su campo de actuación atendiendo sobre todo en sanidad, educación, promoción de la mujer... Es ésta una «iglesia de campaña» allí donde se la necesita, en un país en guerra. Luz Enith ha pasado en Sudán los mejores cinco años de su vida. Nos dice que el 15 de diciembre 2013 comenzó de nuevo la guerra entre las tribus más poderosas del sur de Sudán y comenta que un signo de esperanza, en esta situación, es el testimonio de los consagrados, que siendo muy diferentes, son capaces de ser hermanos.

Sudán, en un tiempo fue el país más grande de África, –en extensión cuatro veces España–. Un año antes de dejar de ser colonia británica en 1956, padeció su primera guerra civil que duró hasta 1972. Afrontó, poco después, una segunda guerra en búsqueda de la independencia del norte, que duró de 1983 a 2005. En ese año se firmó el Acuerdo General de Paz. Una tregua propuesta por el norte, a cambio de que el sur permitiera cinco años de libre explotación del petróleo presente en su territorio; a cambio también, les fue concedido realizar un referéndum que, el 9 de julio de 2011, les permitió independizarse y constituir así la nación más joven del planeta. Los criterios económicos fueron los que llevaron principalmente a la división de este país y a la constitución de Sur Sudán.

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Cuando el corazón arde…

Escrito por Luis Alberto Gonzalo Díez.

Dice Eduardo Galeano, hablando de los fuegos, que los hay de todo tipo. Algunos parece que arden, pero son solo apariencia. Otros arden, pero llenan todo de chispas. Hay, sin embargo, algunos que «arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende». De estos últimos es Santiago Agrelo.

Hoy cumple 72 años, muchos para esta sociedad nuestra que le cuesta tener memoria; pocos para quienes nos sentimos aprendices de Reino. 72 años acumulan experiencia y paz y, en el caso de Santiago, esa riqueza inocente de nuestro Dios, que le permite hablar de la justicia, solidaridad y verdad sin medias palabras. Sin sonrojo ni matices; sin convencionalismos ni acomodos. La verdad de Dios, siempre poética, cae en la vida de Agrelo y en sus palabras como es, como suena y como quema.

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¿Apostar por la vida o embalsamar un muerto?

Escrito por Nieves Crespo.

Tengo plasmados en el alma los ojos de la mamá de Mohamed aquel día de finales del año 2002… Yo había llegado a Etiopia en julio de ese año y, en septiembre, nos vimos sumergidos en una hambruna como la del 84, pero esta vez sin salir en las noticias porque el mundo estaba ocupado con la guerra de Irak… En aquel momento estábamos dando de comer a unas 10.000 personas diariamente en la misión y habíamos abierto un hospital de campaña para los niños que nos llegaban por debajo del 60% del peso… Y allí me encontraba yo, apenas llegada desde Madrid a la misión de Zway…

La madre de Mohamed

Entre la multitud de madres con sus niños, me llamó la atención la mamá de Mohamed; el niño de unos dos años estaba casi muerto, respiraba con mucha dificultad, le costaba abrir los ojos, su pequeño cuerpecillo era sólo huesos y piel… Nos acercamos a ella, yo no pude ocultar mi enfado al ver la terrible situación en que llegaba Mohamed y, teniendo en cuenta lo vitales que son los días en los casos de malnutrición severa, le pregunté: “¿Cómo has esperado tanto tiempo para venir a salvar la vida de tu hijo?, hace unas semanas hubiese sido más fácil sacarlo adelante”, pues su estado de desnutrición y deterioro era muy avanzado… Y las palabras de la mamá de Mohamed han resonado y aún resuenan en mi interior: “he enterrado a mis otros tres hijos...”.

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Oración de despedida a mi madre

Escrito por José Moreno.

ORACÓN FILIAL EN EL ATARDECER DE LA MADRE

Cada atardecer siento el regalo inmenso de la puesta de sol que gratuitamente se ofrece y se adentra en nuestro balcón. Junto al ventanal se ilumina el rostro de mi madre con su corona sencilla de cabello plateado que la hace señora de consuelo y de serenidad luminosa para mí. Allí contemplo como su “yo” se deshace como el sol que se va escondiendo, siento cómo ella lo hay ido entregando como hija, hermana, esposa, madre, vecina, peregrina…en relaciones afectivas y alegres, también de dolor asumido y compartido. Me alegra sentir que cuando su persona ya no se ha sostenido sobre ella misma, por ser debilidad radical, la hemos sostenido, con el mismo amor y afecto que ella ha entregado, aquellos que la consideramos como un “tú” valioso en nuestra vida, como un tesoro que no queremos perder, y que nos gustaría hacerlo eterno para que nunca nos faltara.

Pero en la suavidad de la tarde, en el color de las nubes, en el azul del cielo, en el fuego del sol…contemplo y acepto, que el “tú” materno se deshace y nuestro amor mortal no es capaz de sostener su debilidad en el yo entregado y ultimado. Es ahí donde nos abrimos a la esperanza con la confianza de que tu “yo”, madre, es un “tú” amado por el absoluto de la vida, por el Padre y Señor de todas las cosas, y que el amor que El te manifiesta -y del que tú siempre te has fiado- identificándote ahora con Jesús entregando su “yo” en la Cruz, nos confirma que tu muerte está vencida para siempre, que nada te podrá separar de ese amor que da la vida eterna. Por eso queremos acompañarte, acariciándote cómo nunca lo hicimos, para que el paso sea sereno y amoroso, confiados en el Espíritu que nos asegura que irás delante de nosotros -a prepararnos morada- , en la compañía de la madre de Jesús -Virgen de los Dolores- .

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Cosecha de pan y de fe

Escrito por Manuel Romero.

El hambre es muy mala. Nos hace buscar el alimento ansiosamente. Sólo quien ha pasado hambre sabe lo que sufre el cuerpo y la sensación de debilidad y de límite.

El pueblo de Israel pasó mucha hambre y sed por el desierto y Jesús lo sabía. Era judío descendiente de un pueblo al que Dios había hecho libre y había alimentado en los momentos de límite y de desierto.

Por eso, ante los judíos que le siguen y le escuchan, se presenta como el alimento necesario para el camino y el único que sacia. ¡Él es el mismo alimento! De tal manera que hay que considerarlo como comida; y hay que tragarse su persona para saciar el hambre y la sed en esta vida.

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¡Comunidad! algunos apuntes

Escrito por José Cristo Rey G. Paredes.

Cuando se constituye una comunidad religiosa, ¿en qué se piensa? ¿en el cómo, en el para qué, o en el por qué? Tengo la impresión de que en no pocas ocasiones las comunidades son el resultado parcial –al menos– del acomodo de personas un poco difíciles. Hay quienes justifican esto diciendo que la principal razón de la vida religiosa es “vivir en comunidad”. La comunidad tendría el primado sobre cualquier otra consideración: “a imagen de la Trinidad”, que es comunidad –se suele decir desde una perspectiva teológica–. A esto se añade la afirmación de que “la comunidad no es instrumento para otros objetivos… tiene razón de ser en sí misma”. Pero tal vez, la cuestión no sea tan simple.

1. El Dios que se nos revela como Trinidad no es sólo comunidad, es Misión. La comunidad trinitaria se nos revela como comunidad en misión.

Comunidades a imagen de la Trinidad, llevan la misión incrustada como su quintaesencia. En la reflexión teológica sobre la misión se dice y con toda razón que es la “Missio Dei” la que configura la Iglesia y la comunidad. Hablemos, pues, de esto.

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Olores

Escrito por Ianire Angulo.

Uno de los pequeños grandes placeres de vivir en la Sierra es poder disfrutar de la sinfonía de perfumes que ofrece el buen tiempo. Ahora que los días son más largos y empieza a ser necesario que las ventanas permanezcan abiertas, se cuela furtivo el galán de noche llenando el pasillo de una inevitable fragancia a campo, a fresco… a vida. Invita a llenar los pulmones, a respirar hondo y a disfrutar de un regalo así. Quizá es “deformación bíblica profesional”, pero se me ocurría pensar que algo así tuvo que experimentar Pablo cuando se le ocurrió decirle a los cristianos de Corinto que “somos para Dios el buen olor de Cristo” (2Cor 2,15).

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