Último número

Monográficos

Facebook

Twitter


Revista Vida Religiosa

Imprimir
PDF

Misión intercongregacional en Sudán del Sur

Escrito por Luz Enith Galarza Melo.

Luz Enith: “En comunidad lo que cuenta para uno cuenta para todos”

Ante la difícil situación de Sudán, los obispos de este país pidieron la presencia de la vida religiosa. Esta petición tuvo una respuesta masiva: de 50 congregaciones que había establecidas pasaron a ser 200. La vida consagrada amplió su campo de actuación atendiendo sobre todo en sanidad, educación, promoción de la mujer... Es ésta una «iglesia de campaña» allí donde se la necesita, en un país en guerra. Luz Enith ha pasado en Sudán los mejores cinco años de su vida. Nos dice que el 15 de diciembre 2013 comenzó de nuevo la guerra entre las tribus más poderosas del sur de Sudán y comenta que un signo de esperanza, en esta situación, es el testimonio de los consagrados, que siendo muy diferentes, son capaces de ser hermanos.

Sudán, en un tiempo fue el país más grande de África, –en extensión cuatro veces España–. Un año antes de dejar de ser colonia británica en 1956, padeció su primera guerra civil que duró hasta 1972. Afrontó, poco después, una segunda guerra en búsqueda de la independencia del norte, que duró de 1983 a 2005. En ese año se firmó el Acuerdo General de Paz. Una tregua propuesta por el norte, a cambio de que el sur permitiera cinco años de libre explotación del petróleo presente en su territorio; a cambio también, les fue concedido realizar un referéndum que, el 9 de julio de 2011, les permitió independizarse y constituir así la nación más joven del planeta. Los criterios económicos fueron los que llevaron principalmente a la división de este país y a la constitución de Sur Sudán.

Imprimir
PDF

Cosecha de pan y de fe

Escrito por Manuel Romero.

El hambre es muy mala. Nos hace buscar el alimento ansiosamente. Sólo quien ha pasado hambre sabe lo que sufre el cuerpo y la sensación de debilidad y de límite.

El pueblo de Israel pasó mucha hambre y sed por el desierto y Jesús lo sabía. Era judío descendiente de un pueblo al que Dios había hecho libre y había alimentado en los momentos de límite y de desierto.

Por eso, ante los judíos que le siguen y le escuchan, se presenta como el alimento necesario para el camino y el único que sacia. ¡Él es el mismo alimento! De tal manera que hay que considerarlo como comida; y hay que tragarse su persona para saciar el hambre y la sed en esta vida.

Imprimir
PDF

¡Comunidad! algunos apuntes

Escrito por José Cristo Rey G. Paredes.

Cuando se constituye una comunidad religiosa, ¿en qué se piensa? ¿en el cómo, en el para qué, o en el por qué? Tengo la impresión de que en no pocas ocasiones las comunidades son el resultado parcial –al menos– del acomodo de personas un poco difíciles. Hay quienes justifican esto diciendo que la principal razón de la vida religiosa es “vivir en comunidad”. La comunidad tendría el primado sobre cualquier otra consideración: “a imagen de la Trinidad”, que es comunidad –se suele decir desde una perspectiva teológica–. A esto se añade la afirmación de que “la comunidad no es instrumento para otros objetivos… tiene razón de ser en sí misma”. Pero tal vez, la cuestión no sea tan simple.

1. El Dios que se nos revela como Trinidad no es sólo comunidad, es Misión. La comunidad trinitaria se nos revela como comunidad en misión.

Comunidades a imagen de la Trinidad, llevan la misión incrustada como su quintaesencia. En la reflexión teológica sobre la misión se dice y con toda razón que es la “Missio Dei” la que configura la Iglesia y la comunidad. Hablemos, pues, de esto.

Imprimir
PDF

Olores

Escrito por Ianire Angulo.

Uno de los pequeños grandes placeres de vivir en la Sierra es poder disfrutar de la sinfonía de perfumes que ofrece el buen tiempo. Ahora que los días son más largos y empieza a ser necesario que las ventanas permanezcan abiertas, se cuela furtivo el galán de noche llenando el pasillo de una inevitable fragancia a campo, a fresco… a vida. Invita a llenar los pulmones, a respirar hondo y a disfrutar de un regalo así. Quizá es “deformación bíblica profesional”, pero se me ocurría pensar que algo así tuvo que experimentar Pablo cuando se le ocurrió decirle a los cristianos de Corinto que “somos para Dios el buen olor de Cristo” (2Cor 2,15).

Imprimir
PDF

“Trinidad y desgarro”

Escrito por José Moreno.

Tras la celebración pneumatológica de Pentecostés, la liturgia nos propone adentrarnos en el misterio de la Trinidad divina, esa formulación sencilla que unimos a la cruz en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Misterio que ha dado para escribir lo que no podría contarse ni decirse a lo largo de la historia de la Iglesia y de la Teología, que ha llevado a discusiones, herejías y divisiones de primer orden, que nos ha ofrecido conceptos y términos de una riqueza tremenda como el de “persona, relación, comunión…” a la vez que a algunos crípticos e indescifrables pretendiendo decir lo que de ningún modo se podía expresar, sino solo sentir tanto en la relación entre ellos –Tres personas distintas en una sola naturaleza, de las que se puede decir lo mismo de uno que de otro y al mismo tiempo- como en la comunicación con la humanidad y el orden que pretendemos darle entre ellos, ya sea en torno al patriarcalismo o en la discusión de la “y” entre el Hijo y el Espíritu. Un galimatías lleno de riquezas que puede quedarnos fríos en la fe de la vida y del cada día, ahí donde la Trinidad se nos revela “histórica y económicamente” como nos dicen los teólogos actuales muchos más acordes con el existencialismo y el personalismo, cunas de un humanismo lleno de entrañas de compasión y de amor.

Imprimir
PDF

Cuando el corazón arde…

Escrito por Luis Alberto Gonzalo Díez.

Dice Eduardo Galeano, hablando de los fuegos, que los hay de todo tipo. Algunos parece que arden, pero son solo apariencia. Otros arden, pero llenan todo de chispas. Hay, sin embargo, algunos que «arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende». De estos últimos es Santiago Agrelo.

Hoy cumple 72 años, muchos para esta sociedad nuestra que le cuesta tener memoria; pocos para quienes nos sentimos aprendices de Reino. 72 años acumulan experiencia y paz y, en el caso de Santiago, esa riqueza inocente de nuestro Dios, que le permite hablar de la justicia, solidaridad y verdad sin medias palabras. Sin sonrojo ni matices; sin convencionalismos ni acomodos. La verdad de Dios, siempre poética, cae en la vida de Agrelo y en sus palabras como es, como suena y como quema.

Imprimir
PDF

¿Apostar por la vida o embalsamar un muerto?

Escrito por Nieves Crespo.

Tengo plasmados en el alma los ojos de la mamá de Mohamed aquel día de finales del año 2002… Yo había llegado a Etiopia en julio de ese año y, en septiembre, nos vimos sumergidos en una hambruna como la del 84, pero esta vez sin salir en las noticias porque el mundo estaba ocupado con la guerra de Irak… En aquel momento estábamos dando de comer a unas 10.000 personas diariamente en la misión y habíamos abierto un hospital de campaña para los niños que nos llegaban por debajo del 60% del peso… Y allí me encontraba yo, apenas llegada desde Madrid a la misión de Zway…

La madre de Mohamed

Entre la multitud de madres con sus niños, me llamó la atención la mamá de Mohamed; el niño de unos dos años estaba casi muerto, respiraba con mucha dificultad, le costaba abrir los ojos, su pequeño cuerpecillo era sólo huesos y piel… Nos acercamos a ella, yo no pude ocultar mi enfado al ver la terrible situación en que llegaba Mohamed y, teniendo en cuenta lo vitales que son los días en los casos de malnutrición severa, le pregunté: “¿Cómo has esperado tanto tiempo para venir a salvar la vida de tu hijo?, hace unas semanas hubiese sido más fácil sacarlo adelante”, pues su estado de desnutrición y deterioro era muy avanzado… Y las palabras de la mamá de Mohamed han resonado y aún resuenan en mi interior: “he enterrado a mis otros tres hijos...”.

Imprimir
PDF

Trinidad

Escrito por Miguel Tombilla.

Es de las declaraciones dogmáticas más complicadas. No hace falta más que acercarse a algunas de las homilías de hoy para probarlo.
Hablar de Dios siempre es así de complejo porque lo nuestro son balbuceos. Hoy saldrán a relucir cubos que quieren contener el mar o tres velas unidas que tienen una misma llama o un árbol con tres ramas o… Esto en el mejor de los casos.
Otros optarán por conceptos filosóficos griegos que ya nadie entiende y que quedaron fijados hace muchos siglos para adaptar el discurso sobre la fe al tiempo en el que vivían (y aquí está la paradoja).



Y yo, la verdad, no me atrevo. No me atrevo casi ni a balbucear. Me encantaría quedarme en silencio, que nos quedásemos en silencio, todos. Unos minutos callados que darían densidad trinitaria a la celebración. Unos minutos de silencio gozoso y admirado, de saber que el saber, no nos vale en este caso. De desarmarnos de todos los conceptos (ya sé que es imposible) y dejar que todos hagamos un silencio común. No de esos incómodos de ascensor, sino de esos gozosos de puesta de sol o de bebé en brazos o mano agarrada en el mar. Yo, si fuera quién (que gracias a Dios no lo soy), propondría que en el momento de la homilía todas las iglesias del mundo construyésemos un silencio gozoso y que cada uno bebiésemos el silencio del otro y que cada uno dibujásemos con las pestañas esa Trinidad que no es nuestra pero que es de todos y que pudiésemos (sí Dios así nos lo concediese) acercarnos un poquito, aunque fuese sólo a millones de kilómetros, a ese silencio habitado y sonriente de un Dios que es comunidad desbordada y acogedora ya no de tres sino de infinito habitado y rebosante. Silencio de Dios y de los hombres como nochebuena bella. Belleza que es lo que ni siquiera nos atrevemos a soñar y mucho menos a vivir.
Pero me imagino que mañana hablaré en la homilía. Una pena. Silencio.

 

 

Imprimir
PDF

SILENCIO

Escrito por Santiago Cerrato.

En muchas ocasiones no me creo el Evangelio. No, lo confieso, así, a las claras. Pero cuando constato que no sigo, en muchos aspectos de mi vida, las directrices del Maestro…. es que estoy lejos de la fe que mis labios profesan.
Durante muchos años he pensado que la manera de dar a conocer una virtud, un don, un servicio, un regalo, una ayuda, una entrega…era gritarla: con la voz o con los gestos. He aprendido, con el tiempo, que ese grito vacía de contenido y densidad todo acto humano. En el momento en que lo grito, pierdo la visión del otro en el primer plano y aparece mi figura, mi ego, mi historia…acaparando toda la pantalla.

Copyright © 2014 Vida Religiosa. Todos los derechos reservados.                                                                                                                                                  Aviso Legal / Política de Privacidad /Condiciones de suscripción

онлайн фильмы