Revista Vida Religiosa

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Olor a oveja

Escrito por Jesús Garmilla.

Desde que el papa Francisco dijo aquello de que quería pastores con “olor a oveja”, la expresión ha hecho fortuna. Se ha convertido en una especie de santo y seña, de nota distintiva, de DNI imprescindible para cardenales, obispos y curas. Todos entendemos la expresión del papa pampero y lo que quiere decir: los pastores no pueden vivir a su aire, enseñoreándose en su burbuja aséptica e impoluta, alejados del olor (¿mal olor?) que suelen tener los rebaños de ovejas y cabras. El pastor lo es para estar al servicio de su gente. Hasta aquí la interpretación más escueta y espero que correcta de la feliz y mediática expresión del papa. Pero hay algo que me preocupa, o varias cosas, más bien. A veces percibo que estamos clasificando a obispos y curas en dos bandos contrapuestos: los que efectivamente, según la expresión franciscana, huelen a oveja y los que huelen a…. ¡no sé muy bien a qué!, o, tal vez, simplemente los que “no huelen a nada”, sólo a sí mismos: los que tienen las características del H2O: “inodora, incolora e insípida”. Pero tanto trasiego de olores me huele mal. Da la impresión de que algunos de estos pastores han iniciado un proceso -¿real, permanente?- de darse friegas con algún odorizante ovejuno; como si embadurnarse del ungüento mágico fuera actualmente uno de los requisitos para ser pastor, un buen pastor, se entiende. Algunos medios del gremio ya clasifican a obispos y curas según el presunto olor que desprendan. Y, por supuesto, no les duelen prendas en percibir dicho olorcillo en unos o en otros, a partir, claro está, de las siempre presentes ideologías, posturas y posicionamientos, en  distintos campos.

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LLEGA SEPTIEMBRE

Escrito por Fran Caballero.

Es quizá donde más claramente está y donde menos la buscamos. La gente está sedienta de  notoriedad y cambio. De que ocurra algo extraordinario. Parece que si no sucede nada, el día a día se hace inútil y soso. Hay un cierto miedo a volver a la rutina de siempre porque se nos apaga la sorpresa. Creo que no es así. En realidad, uno va descubriendo que la gran sorpresa es cada día. Descubrir en las cosas pequeñas la grandeza de la vida. También en los días en que no pasa nada o no pasa nada notorio. Es más, gracias a los días normales y sin novedad, somos capaces de valorar aquellos otros que se convierten en acontecimiento. Gracias a la simpleza de Sancho, descubrimos el brillo de la utopía en el loco Quijote.

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Con los jóvenes: confianza y cercanía

Escrito por Martín Gelabert.

¿Es posible ofrecer algunas características sobre la religiosidad de los jóvenes de hoy? No de forma genérica ¿Los jóvenes de hoy son más religiosos que los de antaño? Es dudoso. Cuando se trata de temas religiosos, las reacciones son siempre muy personales. Las religiones transmiten ritos, costumbres, doctrinas, modos de pensar y de juzgar. Pero en la fe cristiana, lo fundamental no son los ritos o doctrinas, sino el encuentro personal con el Señor Jesús. Y en esas cuestiones de encuentro, cada uno es “muy suyo” y reacciona de distinta manera.

Además, el encuentro con el Señor Jesús es distinto de los habituales encuentros humanos, ya que se trata del encuentro con una persona que, si bien está muy presente en nuestro mundo, no está ya en el mundo como lo estamos las otras personas. Por este motivo, en el encuentro con Jesús resucitado la mediación del presentador es fundamental. Y el presentador es la Iglesia. De ahí que la pregunta que debemos hacernos como miembros de la Iglesia es: ¿cómo presentar la fe cristiana, cómo anunciar el Evangelio de Jesús, a los jóvenes de hoy?

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Atracción fatal… se vende

Escrito por Manuel Romero.

Encontrar un tesoro o una perla única debe ser todo un acontecimiento en la vida. Como que nos toque el “bote” de la lotería. Sin embargo, la comparación que hoy nos ofrece el Señor nos lleva a preguntarnos ¿qué es lo más importante de la vida frente a lo cual todo pierde valor?

El reino de Dios se va descubriendo a la gente poco a poco. Después de saber que comienza con la escucha de la Palabra, que va germinando poco a poco y sin ruido, hoy nos muestra lo que produce en quien lo descubre: una atracción fatal.

¡Sí, sí! Una atracción tal que hace que todo lo demás pierda su valor. De tal manera que lleva a quien la siente a venderlo todo y a centrarse en la tarea del Reino.

El ejemplo hoy lo tenemos en Salomón. Una vez que reconoce cómo Dios le elige -no siendo el hijo primogénito- le pide un corazón sensato. Y no más. Saberse amado por Dios le basta. Ese es su tesoro; y lo que le lleva a pedirle “un corazón dócil” para gobernar al pueblo. Dios se lo concede porque “no ha pedido vida larga ni riquezas”. ¡Qué sabiduría! Es verdad, porque la vida no es nuestra sino un don de Dios del que no podemos disponer y, las riquezas, cosas pasajeras que no aseguran ni un minuto de vida.

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MIRADA CON LUPA

Escrito por Fran Caballero.

«La oportunidad para la mujer al borde de la calle»

María José Alos y Consuelo Rojo son dos religiosas adoratrices. Son mujeres de juventud madura que quieren vivir al pulso del momento presente. Después de varios destinos, ahora están dando lo mejor de sí en Valencia y Burgos, respectivamente. Manifiestan realismo, pero con más fuerza, esperanza. Siguen, como toda su congregación, al lado de la mujer excluida, marginada o explotada. En las situaciones de máxima debilidad, han descubierto la bienaventuranza que les da vida. Porque –como afirman– es posible un mundo distinto.

¿Qué misión estáis realizando ahora en vuestras comunidades?

María José Alos: Vivimos en una casa pequeña destinada a la acogida de “mujeres víctimas de trata” con fines de explotación sexual. El proyecto acaba de sufrir un cambio. El motivo surge por querer dar respuesta a una necesidad que se nos planteaba en Valencia –pues no existen casas de acogida para “mujeres víctimas de trata” en toda la Comunidad Valenciana–, así que nos arriesgamos para atender las necesidades de estas mujeres.

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Sostenidos por su mirada

Escrito por Manuel Romero.

Tras la multiplicación de los panes y los peces Jesús “obliga” a los discípulos a que se vayan en barca a la otra orilla.

Allí donde no conocen lo ocurrido en la pradera ni el entusiasmo de la gente. Les impide regodearse en un triunfo que no es de ellos sino de Dios. Por eso, es Jesús quien despide a la multitud y se queda solo. En esa soledad que nos queda después de una gran acción pastoral.

Aquellos pescadores vuelven a su elemento; al agua. Y cuando están ya lejos de la orilla y se extiende la noche, acaece un temporal de viento contrario y olas que cimbrean la barca. Es en ese momento, de madrugada -cuando aparecen todos nuestros fantasmas- cuando aparece Jesús y no le reconocen.

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“El programa ya existe”

Escrito por Jesús Garmilla.

Tal vez tengamos que reconocer que la (nueva) evangelización, la transmisión de la fe, la misión “ad extra” o “ad intra”, la Iglesia “en salida” -de la que habla Francisco- “nos trae a mal traer” desde hace mucho. La Iglesia siempre lo ha procurado, en ocasiones lo ha conseguido; otras veces, sencillamente, “ha fracasado”. El mandato de Jesús de “id por todo el mundo anunciando el Evangelio” no es moco de pavo. Es una verdadera “empresa”, una tarea ardua y compleja. Y, no obstante, es siempre -ahora también- improrrogable.

Siempre lo hemos intentado. ¿Qué fue si no la “idea luminosa” de Pablo de inculturar el Evangelio, “tan judío” y circunscrito culturalmente a un pequeño e insignifcante pueblo, en las mentes y los corazones de “los gentiles”? ¿Cuál fue si no, el empeño valeroso y atrevido de Cirilo y Metodio en los pueblos eslavos? (Nos lo recuerda preciosamente Juan Pablo II en su encíclica tan olvidada “Slavorum apostoli”) ¿Y los grandes papas del Medioevo ante los pueblos “bárbaros”‘? ¿Qué pretendieron -aunque fueran torpemente abortados desde Roma- los proyectos inculturadores de los jesuitas Nobili, Mateo Ricci y alguno más, en el más extremo Oriente? ¿Y las conocidas “reducciones” del Paraguay, Brasil y otros lugares del Nuevo Mundo? ¿Y (san) Bartolomé de las Casas, y Montesinos…? Ese fue también el pálpito de Pío XI con la Acción Católica, “la niña de sus ojos”,  el siglo pasado. Y es lo que soñaba Suenens cuando a medidados del mismo siglo XX propuso “poner a la Iglesia en estado de misión”. Y fue, por supuesto, el texto casi insuperable de Pablo VI, “Evangelii nuntiandi”, que nos sacude diciéndonos.: “La tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia… Evangelizar constituye la dicha y la vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar” (EN, 14).

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José Cristo Rey, Consultor de la Congregación de Religiosos

Escrito por Luis Alberto Gonzalo Díez.

Del consejo de Dirección de la Revista Vida Religiosa y Profesor del ITVR
El P. Cristo Rey acaba de ser nombrado consultor de la Congregación de Religiosos. Hasta ahí la noticia o el titular. En realidad, hace mucho que José Cristo Rey es un referente de la vida religiosa. Formado en los años del Concilio, ha vivido y vive el pulso de una forma de seguimiento que se va haciendo en estos nuevos tiempos.
José Cristo Rey tiene la fe inquebrantable e imprescindible para hacer teología. Está fuera de batallas que desgastan el saber y la libertad. Cree en la vida comunitaria y en el poder del signo. Es un gozo vivir con él, trabajar con él, pensar con él, caminar con él. Es un signo de la vida religiosa renovándose, aprendiendo y creciendo en el siglo XXI. Es un hombre mayor que mantiene viva la opción, por eso que «oficialmente» se le siga consultando para diseñar el «por dónde va la vida religiosa y por dónde debe ir» es más que normal, es conveniente y oportuno.
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Más que una foto

Escrito por Luis Alberto Gonzalo Díez.

“Es posible la misión sin competitividad”

La vida religiosa está escribiendo un texto inédito. Ha ido regalando un estar «en medio de» al estilo de Jesús que dará sus frutos. De hecho, los está dando. Ya hay quien experimenta la totalidad, gratuidad y permanencia... sin estructuras. Es algo nuevo, pero es de Dios. Eloy y Mª del Mar, inspirados y formados en la espiritualidad claretiana, dedican su vida a la solidaridad en Tánger, en el Hogar Lerchundi. Se han convertido en pedagogos que los jóvenes entienden. Se puede dar todo por Dios y ser feliz. Hemos estado con un grupo de ellos que han llegado a Tánger desde Canarias, Málaga y Sevilla, para escuchar una parábola...

Laicos con carisma intercultural

No es cierto que la vida religiosa esté desapareciendo. Quizá desaparezcan algunas formas. Sin embargo, la fuerza de los carismas está adquiriendo una vitalidad nueva y, por ello, insospechada. Un grupo de jóvenes en torno a dos laicos comprometidos con un carisma, el claretiano, en un contexto de misión intercongregacional e intercultural, Tánger, nos dan pistas de por dónde va el Espíritu.

Hacía tiempo que Vr quería estar en el Hogar Lerchundi. Un sitio más dentro de Tánger que evoca solidaridad y amor gratuito. Lo primero que llama la atención es que el peso de la estructura es ligero, tiene peso el signo y los ritmos de la vida que asumidos y compartidos, son la organización. Ésta es una noción nueva de vida religiosa que se desprende de quienes, con poca historia, albergan en su corazón la necesidad de estar en medio del mundo, como el que sirve... Solo como el que sirve.

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