Haití

Hoy hace un año y lo olvidado sale a la luz gracias a los medios. El terremoto sigue haciendo daño aunque la tierra ya no tiemble. Y el clamor es común: la ayuda internacional no llega.

Ayuda comprometida hace tiempo, en el tiempo de las prisas y las buenas voluntades, en el tiempo de los votos. Pero ya pasó y se olvidó y ya no vende y la crisis y si “estamos aquí también muy mal” (que se oye, tristemente, no pocas veces)…

Pero una cosa es la ayuda internacional (de los Estados) y otra la de las instituciones o ONG´s que siempre estuvieron sobre el terreno. Y dentro de esas ONG´s muchas de Iglesia, muchísimas. Haciendo lo imposible con lo pequeño, con cifras no demasiado grandes que brotaron de la generosidad de las personas. Y trabajando codo a codo, allí, viviendo como la gente vive. 230.000 personas fallecidas (muchas aun desaparecidas o no contabilizadas) y 800.000 viviendo en precarios campamentos, y el cólera.

Y ayer fuimos a montar una exposición sobre África, organizada por REDES Vigo (www.africacuestiondevida.org)  a un colegio de infantil de Vigo. Una exposición gratuita para el cole, con cuentacuentos africanos (y sin papeles) gratuitos (a los que se les da 60 euros por el trabajo de la mañana, del dinero de la campaña). La intención es sensibilizar sobre los valores positivos de África y de sus habitantes. Y una profesora encantadora que decidió que sería bueno para toda la comunidad educativa y así lo propuso al centro.

Y al llegar, dos voluntarios, nos encontramos con dos profesoras que nos preguntan qué venimos a hacer. Y nosotros se lo contamos a grandes rasgos. Y ellas que “muy mal”, que las ONG´s nos quedábamos con un 90% del dinero y enviámos un 10%. Y que cuánto costaba todo aquello, y que ellas no iban a llevar a sus niños,y mil historias más… La profesora encantadora avergonzada y sin saber cómo disculparse con nosotros. “Tranquila, estamos acostumbrados”. Pero lo cierto es que a estas cosas nunca te acostumbras y te da tristeza (Bienaventurados cundo os insulten…). Y Haití sigue ahí, hoy rezando sobre las ruínas de la antigua catedral y en otros muchos lugares… Y hombro con hombro trabajando muchos y los Estados sin reaccionar, pero no confundamos.

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En rebajas

Este mundo del consumo está muy bien pensado. Parece mentira esta afirmación pero es de una certeza admirable. Los que negocian con nuestros sentimientos saben muy bien lo que se traen entre manos. Porque se trata de eso: un negocio de sentimientos. Apelan a lo insaciable de lo que somos para poder seguir creciendo económicamente.
Nunca nos hablan de la calidad o de la necesidad que nosotros tenemos de tal o cual producto, simplemente nos lo meten por los sentidos para trasladarnos al mundo de la ensoñación y desde ahí jugar.
El colmo de todo ello (un ejemplo muy tonto, hay más) es la venta de perfumes o esencias. En su publicidad es imposible que nos hagan percibir a qué huele (todo llegará), pero nos hablan en el lenguaje ensoñador de la atracción, del glamour, del saber estar, o de la transgresión, según estudios de mercado. Y lo consiguen.
Es un ejemplo tonto (lo repito) pero con todo se procede mismo modo. El querer insaciable se pone en juego y el “siempre más” actúa con una celeridad increible. Poner freno no es sencillo, decir que no necesito es casi algo heroico, el nadar contracorriente desgasta… Pero quizás sea un camino muy evengélico, aunque la carne es débil y la nuestra también.

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La estrella

Después de la noche de Reyes (mejor de Magos) y en este día, día lluvioso y ventoso en este rincón de Galicia, sigo mirando al cielo… Ahora solo veo nubes negras, literalmente, pero sé que detrás de ellas hay un universo casi incomensurable. Y en la oscuridad de la noche descubro millones de estrellas, a pesar de la contaminación lumínica. Sé que algunas de ellas desaparecieron hace millones de años, pero su luz sigue llegando a nosotros generosa y viva.

Una de esas estrellas fue la condujo a los tres Magos por los caminos de sus vidas buscando algo indeterminado pero hermoso. Luz entre luces, punto casi milimétrico visto desde aquí, pero con un poder enorme: el poder de movilizar la existencia hacia algo (o alguien) distinto a nosotros mismos.

Y mirando a mi alrededor descubro que nos faltan estrellas que nos saquen de la monotonía de las seguridades y de los planes preconcebidos cuasi-empresariales en los que nos movemos. En la Iglesia puede que ya hayamos bajado los ojos hacia el suelo y que nos cueste elevar la vista más allá de nuestras huellas (“que bonitas son estas pisadas, que bonito lo que hacemos… y cuenta, mira cuántos somos”).

La ventaja de las estrellas es que no pertenecen a nadie, simplemente señalan caminos inexplorados o poco transitados. Son pequeñas vistas desde aquí, pero con su luz navegan libres, por eso el Principito no entendía cómo el contador de estrellas las podía tener en propiedad. Las estrellas son sueños. La de los Magos (una para todos, comunidad) llenó y cambió sus vidas. Las nuestras siguen brillando en algún lugar, allá arriba, esperando a que las elijamos y las sigamos, sin seguridades, pero soñando, siempre soñando. Las estrellas son sueños y los sueños evangelio y el evangelio… Y el evangelio es el sueño de Dios, su estrella. Por ahí arriba tiene que estar, seguro.

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La nueva Ley

Llena las tertulias y las palazas públicas durante estos nuevos días del año, pero pronto pasará como tantas otras nuevas noticias. Lo cierto es que la ley antitabaco nos lleva por los vericuetos del maniqueísmo, de los buenos y de los malos.  Todo lo que sea “anti” tiene un mal comienzo y más cuando afecta a las personas. Me imagino que el no fumar en lugares en los que convives con otros es bueno (y lo dice un fumador), que es mejor para todos. Pero el problema, creo,  está en la insistencia que pone el gobierno en que los mismos ciudadanos ejerzamos de policías denunciantes y ambulantes. Y aquí entra con toda su fuerza la tan denostada casuística: metros que distan de los lugares prohibidos al mal hábito del pitillo (¿Quién los mide a ojo de buen cubero?), si la terraza del bar es terraza cuando solo tiene dos paredes y no tres, si en un estadio de fútbol abierto se puede fumar por qué no en un andén de tren también abierto… Y al acecho esos ciudadanos/as que se vigilan mutuamente y, en algunos casos, cainítamente. Como en las pelis de vaqueros clásicas están los buenos y los malos, pero lo peor es que ahora hay mucho sheriff suelto. Lo curioso es que en esta España cañí se sigue premiando a los que hacen la trampa porque son más listos que los demás y ahí nadie denuncia nada. Si me cuentan que defrauda a hacienda le pregunto cómo lo hace para intentarlo yo. Si hacen un contrato abusivo nos congratulamos. Si aparca en una plaza de minusválido nos parce un poco peor pero no solemos decir nada. Si el perrito defeca en la calle y el dueño/a sigue andando como si nada pasara lo miramos de reojo pero poco más. Si el perrito ahora va al parque infántil y se mea en la tierra que comen, inexorablemente, los niños, no nos atrevemos a pedir que se vaya el bicho canino porque el dueño nos dice que el perro es más limpio que nosotros y que su hijo también está jugando en el parque. Y no digamos si alguien especula, fenomenal!!!

“La vida es así” y todos contentos, o no.

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“Alégrese el cielo y goce la tierra”

En la Eucaristía de hoy de las 9 de la mañana (esa eucaristía diaria que va dejando huellas indelebles de mesa compartida) me topé con el salmo responsorial. El lector no le regaló demasiado énfasis y la asamblea no pareció percibir la grandeza de estas palabras: “Alégrese el cielo y goce la tierra”.

Pero en ese momento, cerca del silencio del sueño roto hacía solo hora y media, dibujé en mi cabeza imágenes relacionadas con un admirable intercambio que se produce con la encarnación.

Surgieron los seres alados, trazados de manera infantil, felices y despreocupados. Los muertos que viven y que nos precedieron en la fe, los conocidos (ya hay bastantes) y los desconocidos, que también nos son cercanos. Aquellos que lavaron su manto en la Sangre del Cordero, una multitud incontable (hay muchas moradas en la casa del Padre). Y aquellos que sin demasiado ruído (son los mas) vivieron su fe de manera sencilla y cotidiana, desgranando la Buena Noticia en lo pequeño. Y todos en zapatillas, sin abismos insalvables, aquí al ladito. Es lo que tiene la imaginación mañanera.

Y en la tierra el goce unido a la alegría del cielo o viceversa, que tanto da. Otra vez sin distancias vinieron a la pequeña capilla, en torno al altar, los seres inanimados que con su ánima imperceptible dialogaban, con palabras que venían de los siglos profundos, de los momentos en que el Espíritu sobrevolaba, jugando, las aguas turbulentas del comienzo. Y los seres animados (muy animados) festejaban el banquete común que se abrió a todos los pueblos, aunuciado desde antiguo por los profetas. Banquete inciado por la carne de Dios enamorada de lo suyo y palpando ya todo lo que significa “tierra”, y que antes veía desde una cierta lejanía. Y el niño Dios comenzando a sentir el frío, el calor del regazo de su Madre (en mi tierra se llama “colo”, palabra preciosa y redonda como el seno materno), el sabor templado de la leche y el gozo de sentirse vivo con una nueva vida (o continuación de la otra) que se llenaba de sensaciones recién estrenadas, solo antes soñadas en la comunión de Amor.

Alegría y gozo cósmicos, unión de tiempos y de espacio dilatado, ya sin fronteras. Y todo esparcido en pequeños trocitos, alrededor del altar, por los bancos y fuera de las puertas de la iglesia, sobre todo fuera de las puertas de la Iglesia.

Y ésto en lo que dura un salmo el último día del año…

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Esta crisis…

En Navidad parece que se nota un poco mas. Los despidos duelen más profundamente y las personas que se quedaron o quedan sin empleo están más cabizbajas.

Esta injusticia radical de los sistemas financieros que comercian con la nada, jugando a ser dioses, acaba con la ilusión y con la esperanza de muchos. Los malabares de las cifras astronómicas nos superan, pero hay personas detrás de ellas que, con su egoísmo, explotan y depredan. Ya no hay transación de bienes o movimientos económicos reales (que se puedan tocar) o plusvalía… Marx ya no se entera de nada y los viejos sistemas aparecen boquiabiertos y apabullados. Los Estados no son nadie (meros parcheadores que intentan aparecer como controladores de la situación) y no pueden nada.

Y en lo pequeño o local otras personas aprovechan para hacer ERES (no todos) y limpiar la casa de la empresa para reducir costes y seguir ganando más de lo debido (lo “debido” se convierte en un adorno irrisorio dibujado en los códigos éticos de algunos). Y se deslocaliza y se privatiza y se exige vivir para y por la todopoderosa empresa sin saber si se va a cansar de ti.

Y en medio de todo los recortes sociales, no podía ser de otra manera, siempre pagan los mismos. Y no protestes porque eres insolidario. El mito del estado del bienestar y del progreso (que estaba muy presente en la DSI) se viene abajo tal como vino. Y ahora nos hablan de austeridad los que tienen cuentas en Suiza y los que están en los Lobbies despóticos de intereses ombligueros: “Hay que apretarse el cinturón”, cuando ellos ni siquiera lo llevan puesto.

Y el banco ya no te da crédito, cuando antes, si pedías la hipoteca, te metían por los ojos otro para el coche o la tele de plasma o para las vacaciones, “por un poco más no te preocupes, el pago ni se nota”.

Y los que por aquí pasan, sin trabajo, cada vez están más cabizbajos y faltos de esperanza. Y no saben responder a los por qués de sus vidas… y yo tampoco.

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La Sagrada Familia

Parece que esto de la familia es el leitmotiv preferido por muchos a nivel intraeclesial. Se utiliza como arma arrojadiza y, no pocas veces, como argumento de confrontación: “Nosotros somos así y vosotros no, todos debéis ser como nosotros”.

Pero si hacemos una lectura de lo que fue la familia de Jesús, en el siglo primero mediterraneo, descubrimos que el modelo (dejando de lado las “florecillas” románticas y apologéticas) es, cuanto menos, curioso: Mujer joven, ya comprometida con un hombre, que acepta la palabra de un ángel sabiendo que la vida se le complica mucho, con la posibilidad cierta de lapidación (que es Ley de Dios), sin saber muy bien qué significa todo aquello; varón que opta por renunciar a su honor (lo único que tiene) y a ser menospreciado por los demás porque sueña con un ángel; niño: Dios encarnado, humanidad divinizada, plenamente; nacimiento fuera de lo “normal”, en un pueblo extraño (para uno de los cónyuges) y en un establo, todo por una orden imperial que quiere contabilizar para tener más control sobre la población; salvado de la muerte por un ángel de las manos de un reyezuelo temeroso de su pérdida de poder (otros no corrieron la misma suerte); emigrantes en un país extraño con costumbres distintas; de clase baja (trabajadores manuales con cierta independencia económica, pero viviendo al día, “danos el pan de cada día”)… Y cuando crece Jesús complica más las cosas (o las simplifica, no sé). Amplía la noción de familia más allá de sangre (algo inaudito para aquella sociedad): “Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica”. Que opta por hacerse eunuco por el Reino, dejando de lado su honor y la ley de Dios que daba los hijos y que eran la única herencia y la gloria del pueblo elegido. Que rompe el concepto de puereza e impureza en el que se basaba la religiosidad y el funcionamiento social (todavía en nuestros tiempos); el “dime con quien andas” en Jesús resultaba (resulta) absolutamente escandaloso…

Y podríamos seguir con muchos más ejemplos. La “Sagrada Familia” nos puede enseñar muchas cosas todavía, muchas…

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Silent night

No me gustan demasiado los anglicismos, más bien no me gustan nada, pero creo que esta “Noche silenciosa” es más que acertada para hoy.

Los de este Estado en el que vivimos somos más festivaleiros y los villancicos son más moviditos. Hablan de los calzones de San José, de los peces, de ratones, de chocolate (como el post anterior) y de las campanas… Pero hoy es una noche para el sielncio que recrea aquel gran silencio de la noche en Belén.

Solo las estrellas y los pastores. Lo gemidos de una madre que da a luz en un establo insalubre porque “no había sitio” (la cosa no empezaba bien). La admiración del cielo y de la tierra, los ángeles felices y los seres humanos asombrados… Y rodeándolo todo ese silencio audible.

Os regalo esta foto, también silencio.

Una virgen feliz de pelo rizado que le baja despreocupado por la espalda. Una madre que contempla con dulzura y con las mejillas sonrojadas (“iso é saude”, diría mi abuela) al fruto que salió de sus entrañas y que es el amor entrañable (de “entraña”) de Dios. Y ese niño feliz, también de pelo rizado, que juega con el manto asombrado de la madre asombrada. Feliz hasta los tuétanos, disfrutando del silencio nuevo que todo lo rodea, acariciado por las manos de la madre que recogen la gloria de Dios en carne débil y hermosa.

Tiempo de silencio, aunque sea sólo un poquito, en esta noche santa para nosotros…

Feliz Navidad

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Chocolate

A 22 de diciembre, en el día de la lotería, en la antífona del “Oh Rey”, a las ocho de la mañana, fumándome un pitillo en la ventana de la cocina de mi comunidad, desayuné chocolate.

Ya sé que no es muy profundo, ni tiene un significado trascendental (ni falta que hace), pero fue una alegría y una nube de recuerdos. Una de esas nubes preciososas que nos transportan al más allá de lo cotidiano sin despergar los pies de las baldosas.

El chocolate en cuestión había sobrado de la celebración de Navidad del día anterior de la Confer Tui-Vigo. La cierto es que no asistí a dicha celebración porque estaba metiendo cartas de niños apadrinados en Perú y Bolivia, para sus respectivos padrinos y madrinas, cartas que hacen navidad.

Pero hoy la sorpresa fue grande. Lo inesperado, en un termo que alguien de mi comunidad había calentado (el Hermano Antonio, gran persona de lo diminuto), salió a mi encuentro (o yo al de él) para hacernos uno en un vaso. No es gran cosa, ya lo sé, pero ese gesto sencillo me agarró y me llevó de la mano a otros años en los que el soñar era sencillo y la realidad estaba poblada de cercanías y la capacidad de sorpresa a flor de piel. Un tiempo en el que las Navidades se esperaban con ansiedad feliz, palpable. Donde el Belén de mi casa, también diminuto como la vida de Antonio, nadaba en musgo y serrín, con su río de papel de plata. Y en ese río yo veía a los peces, como no, cantando y los oía. Y en el pequeño portal veía la grandeza de lo minúsculo, la sorpresa de lo repetido con novedad recién estrenada, ese niño que balbuceaba sereno y con regocijo.

Y allí me quedé saboreándolo: el chocolate, el pitillo, la ventana, el Belén y ese Rey que no es rey, que es niño recién nacido, saboreado y sabroso…

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Despedidas

Hoy despedíamos en mi comunidad parroquial a una familia de brasileños que habían llegado a nuestras tierras hacía ya cuatro años. Ellos son Urbano, Shirlaildie, Cayo y Maria Xulia.
Los dos últimos, niños de 10 y 4 años respectivamente. El matrimonio de 39 y 38 años.
Con ellos compartimos vida y fe durante este tiempo. Mucha vida y mucha fe.
Vinieron buscando un futuro mejor y no lo encontraron. Dejaron atrás a la familia, a los amigos, a la tierra y encontraron una inestabilidad laboral: él en una empresa auxiliar de automoción y ella de camarera en un restaurante.
Fue pasando el tiempo y los contratos y los arreglos de papeles y la vida se fue llenando de nuevos rostros y de nuevos nombres.
Y ahora, llegó el momento de volver a su país porque las oportunidades en Brasil son ahora mejores que aquí.
Hoy nos alegramos y nos entristecimos con ellos en la celebración dominical. El anuncio del Enmanuel nos llegó en un tiempo también preñado de esperanza y de dificultades, como en la lectura de Isaías. Ellos no piden signos a Dios como el despótico rey Acaz. Ellos se fían (siempre se fiaron), como Abraham, de la capacidad que Dios tiene para guardarlos como a las niñas de sus ojos.
Y el signo que se dibuja es igual de frágil como el de la joven que está encinta en el periodo belicoso de Isaías.
La fragilidad de un futuro incierto, de volver a su tierra sin herencia, pero cargados de nombres y de cercanía desde aquello que parecía el dorado y que no lo fue.
Fracaso ilusionado. Renacer, volver a ponerse en camino. Esta crisis producida por los especuladores nos resitúa y nos redime. De alguna manera nos redime, no sé.
Muchas gracias a los cuatro, ahora también tenemos un hogar en Brasil

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