1+1=1

En un contexto de controversia, con una pregunta trampa de los fariseos. ¿Está permitido a un marido repudiar a su mujer?. Jesús no responde fácilmente sino que, una vez más, se dirige a lo esencial, a lo primigenio. No abre el libro de recetas sencillas y concretas, sino que deambula por lo que hace volver la vista hacia lo sencillamente complejo que es el sueño de Dios.

Los creó hombre y mujer para que fuesen una sola carne. Ese 1+1=1 que rompe las coordenadas racionales y que solo el Dios de la vida pudo dibujar antes de la creación del tiempo. Esa complementariedad que no anula sino que enriquece, ese amor sin límites, en el que no cabe la racanería o el cálculo de probabilidades. Todo tan hermoso, meta de todos los seres humanos y anhelo íntimo de los corazones.

Pero cuando la carne se rompe y se vuelve a transformar en dos hay que ser misericordiosos, como el Padre es misericordioso. estoy cansado de oír juicios de valor, más o menos explícitos, en torno a situaciones de ruptura en el seno de la Iglesia. No sé si ha de primar el juicio o la comprensión (sí lo sé, pero bueno). Ya hay bastante dolor en la ruptura de lo soñado, en el resquebrajamiento de ese proyecto vital, en el fracaso de la esperanza como para abrir más la herida y echar la sal insensata que acrecienta el sufrimiento. Acompañar, discernir, ponerse en su lugar (en el de ambos) y, sobretodo, estar.

La carne rota, cuando una vez fue una, es frágil y es sagrada. Ojalá que el 1+1=1 siga siendo posible después de la ruptura.

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