Silent night

No me gustan demasiado los anglicismos, más bien no me gustan nada, pero creo que esta “Noche silenciosa” es más que acertada para hoy.

Los de este Estado en el que vivimos somos más festivaleiros y los villancicos son más moviditos. Hablan de los calzones de San José, de los peces, de ratones, de chocolate (como el post anterior) y de las campanas… Pero hoy es una noche para el sielncio que recrea aquel gran silencio de la noche en Belén.

Solo las estrellas y los pastores. Lo gemidos de una madre que da a luz en un establo insalubre porque “no había sitio” (la cosa no empezaba bien). La admiración del cielo y de la tierra, los ángeles felices y los seres humanos asombrados… Y rodeándolo todo ese silencio audible.

Os regalo esta foto, también silencio.

Una virgen feliz de pelo rizado que le baja despreocupado por la espalda. Una madre que contempla con dulzura y con las mejillas sonrojadas (“iso é saude”, diría mi abuela) al fruto que salió de sus entrañas y que es el amor entrañable (de “entraña”) de Dios. Y ese niño feliz, también de pelo rizado, que juega con el manto asombrado de la madre asombrada. Feliz hasta los tuétanos, disfrutando del silencio nuevo que todo lo rodea, acariciado por las manos de la madre que recogen la gloria de Dios en carne débil y hermosa.

Tiempo de silencio, aunque sea sólo un poquito, en esta noche santa para nosotros…

Feliz Navidad

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