Aunque es de noche

El evangelio de este domingo nos habla en la clave apocalíptica de los tiempos finales: guerras, traiciones, conflictos, muerte… entremezclados con mensajes de esperanzada confianza: no os asustéis, yo os daré palabras llenas de sabiduría, no se perderá ni un solo cabello de vuestra cabeza… Todo al mismo tiempo entretejido en paradoja.

Esto me hizo pensar en el poema de S. Juan de la Cruz envuelto también por la voz de Rosalía (otra paradoja). En este poema se encierra todo el conflicto maravilloso que vivimos: la ceguera y la luz, el ir a tientas y el oír el murmullo de la Fuente, el ver a Dios y, al mismo tiempo, saber que nos equivocamos.

Felices los que saben vivir en medio de esta incertidumbre bella. Felices los que saben que muchos se quieren hacer pasar por el Mesías y que rascando un poco se ve su piel de lobos. Felices los que, entre el barullo, saben escuchar el murmullo atenuado del agua. Felices los que siguen buscando el tesoro y la perla y la moneda y la oveja, porque ya han vendido todo lo que podía comprar a Dios y a los otros.

Aunque es de noche vemos a tientas.

Publicado en Sin categoría | Deja un comentario

Creer en la resurrección

Los saduceos no creían en la resurrección… esta es la afirmación de principio que desencadena todo el discurso de Jesús.

No es una descripción clara de lo que significa estar resucitado, pero en ello no puede haber mayor claridad.

Nos encantaría que Jesús nos hubiese dado toda suerte de descripciones de lo que va a ser nuestro final y nuestro comienzo. Nos gustaría conocer, con pelos y señales, ese «cómo».

Pero lo fundamental es la descripción que él hace del Padre y de nosotros en referencia a Él: «Dios es un Dios de vivos». La Vida extendida entre un antes y un después. La Vida que continúa tras el breve paréntesis de la muerte. La Vida que se desliza por el continuo del amor que es comienzo siempre nuevo.

No somos inmortales, somos eternos en el regazo de resurrección de nuestro Dios de vivos. Aquí y allá

Publicado en Sin categoría | Deja un comentario

Lo imposible de una presencia

Zaqueo era curioso.

Algo se le movió dentro cuando escuchó un buen día que por su pueblo iba a pasar Jesús. No sabemos qué resorte se activó en sus entrañas pero se encaramó a un árbol para poderlo ver, aunque fuese de manera fugaz.

Nunca se podría haber imaginado que aquel profeta se fuese a fijar en él. Un ser indigno de su mirada. En ese momento el corazón le dio un vuelco, como aquel otro día del amor primero o como cuando vio por primera vez el mar.

En el momento en el que escuchó su nombre ya fue lo imposible. Imposible tras imposible se descubrió, sorprendido, en su propia casa, en su mesa, en su alma.

El momento, después de mucho tiempo (quizás el primero de su vida), en el que la intimidad se le hizo real. Su nuevo nacimiento, su bautismo sin agua pero sí con Espíritu, su verdad: daré, devolveré…

Disfrute… Y no hubo más y lo hubo todo de manera inédita. Lo imposible de una presencia.

Publicado en Sin categoría | 1 comentario

Santos y difuntos

En medio de disfraces de monstruos y calabazas, de colores ocres en muchos árboles y atardeceres que se van adelantando en minutos, nos encontramos, sin saber muy bien cómo, con nuestros seres queridos fallecidos y con la compañía de los santos y santas anónimos.

Es una sensación agridulce, entre la ausencia y la presencia. Entre la paz profunda y un desasosiego que inquieta las profundidades de nuestras entrañas. Entre la certeza de lo caduco y la eternidad de los amores.

En todo ello está el Dios de la Vida que se manifiesta y se oculta al mismo tiempo. También descubrimos a ese Jesús de duelo con lágrimas por Lázaro y a ese otro de palabra que hace añicos a la muerte todopoderosa: «Tu hijo no está muerto, está dormido».

Silencios y palabras. Vida y muerte. Tristeza y alegría. Todo entrelazado en la mezcla maravillosa de lo que somos y seremos, de los que fueron y son.

Publicado en Sin categoría | Deja un comentario

La comparación odiosa

El evangelio de hoy es un cuadro vivo de lo que significa el dicho: «las comparaciones son odiosas». 

Jesús descubre con su mirada profunda aquello que está oculto para la mayoría de nosotros. Las sutilezas que marcan la diferencia, también en el corazón de Dios. 

Dos personas que realizan una acción exterior en un lugar común, el Templo. Dos personas que, a primera vista, no tienen nada de especial. 

Entre la multitud el Nazareno logra una descripción de eternidad en medio de lo irrelevante. 

El justo y el pecador. Estereotipos que hoy siguen vigentes entre nosotros pero que se hacen añicos con unas frases. 

La conclusión: uno sale justificado (en el perdón) a los ojos de Dios y el otro no, porque no necesita a Dios, se basta consigo mismo. 

Uno pide menesteroso. El otro se exhibe desplegando sus galas morales en contra de los demás. Y, lo que es más grave, queriendo ser portavoz de la voluntad de Dios, de su querer. 

Y el Padre, que ve en lo escondido, nos regala la belleza de volver a entendernos como seres necesitados, como hermanos y no como competidores que arrojen comparaciones odiosas de pretendida superioridad… De esto hoy estamos también muy necesitados. 

Publicado en Sin categoría | Deja un comentario

La comparación odiosa

El evangelio de hoy es un cuadro vivo de lo que significa el dicho: «las comparaciones son odiosas».

Jesús descubre con su mirada profunda aquello que está oculto para la mayoría de nosotros. Las sutilezas que marcan la diferencia, también en el corazón de Dios.

Dos personas que realizan una acción exterior en un lugar común, el Templo. Dos personas que, a primera vista, no tienen nada de especial.

Entre la multitud el Nazareno logra una descripción de eternidad en medio de lo irrelevante.

El justo y el pecador. Estereotipos que hoy siguen vigentes entre nosotros pero que se hacen añicos con unas frases.

La conclusión: uno sale justificado (en el perdón) a los ojos de Dios y el otro no, porque no necesita a Dios, se basta consigo mismo.

Uno pide menesteroso. El otro se exhibe desplegando sus galas morales en contra de los demás. Y, lo que es más grave, queriendo ser portavoz de la voluntad de Dios, de su querer.

Y el Padre, que ve en lo escondido, nos regala la belleza de volver a entendernos como seres necesitados, como hermanos y no como competidores que arrojen comparaciones odiosas de pretendida superioridad… De esto hoy estamos también muy necesitados.

Publicado en Sin categoría | Deja un comentario

Cuerpo que se deja comer

En la fiesta del Corpus muchas calles se llenan de flores y la custodia recorre los pueblos y ciudades como paseando en Galilea.

Todos los sentidos se ponen en juego y se recrean, salvo el más fundamental que es el gusto.

Nuestro Dios es fundamentalmente comida. Alimento palpable y cotidiano (el pan nuestro de cada día y el vino generoso que alegra la fiesta sin estridencias). A veces, nos olvidamos de que el banquete es la herencia preciosa que nos ha sido regalada.

Pan y vino que contiene la vida de Dios para nuestras existencias. Siempre en común, ligadas por los lazos de una esperanza de millones de rostros y anhelos. Todos distintos y todos fraternos en un Pentecostés de manteles y palabras que van más allá de las nuestras. Tiempo hermoso de disfrute sencillo, sin grandes alardes gastronómicos, sin las complicaciones de la alta cocina, sin juicios de críticos que creen saber más que los demás.

Un banquete abierto, una invitación de caminos y cruces. Un lavatorio diario que nos recuerda lo esencial de dejarse comer y de partirse por los demás.

No es una representación teatral o una sacralidad inalcanzable por su pureza. Es la condensación de la Vida en las nuestras. En pequeños trocitos que salen del Amor que se deja comer.

Publicado en Sin categoría | Deja un comentario

Huésped del alma

Llegamos a la Pascua del Espíritu. Al gran protagonista discreto que nos suele pasar desapercibido.

Llegamos al comienzo de nuestra historia, al presente sencillo y al futuro distinto.

Llegamos, después de cincuenta días de encuentros resucitadores, a la posibilidad de hacer nuevas todas las cosas. A Aquel que nos hace gemir de esperanza en el anhelo que es aliento.

El Huésped que hay que acoger y que va a donde quiere. La libertad liberadora que está por doquier y en ningún sitio. El transeúnte de la paz y del gozo. Quien hace capaces a los amantes de buscar el encuentro y nos da sed de ese agua que sacia lo profundo.

Pone todas las cosas al revés y nos trastoca la existencia que creíamos realizada. Alma, hálito, aliento… todo en el cuerpo frágil y bello que media lo divino, como ya lo había hecho en el Hijo.

Nacer del Espíritu. Nacer nuevos a pesar de los años y las fatigas. Ilusión de niño y de poeta. Portador de amaneceres y de estrellas. Belleza que nos sorprende en un pétalo, en una gota, en una sonrisa o en la mano temblorosa que ya gobierna la enfermedad.

Huésped del hálito. Uno en nosotros y pluralidad bendita. Más allá de las instituciones y atravesándolas hacia lo arriesgado verdadero.

Justicia de misericordia y de invitación a la casa del pecador que es buena noticia.

Amor dilatado y concreto, tierno y empeñativo. Azucena.

Ven Huésped y sana las heridas del egoísmo y la discordia. Ven

Publicado en Sin categoría | Deja un comentario

Id y anunciad

Llegamos a la fiesta de la Ascensión que también es la fiesta del envío. Es la antesala de la gran Pascua del Espíritu que hace eficaz el empeño de anunciar la Buena nueva a toda la creación.

Los signos de los que nos habla Jesús parecen fantásticos y son utilizados por algunos grupos fundamentalistas (también los hay católicos) como pruebas irrefutables para someter voluntades y conciencias.

Jesús va por otro lado. Son acciones de bien que liberan a las personas, no motivos para engrandecer a los portadores del Evangelio («Sabía que lo querían proclamar rey»).

Suelen ser signos sigilosos y constantes de cuidado y de entrega de la propia vida. Equívocos, como los mismos milagros de Jesús.

A veces, el anuncio a toda la creación se restringe a un solo lugar sin necesidad de hacer miles de kilómetros. Se hace en lo escondido de una casa con un enfermo a su cargo, o en el silencio de un claustro que contiene en si toda la vida del mundo, o entretejido en la vida de unos ancianos que ya pueden poco pero que son esencia, o en la impotencia de un hijo atrapado en las redes de las drogas…

Ellos cogen serpientes en sus manos que a veces les muerden. Hablan la lengua nueva de la ternura y la donación. Curan imponiendo manos frágiles y temblorosas. Echan el propio demonio de construirse a sí mismos. Beben el veneno mortal de soledades e incomprensiones… y millones de signos más que son anuncio gozoso y sin aspavientos de que la resurrección se vive parcialmente aquí y ahora. Ellos creen.

Publicado en Sin categoría | Deja un comentario

Os llamo amigos

Cuando intentamos describir a Dios nos solemos perder en conceptos complicados que poco dicen. Suelen ser abstractos como si Dios fuese los números y operaciones matemáticas de los pitagóricos.

Otras veces nos adentramos por el camino relacional (algo mucho más acertado), pero no acabamos de encontrar los símiles adecuados.

El evangelio de hoy nos da una clave hermosa: «Ya no os llamo siervos, os llamo amigos».

Al hablar de amistad con Dios se nos va encogiendo el alma, como si sintiésemos la indignidad de una relación no merecida. Decimos que no estamos a la altura, que Dios no puede ser tan cercano. Nos da miedo porque quizás prefiramos la distancia fría que no exige reciprocidad gratuita o gestos de cariño concretos.

La clave que rompe todo alejamiento es la de la elección de amor que Dios hace primeramente. No lo elegimos nosotros como amigo, él nos elige. Ante esto se asombra nuestro ser más profundo contemplando el abismo de generosidad que nos quiere volver a separar. Pero no depende de nosotros. Ya está dado. Sin méritos, sin prebendas. En la desnudez de una relación que no cumple sino que se fragiliza amorosamente.

Publicado en Sin categoría | Deja un comentario