LA NOCHE

Si hay un lugar de contradicción, de contrastes, de extremos…Si hay un tiempo que es a la vez corto y largo, denso y efímero, doloroso y gozoso…esa es la noche. Hay noches oscuras y noches claras. Hay noches que brillan, que deslumbran y noches que ahogan, asfixian. Hay noches que resultan cortísimas, y noches que se hacen eternas.
En el Evangelio constatamos que suceden muchas cosas de noche; algunas muy importantes. En la vida de cada uno de nosotros sucede lo mismo. La noche se convierte en ese espacio y tiempo en que se crece, se ama, se abraza, se sueña, se llora, se vive, se ríe, se goza…se sufre…se muere.
Hoy, en mi recuerdo y oración, hago presente una de esas noches. Justo hoy hace dos años. No os podría decir si fue larga o corta; tampoco recuerdo si fue llena de luz o de intensa tiniebla. Sólo sé que era de noche. No sé si hubo paz y sosiego o me llené de inquietud y nervios; si hubo prisas o todo sucedió con calma. Sólo sé que era de noche. No sé si lloré más que abracé. Si recé más que pregunté. Sólo sé que era de noche. No sé por qué llamó aquella noche. Sólo sé que quien llamó fue Dios. Y lo hizo como lo hace todo: a su tiempo. Y era de noche.
Gracias Señor, por la noche. Pero sobre todo, gracias por la luz del amanecer.

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