Una gestora de inversiones común

Como Martin Luther King en su discurso famoso (“I have a dream”), yo también tengo un sueño para la administración de los institutos religiosos. Sueño que la Confer (Conferencia de Religiosos) se decide a organizar una gestora de inversiones para ponerse al servicio de los institutos religiosos, grandes y pequeños. No se trata de crear nuevos fondos de inversiones sino de gestionar los recursos financieros de los institutos como una unidad.

Se trata, primero de todo, de que los institutos pierdan esa desconfianza que siempre nos hace mirar primero y exclusivamente por lo mío –en este caso lo nuestro, lo de cada instituto– y asumamos el riesgo de unirnos todos para ser una única fuerza ante el mercado. Estamos hablando de una gestora que gestionaría muchos millones de euros y que tendría una presencia significativa en el mercado.

Sueño con que esa gestora asumiese unos criterios éticos fuertes y rigurosos (parecidos a los de la Conferencia de los Obispos de Estados Unidos que se pueden ver en este enlace) y que, con ellos en la mano, se dirigiese a los diversos bancos y sociedades gestoras y creadoras de fondos de inversión exigiéndoles la creación y desarrollo de fondos de inversión que estuviesen acordes con nuestros criterios.

Sueño con que esa gestora tuviese el poder suficiente –y eso en este mundo no se logra más que acumulando capital, acumulando el capital financiero de los institutos religiosos– para no sólo ser partícipe de diversos fondos de inversión sino también para entrar en los consejos de administración de fondos y directamente de empresas y poder desde allí imponer que se asuman nuestros criterios en el funcionamiento y desarrollo de la actividad de esas empresas, desde el respeto al medio ambiente hasta la promoción de los derechos de los trabajadores.

Sueño con la posibilidad de utilizar nuestros recursos económicos no sólo como una fuente de recursos para nuestra actividad misionera y evangelizadora sino como una actividad evangelizadora y de transformación social en sí misma.

Sueño con que el hecho de que fuese creada por Confer hiciese que esa gestora estuviera libre de toda sospecha de ser un chiringuito financiero. Y sueño que en ella trabajasen un grupo de profesionales de alto nivel y cristianos de fe profunda y comprometida, que los hay, poniendo todo su saber al servicio de este empeño ético y al servicio de la vida religiosa.

Me gustaría pensar que mi sueño no es sólo un sueño. Que entre todos, con un poco de buena voluntad se podría conseguir. Y que bancos y gestoras de inversiones nos iban a dejar de ver como un bocado apetecible, como un nicho de mercado en el que se puede ganar dinero, para empezar a vernos con respeto, sabiendo que sólo trabajarán con nosotros si lo hacen de acuerdo con nuestros criterios éticos.

Me gustaría pensar que encontraremos a la persona o personas que sean capaces de liderar un movimiento así, de unirnos a todos los institutos, de sacarnos de nuestras casillas, para hacer algo que hará que usemos mejor nuestros recursos y que nos dará una influencia positiva y evangélica en un mundo tan poco evangélico como es este capitalismo medio salvaje en el que nos ha tocado vivir.

Y espero y sueño que, con un poco de tiempo, este sueño se haga realidad.

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