Conversaciones de tren

Me estoy dando cuenta de que muchas personas aprovechan los recorridos en cercanías para hablar por teléfono. Ahora mismo, cuando regreso a mi casa en las afueras de Madrid, tengo una chica frente a mí que está charlando con una amiga. Aunque no estaba prestando atención a la conversación, me ha llamado la atención que le estaba contando el enfrentamiento que ha tenido con una religiosa (“monja” la ha llamado ella) supongo que en un centro educativo. Le contaba a su amiga que, con el calor que está haciendo, lo normal es que acudieran con tirantes y que esta religiosa le había reprochado a ella que, por ese motivo, venía desnuda. Según he entendido, no se trataba de un enfrentamiento ni directo ni puntual, sino una gota más en un vaso que estaba lleno.

La conversación no me hubiera llamado la atención si no llega a ser por el convencimiento que esta joven le compartía a su amiga: “es como si se arrepintiera de su vocación y lo pagara fastidiando a todo el mundo… y esto sí me ha hecho pensar. ¿Qué nos pasa a la Vida Religiosa que damos esta sensación con tanta facilidad? ¿Pueden unos centímetros más o menos de piel al sol convertirnos en hurañas amargadas para tanta gente? ¿Estamos seguras de que todas las batallas en las que invertimos la carga pesada de nuestras municiones valen realmente la pena ser luchadas? El encuentro con Jesús ¿no tendría que hacernos más empáticas… y más simpáticas, más capaces de percibir cuándo las “bromas” no hacen gracia o cuando incomodamos con nuestros comentarios “sin mala intención”?

Es cierto que los prejuicios son eso, prejuicios, pero también es verdad que a veces los labramos golpe a golpe, comentario a comentario. Quizá, si fuéramos conscientes de que transmitimos sin querer aquello que expresaba esta joven de que, en realidad, no somos felices, tendríamos más cuidado… o nos cuestionaríamos con honestidad qué guardamos en el corazón y se transmite en nuestras actitudes.

Publicado en Sin categoría | 1 comentario

Trabajar y jugar

Eso de celebrar el día del trabajo me ha recordado algo que vimos el otro día con mis alumnos/as de Ciencias Religiosas. Estábamos estudiando con algo de detalle un texto del libro de Proverbios en el que la Sabiduría se presenta personificada y habla de sí misma intentando convencer al auditorio de la conveniencia de acogerla en su vida y dirigirnos según sus criterios (Prov 8,12-36).

Hay un momento en el que “Doña Sabiduría” empieza a describir la creación mientras insiste que, mientras Dios hacía todas esas “obras de ingeniería”, ella estaba a su lado, bien cerquita (Prov 8,22-30). Lo simpático es que, al final de detallar esa acción creadora, afirma que ella estaba jugando ante Él con el orbe de la tierra. La frase hebrea también se puede traducir que estaba jugando en la tierra:

“Yo estaba junto a Él, como aprendiz, yo era su delicia día tras día, jugando ante Él todo el tiempo, jugando en el orbe de la tierra, delicia con los hijos de Adán” (Prov 8,30-31).

La cosa es que, según este texto, ser aprendiz y colaborador de Dios en la Creación, que es la vocación profunda del ser humano, tiene que ver con jugar. Mientras que el trabajo esforzado es el fruto del pecado (cf. Gn 3,17), llevarlo adelante sabiamente tiene un aspecto lúdico. La tarea y nuestra responsabilidad ante ella será la misma, pero lo que no es igual es el modo de realizarla, pues según cómo lo hagamos estamos más o menos cerca de la Sabiduría, disfrutando o no con Ella.

Andamos siempre con las agendas hasta arriba, con miles de cosas que hacer… pero tendríamos que preguntarnos si las realizamos “jugando” o “con el sudor de nuestra frente”, esto es, si trabajamos “sabiamente” o “como fruto de pecado”.

Publicado en Sin categoría | 4 comentarios

La burra de Balaam

Los días que estoy en Granada me gusta subir a la Facultad andando. A medida que van pasando los minutos, las calles se van llenando de gente que va al trabajo y de turistas que comienzan un intenso día de visitas. Atravesar la ciudad caminando y ser testigo de cómo va despertando ella y sus habitantes me ayuda a comenzar la jornada rezando y reconociendo la Presencia de Dios y a situarme yo también ante el día que comienza y cómo deseo vivirlo.

Pero, a veces, en medio de estas rutinas, algún gesto se convierte en significativo. Eso es lo que me ha sucedido esta mañana cuando me he cruzado con alguien que, a medida que pasaba ante otra persona se dirigía a él o a ella para decirle: “Dios te ama y te perdona”. No “asaltaba” de forma violenta como un predicador televisivo o algunos espontáneos en el metro de Madrid, sino que lo afirmaba con serenidad, sin pararse y casi pasando desapercibido.

Aunque ese hombre no tenía aspecto de estar demasiado sano psicológicamente hablando, decía una verdad como un puño. Me ha resultado inevitable recordar a un personaje bíblico que a mí me resulta muy significativo y con la que me siento identificada con frecuencia: la burra de Balaam. Y es que, si recordamos a este animal es porque el mismo Dios le hizo hablar para disuadir a su dueño, un vidente pagano, de que no maldijera a Israel.

Como sucedió con ese asno, con la persona con la que me he encontrado esta mañana o conmigo misma, todos tenemos capacidad para que el Señor nos convierta en su boca. Su Palabra puede llegarnos a través de cualquiera, sin hacerlo depender de sus facultades psicológicas, de su coherencia de vida o de su calidad humana. Nada puede condicionar, ni siquiera nosotros mismos, que nuestras palabras, gestos o nuestra vida entera se convierta en un momento determinado en una elocuente expresión de Dios para quien sea capaz de percibirlo… ¡Gracias a Dios! Creo que voy a dar mis clases de hoy con más confianza.

Publicado en Sin categoría | 3 comentarios

La Pasión “es para los vivos… y solo se llega viviendo”

Estoy casi convencida de que, a partir de la distancia entre una u otra entrada de este blog, se podría intuir cómo anda mi agenda de cargada o, sobre todo, cuál es la velocidad de mi vida. Y es que parece sintomático que, cuando el ritmo se me va serenando soy capaz de descubrir mil guiños cotidianos capaces de llenar este espacio virtual. Después de esta confesión de mi necesidad de respirar un poco más profundo, os comparto el último “guiño”.

Hace unas semanas que, gracias a una alumna (un saludo, Laura), he descubierto a Paco Bello. Se trata de, como diría otro amigo, un “cansautor” (sí, tengo “debilidad” por ellos). El caso es que el estribillo de una de sus canciones se me viene a la cabeza últimamente. Una de sus frases dice: “El cielo es para los vivos y solo se llega viviendo”. Ahora, recién entrando estos días densos y profundos de Semana Santa, me da que la Pasión también es para los vivos, para aquellos que se lanzan a saborear la existencia poniendo toda la carne en el asador, volcando el corazón a cada paso y en cada encuentro y apostando por lo que pocos apuestan. Y, sí, solo se llega viviendo, porque hacerlo sin pasión, calculando y midiendo no es vivir.

Ojalá contemplar con asombro el amor sin cuartel y la vida apasionada de Jesucristo durante estos días nos contagie la existencia y nos ponga en camino de estar vivos y VIVIR con mayúsculas.

Publicado en Sin categoría | 5 comentarios

“Una cuestión de tiempo”

Esta temporada paso muchas horas a la semana viajando. Entre las mejoras en los autobuses que me resultan más útiles, está una pantallita individual que te permite elegir cuándo y qué película ver. El otro día elegí una comedia romántica de esas que parecen evidentes para poder “dormirla” sin que me preocupara no ver el final. El caso es que resultó mucho más profunda de lo que parecía a simple vista. El protagonista descubre que los varones de su familia tienen la misteriosa capacidad de retornar al pasado cuando deseen hacerlo. Os podéis imaginar el juego que puede dar este extraño don para “corregir” todos esos momentos en los que metemos la pata u optamos por la elección inadecuada.

Pues bien, lo interesante de la película (al menos para mí) fue que el personaje recibe de su padre un “truco” que él había disfrutado: volver a repetir cada día para poder disfrutar de todos esos pequeños detalles que se le habían pasado inadvertidos en la primera ocasión. No se trataba de cambiar las cosas, sino de advertir las personas y situaciones que se nos escurren entre los dedos de la vida para llenar cada jornada de sentido. Adiestrar la mirada cotidiana para reconocer a Aquél que cada día nos sale al encuentro. Lo mejor de la película (también para mí) es que al final el protagonista confiesa que dejó de “repetir” los días. Ya no le hacía falta: vivía todos como si fueran el último. Aunque no tengamos posibilidad de regresar al pasado ¿no es un “truco” precioso para VIVIR (con mayúscula)?

Publicado en Sin categoría | 2 comentarios

Otra vez Simeón… y la Vida Consagrada

Quien lea el título de este post va a pensar que empiezo a obsesionarme con Simeón, porque ya dediqué otra entrada en Navidad a este personaje tan curioso. Igual es verdad ¡quién sabe! El caso es que hoy, me he vuelto a fijar en este tipo al escuchar de nuevo los versículos que Lucas dedica a él y con el trasfondo del día de la Vida Consagrada (Lc 2,22-35).

Esta vez lo que me llamaba la atención es que Simeón “se aparta”, se sabe poner en un segundo plano en la narración y sus palabras sirven para centrar toda la atención en ese Niño que es Luz y salvación. Quizá no haya otro modo mejor de celebrar y agradecer en este día nuestra vocación en la Iglesia que hacer como Simeón: reconocer a Jesús en lo pequeño, bendecirle y echarnos a un lado para que sólo Él sea el centro.

Publicado en Sin categoría | 2 comentarios

Una cuestión de mirada

El otro día fui al cine y, mientras esperaba en la fila para comprar la entrada, estaba muy entretenida escuchando a una señora que estaba detrás de mí. Ella le iba relatando a su amiga todas las cosas que no estaban bien. Que si se iba “anchando” la fila y que seguro que se colaba alguno, que si porqué le pregunta ese a la taquillera por las filas cuando hay un cartel diciendo que no están numeradas, que si habían subido el precio de la entrada… Aunque su compañera, con una paciencia infinita, iba quitando plomo a sus comentarios, me dio mucho que pensar. Y es que podemos vivir así la vida, prestando más atención a lo que no responde a nuestros deseos y expectativas que a lo bueno que se abre ante nosotros, acentuando lo que no es como debería y olvidando así todo aquello que sí se va pareciendo a lo que está llamado a ser.

Los religiosos/as deberíamos ir por la vida como la amiga de esa mujer, subrayando lo positivo y sacando “lo precioso de lo vil” (Jr 15,19)… y quizá, poco a poco, se nos iría pareciendo la mirada a la de Dios.

Publicado en Sin categoría | 4 comentarios

Simeón y la Navidad

Hay algunos personajes del Evangelio que resultan un poco enigmáticos. Algo así sucede con Simeón, del que solo habla Lucas (Lc 2,25-35). Una de las cosas que me llama la atención es cómo insiste el evangelista en afirmar que el Espíritu Santo estaba en él. En apenas tres versículos lo repite otras tres veces, lo que, conociendo la tendencia de los autores bíblicos a ahorrarse los detalles innecesarios, parece que algo nos quiere decir. El texto dice que el Espíritu estaba con él, que le había hecho una revelación y que le movió al Templo. Y a mí se me ocurre que esto de vivir la Navidad tiene mucho que ver con ser un poco Simeón: que el Espíritu nos regale anhelar el consuelo de Dios, que nos mantenga la esperanza de ver a Jesús y que nos empuje ahí donde Él nos sale al paso. Quizá entonces también seamos capaces de reconocer al Señor, como Simeón, en un bebé… o en cualquier otro “disfraz” con el que le gusta camuflarse para encontrarse con nosotros en lo gris y rutinario de cada día.

Publicado en Sin categoría | 1 comentario

Autobuses y Evangelio

Hay reacciones que le reconcilian a una con la humanidad por más que nunca vayan a ser noticia en un periódico. Esta tarde, cuando iba al pueblo de la Sierra en el que vivo, el autobús se ha llenado antes de salir de la estación… como suele ser habitual.  Como el bus pasa por la autovía, nadie puede ir de pie y suele ser muy frustrante (y, además, frecuente) que alguien se tenga que bajar y quedarse a esperar el siguiente. Hoy ha sido un chico el que ha descubierto que no había espacio para él y, cuando se iba a dar la vuelta resignado, uno de los pasajeros le ha preguntado por su destino. Al conocerlo, le ha cedido su asiento. Ante un público asombrado, su argumento ha sido que, si bien él tenía que esperar “solo” quince minutos, el otro tenía que hacerlo durante una hora. Sí, ya sé que no es tan heroico como el intercambio de Maximiliano Kolbe con un condenado a muerte… pero no deja de ser llamativo, admirable y, sí, algo heroico para quien está deseando llegar a casa tras una larga jornada de trabajo.

Acciones como esta hacen palpable que el amor gratuito e incondicional que rezuma el Evangelio y, con frecuencia, nuestros discursos religiosos, tiene pequeñas y cotidianas encarnaciones. Vale la pena sacar del anonimato y del olvido estos pequeños gestos que interpelan y cuestionan nuestra vida, porque, a pesar de nuestras bonitas reflexiones sobre Evangelio y el mandamiento del amor, no tengo muy claro si seríamos capaces de hacer algo así por un desconocido.

Publicado en Sin categoría | 1 comentario

Caos y actividad en la VR

En muchas ocasiones me entra la tentación de cambiar el tema de mi Tesis doctoral, no porque no me apasione, sino porque encuentro en la vida diaria un montón de hipótesis que requerirían ser o no verificadas. Una de ellas es la convicción de que el caos de una mesa de trabajo, de un despacho o de un cuarto es siempre directamente proporcional al caos existencial que se está viviendo en ese determinado momento. No creo que lo llegue a comprobar nunca, pero al menos en mi caso sí que se cumple. Y es que, cuando más se me acumulan las actividades y las tareas pendientes, más “a mano” tengo que tener todo cuanto necesito para llevarlas adelante… y, claro, el caos es fácilmente predecible.

Y, si me apuras más con la hipótesis, también podría sugerir que ese caos espacial está relacionado con esas etapas de actividad frenética que se abalanzan con frecuencia en la VR. Y es que, en esto de rozar el activismo, “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Quizá por eso, el primer paso para ordenar el cuarto y nuestra vida tendría que pasar por recordar que ya tenemos un Salvador y que no podemos intentar usurpar su puesto a golpe de agendas a rebosar, que reconocer nuestros propios límites es abrir la puerta a que Dios pueda hacerse fuerte en nuestra fragilidad, y que más importante que hacer mil cosas es mantenernos vigilantes a la puerta de nuestra tienda, como Abrahán (Gn 18,1-3), para acoger al Señor que nos sale al encuentro en circunstancias y personas que nos pueden pasar desapercibidas si vamos demasiado rápido.

Publicado en Sin categoría | 2 comentarios