De Corpus y “hierba en el camino”

No sé exactamente qué es lo que hice ayer, pero el caso es que se me borraron todos los contactos del móvil. Después de reponerme del “impacto” de verme sin un solo teléfono grabado, me di cuenta de que podía recuperar con facilidad aquellos números con los que tenía una conversación de Whatsapp abierta. La grata sorpresa fue comprobar que últimamente había mantenido contacto con la mayoría de la gente que, por un motivo u otro, resulta importante para mí. Me vino a la cabeza una frase que se le atribuye a Platón: “No dejes crecer la hierba en el camino de la amistad”. De un modo u otro, a lo largo de los últimos meses no ha habido opción de que la senda que me distancia con la gente que quiero se llenara de maleza a costa de no transitar desde un lado u otro, lo que es, sin duda, un regalo a agradecer y mantener.

Y, claro, estando en la víspera del Corpus, me dio a mí por pensar que en realidad este día no hacemos sino celebrar algo parecido, que el Señor se empeña en que, al menos por su parte, no crezca la hierba en el camino que nos separa o, mejor, que nos une. El empeño obstinado de Jesucristo por mantenerse presente, cercano, amigo, recordándonos que nuestra vida tendrá sentido en la medida en que se parte y se comparte con la suya. Sí: ¡a Él no hay modo de que se le borren los contactos!

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2 respuestas a De Corpus y “hierba en el camino”

  1. ma. guadalupe reynoso arenas dijo:

    Hola Ianire: Sí, coincido contigo, nuestro Señor es el que incondicionalmente toma la iniciativa y se acerca, así como recordamos cada mañana “Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo” o en su presencia eucarística. De un tiempo acá, quizá porque es mi punto flaco, me siento interpelada a ser como él, ofrecer siempre la amistad y el cariño sin más. ¡Feliz día de Corpus!

  2. Dorian Gay dijo:

    Lo que celebramos ese domingo, es para hombres y mujeres recios, no es algo ritual o vacío, es poner en juego la vida, es donarse y aceptar la vida de los otros, es dejarse habitar por Jesús y habitar en Él. Es compartir la mesa del trabajo diario, con toda la humanidad que sufre, no separar esta mesa del altar, de las mesas de la vida. Será quizás por eso, por lo que nos cuesta tanto celebrar la Eucaristía y salir a la calle, acompañando en procesión a todos los que buscan su liberación. Es mejor domesticar lo que nació como alternativo, subversivo y revolucionario, aunque a unos cuantos les fuera la vida en ello.

    Un abrazo

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