“Siempre tengo tiempo para un café”

Quien me conoce sabe que eso de “siempre tengo tiempo para un café” es una frase que repito con facilidad. Y no es que me guste mucho el café o que tenga tiempo libre como para exportar, porque mi agenda es como un tetris en el que van cayendo piezas que tengo que encajar haciendo equilibrios… Pero, detrás de esta expresión se esconde una convicción que me ha acompañado desde hace años y se me va haciendo cada vez más fuerte: lo primero son las personas y el encuentro cara a cara con ellas. Y, claro, la consecuencia lógica de este convencimiento es la decisión firme de buscar siempre un hueco para ese encuentro personal.

En épocas del año como esta, en la que parece que todo se acumula y las tareas compiten en número y urgencia, una servidora se siente muy tentada a ser un poco más pragmática y renunciar a este lema personal en favor de arañar algún hueco más que me permita la ilusión de avanzar en alguno de los trabajos que se me acumulan.

Con todo, tengo la experiencia de que, cuando con más “ascesis” (de la buena) que seguridad me niego a posponer lo importante por lo urgente, se me devuelve con creces el esfuerzo por encontrar momentos en asombro ante el otro, en confianza regalada y acogida, en admiración ante el misterio de la Vida con mayúsculas que se cuece en lo pequeño, en adoración ante el Dios que se cuela en las rendijas de lo cotidiano, en agradecimiento por el paso del Señor en la existencia de las personas… Y, reconciliada con una agenda que nunca tendrá el tiempo suficiente para todo lo que desearía, agradezco la chispa de lucidez que me permitió mantenerme en la certeza de que “siempre tengo tiempo para un café”… porque es más lo que recibo que lo que doy.

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3 respuestas a “Siempre tengo tiempo para un café”

  1. marta dijo:

    totalmente de acuerdo…utilizo esta misma expresión…
    El Dios de la VIDA se encuentra en los otros…con los que “tomamos y toman café con nosotros”…
    Quizás se nos olvida que nosotros también necesitamos que otros nos concedan el tiempo y a proximidad del café…

  2. María Cristina Rivas Díaz dijo:

    Hola Ianire. Como no nos conocemos me presento. Mi nombre es María Cristina y soy religiosa carmelita misionera. Atendemos un hogar de ancianas en La Habana, Cuba. Tenemos un internet que es muy lento pero no obstante a ello puedo algunas veces visitar tu blog. Comentarte que de vez en cuando imprimo algunos de tus escritos para compartirlos con algunos trabajadores del hogar pues nos parecen buenos y rápidos de leer ya que a la vez no son muy extensos. Trato de economizar papel y tinta por aquello de cuidar el medio ambiente pero creo que vale la pena, a la mayoría no puedo recomendarles tu sitio que sería lo ideal pues no tienen acceso internet. Y nada, que se me ha ocurrido hacerte el comentario para que sepas que por acá te leemos y que nos hace bien. Y como es de bien nacidos ser agradecidos… pues muchas gracias y ojalá sigamos teniendo tus apuntes por mucho tiempo más. Algunos son más específicos para la vida religiosa, esos me vienen bien a mí, pero la mayoría nos vienen bien a todos. Un abrazo desde La Habana.

  3. Dorian Gay dijo:

    No puedo amar a Dios sin empeñar todo mi corazón en vivir para mis semejantes, sin empeñar toda mi alma en responder a todas las tendencias espirituales del mundo de hoy, sin empeñar todas mis energías al servicio de este Dios en su correlación con nosotros.
    La plena realización del hombre consiste…, en una vida vivida en el encuentro con Dios, que de este modo se hace luminosa también para los demás, también para el mundo.

    Un abrazo

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