La burra de Balaam

Los días que estoy en Granada me gusta subir a la Facultad andando. A medida que van pasando los minutos, las calles se van llenando de gente que va al trabajo y de turistas que comienzan un intenso día de visitas. Atravesar la ciudad caminando y ser testigo de cómo va despertando ella y sus habitantes me ayuda a comenzar la jornada rezando y reconociendo la Presencia de Dios y a situarme yo también ante el día que comienza y cómo deseo vivirlo.

Pero, a veces, en medio de estas rutinas, algún gesto se convierte en significativo. Eso es lo que me ha sucedido esta mañana cuando me he cruzado con alguien que, a medida que pasaba ante otra persona se dirigía a él o a ella para decirle: “Dios te ama y te perdona”. No “asaltaba” de forma violenta como un predicador televisivo o algunos espontáneos en el metro de Madrid, sino que lo afirmaba con serenidad, sin pararse y casi pasando desapercibido.

Aunque ese hombre no tenía aspecto de estar demasiado sano psicológicamente hablando, decía una verdad como un puño. Me ha resultado inevitable recordar a un personaje bíblico que a mí me resulta muy significativo y con la que me siento identificada con frecuencia: la burra de Balaam. Y es que, si recordamos a este animal es porque el mismo Dios le hizo hablar para disuadir a su dueño, un vidente pagano, de que no maldijera a Israel.

Como sucedió con ese asno, con la persona con la que me he encontrado esta mañana o conmigo misma, todos tenemos capacidad para que el Señor nos convierta en su boca. Su Palabra puede llegarnos a través de cualquiera, sin hacerlo depender de sus facultades psicológicas, de su coherencia de vida o de su calidad humana. Nada puede condicionar, ni siquiera nosotros mismos, que nuestras palabras, gestos o nuestra vida entera se convierta en un momento determinado en una elocuente expresión de Dios para quien sea capaz de percibirlo… ¡Gracias a Dios! Creo que voy a dar mis clases de hoy con más confianza.

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3 respuestas a La burra de Balaam

  1. Dorian Gay dijo:

    Siempre me he sentido edificado que el nacer del nuevo día me encontrará en oración, como le decía a un muchacho de la vega granaina es como preparar el mundo a mis hermanos.
    Ir sembrando los rincones cotidianos desde esa oración “activa” a la luz de la Palabra es saber leer los signos de los tiempos…
    Ojala nuestra vida cree misterio entre los que nos rodean. Porque ser testigo no es hacer propaganda, ni siquiera impresionar a nadie. Es vivir de tal manera que esa vida sea inexplicable si no existe Dios.
    Huy pita la lavadora, voy a tender…

    Feliz Pascua, Aleluya

  2. guadalupe reynoso dijo:

    Hola sor Ianire, tu reflexión la leí cuando íbamos a empezar nuestra reunión en el colegio los del equipo de pastoral. Qué esperanzador saber que Dios no es tan exigente al elegirnos para ser sus portavoces. Mucho tiempo pensé que solo cuando yo consiguiera ser más “coherente y entregada”, podría tener “peso” mi misión de consagrada. De un tiempo acá, caigo en la cuenta de lo mismo que tú dices en tu artículo: no son las cualidades de los enviados las importantes sino que Dios mismo llega cuando, como y a quienes quiere.Experimentar esto hace brotar en mí la gratitud hacia mi Señor que me ha elegido con mis debilidades e incoherencias, pero con el deseo de hacer su voluntad. Un beso.

  3. Martin Guevara dijo:

    Interesante la opinion tuya respecto a los tatuajes. No lo habia pensado de esa forma, me encantó.

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