Ayer disfruté el poder vivir la profesión perpetua de Alicia, una amiga y hermana de otra congregación. Se me quedó el regusto de quien, por pura gracia, se le ha regalado vivir de cerca (a veces a pesar de la distancia física) el camino creyente y convertirse en testigo de la oculta acción de Dios en la vida de una persona cuando ésta se pone a tiro de su Amor. Volviendo a casa, recordaba cuánto ha llovido y cuánto ha ido trabajando el Jefe en ella y en mí desde que nos conocimos hace la friolera de ¿13 años? Me surgen muchos motivos por los que agradecer y mucho por lo que bendecir.
El que se le haya convertido en certeza vital que está en Buenas Manos, que reconozca que Dios se ha enseñoreado de la tierra de su vida, que intuya, fuertemente y por dentro, que lo único que vale la pena es hacer lo que Él quiera, cuando quiera y como quiera y, sobre todo, que desee vivir prefiriendo verdad a seguridad… son buenas bases para que se me continue regalando ser testigo agradecida de lo que Dios seguirá haciendo con ella y a través de ella.