Tres mujeres y una cruz

N.B. En el contexto de la celebración de la Exaltación de la Cruz y de los Dolores de la Virgen Madre, vivo este hecho de vida en el acontecimiento de la muerte de Alicia, que comparto con vosotros)

Un regalo divino y una madre “héroe”

DSC02184_editedMe comunica el compañero de la parroquia que ha fallecido una persona de nuestra demarcación parroquial, que si puedo realizar su funeral el miércoles en la mañana. Me dice que es una chica de treinta y dos años, pero que no tenemos más referencias. Me paso hoy por el tanatorio, a última hora de la noche antes de regresar a casa, para conectar con la familia y situarme de cara al funeral que voy a celebrar mañana para orar por esta persona fallecida, junto a su familia y conocidos.

Al llegar me saludan conocidos de la parroquia que van a dar su sentido pésame a la familia y ya me dan pormenores interesantes de la situación. Alicia, la fallecida, tenía treinta y dos años y ha sufrido parálisis desde su nacimiento, siendo dependiente total. Su madre quedó viuda cuando ella tenía ocho años y otra hermana, Sara, cinco. Ha luchado y se ha entregado por sus hijas como una “madre héroe”, sobre todo por la que más la necesitaba. Después del saludo, con su madre y su hermana, enseguida brota su sentir en estos momentos de dolor. Y según me van relatando lo que sienten y viven ante la muerte de la hija y la hermana, me voy sintiendo bañado de evangelio y de gracia vivida a borbotones. Su visión creyente y agradecida de la vida de esta criatura amada para ellas, me hace emocionarme de encontrar tanta fe en la vivencia de una enfermedad y una limitación tan profunda.

Toda un vida llena de vida

Al nacer, le pronosticaron un año de vida, consideran un regalo de Dios haberla tenido más de treinta. Sara me dice, que la gente no puede imaginarlo, pero la sensibilidad que ella ha adquirido en la relación con su hermana, es algo que no puede compararse con todos los estudios de su vida, ni con la riqueza. Su madre me dice que tiene una paz y una serenidad, en medio del dolor, de haber sido fiel en el amor, de haber amado y sentirse amada por ella, y que ahora todo su amor se centrará en Sara, a quien ha descuidado más porque podía volar por ella misma. Le sostiene la esperanza de que ahora va a ser cuidada por su padre, que ya la adelantó en el morir, y por el Buen Dios, que siempre ha estado junto a ella y ahora la tiene ya consigo para siempre. Tras orar con ellos ante el cadáver cuidado y rodeado de bellas flores blancas, de sencillez, pureza y hermosura, me vengo a casa, callado en el coche, dejando que el eco del encuentro se repita y se repita, y en él encuentro respuesta a esa pregunta tan constante para el hombre, sobre todo ante el dolor, la debilidad, la limitación: ¿Dónde está Dios?

Ante Alicia, ¿Donde estaba Dios?

Y siento que el propio eco de lo recibido en minutos, se me hace grito y respuesta a la luz del evangelio que se ha hecho vida en esta persona y en la relación vivida con los suyos. Una vez más lo que dice el evangelio no es verdad porque lo diga el evangelio, sino porque es verdad en la vida, pasa realmente. Y así lo creo, se vuelve a cumplir lo de la verdadera señal de Dios:

“Esta es la señal, un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”

Dios se ha revelado en Alicia:

- Envuelta en pañales y acostada en un pesebre: dependiente.
•Dios se ha hecho fuerte en tu debilidad. Tú has vivido y has luchado en tu limitación, has sido un referente de esfuerzo y lucha por vivir. Has llegado a la meta, lo has conseguido, has entrado triunfante en la gloria.
•Dios ha sacado lo mejor de mucha gente desde tu debilidad.
•Has sido sentido y sentimiento de Dios por el camino de lo frágil, de lo que no cuenta para el mundo ni para la sociedad. Nadie puede imaginar lo que tú valías, tu verdadero valor en el amor, nada más que los que te han querido y el Dios de la vida que ahora te ha protegido para la vida eterna.
•No hay duda de que serás tú la que les abras la puerta del cielo a todos tus seres queridos cuando allí lleguen. Y con cantos, salto, brincos y carreras les abrirás todas las estancias, los caminos, las praderas del gozo y de la vida.

- Rodeada de cariño y cuidados: Mayores. Abuelas, tíos, primos, jóvenes, niños… cuidados.
•Dios se ha revelado sonrisa en tu rostro.
•Juego en tu inocencia
•Alegría en tu relación.
•Gozo en lo gozado por ti.
•Y en ti, Dios, ha sido fuente de cariño y de bondad para muchos.

- Piedra angular: Centro de vida para su madre y su hermana.
•La piedra que desecharon los arquitectos –un año- ha sido piedra angular, un edificio triangular, rodeados de su familia. Nada de descarte, clara opción: no ha sido un castigo ha sido un regalo de Dios. Dice su madre: “Tu nos la diste y ahora te la entregamos agradecidos y esperanzados, sabiendo que tú la vas a cuidar con mimos divinos que acabarán con todos sus límites.”

- Fuente y Lugar de la mayor sensibilidad.
•Dice su hermana: No seríamos las personas que somos sin ella, no sentiríamos lo que sentimos, ni con todos los estudios del mundo.
•Nos has dado la riqueza de sentir de un modo especial y único, que no todos lo entienden ni lo comprenden, lo que Dios enseña a los sencillos de corazón.

- Oración de la madre ante la vida ultimada de Alicia:

¿Cómo te podremos pagar Señor, todo el bien que nos has hecho con Alicia?

- Alzaremos la copa de la salvación e invocaremos tu nombre,

y anunciaremos ante toda la asamblea que el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres.

Grande porque nos eligió para ser portadores del tesoro de la vida de Alicia, un tesoro en vasija de barro, que hemos cuidado con amor hasta su último suspiro.

Porque has atendido nuestro ruego pedigüeño de que no sufriera para morir y que ella me antecediera en la marcha y se fuera abrazada maternalmente hasta el último momento, para que así me puedas abrir las puertas del paraíso cuando llegue yo también a la plenitud, contigo y con papá, y allí nos encontremos definitivamente para no morir ni sufrir, sino solo gozar llenos de vida y de ilusión sin fin”

Oración sacerdotal:
Esta noche como sacerdote, fui a conocer, consolar, y he salido confortado, reconocido y fortalecido en mi fe. Gracias Alicia, gracias familia, que Dios os bendiga y sintáis pronto el ciento por uno de todo lo amado. Ya no te veremos en tus sillas de ruedas, en tus paseos por el barrio y la zona, ahora serás tú la que, gloriosa desde el cielo, nos veas, nos sonrías y nos alegres la vida a los que vamos deambulando y muchas veces tropezando por este valle de esperanza. Ayúdame mañana, para que en mi torpeza de pecador, mis palabras puedan estar a tu altura, y yo diga lo que el Padre Dios y tú queréis que diga a todos los vuestros.

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Política, una cuestión de confianza

Politica y desconfianza

Ayer se repetía en el congreso, una y mil veces, que se trataba de una cuestión de confianza lo que allí se estaba cociendo. El clima no sé si era de confianza real o de desconfianzas mutuas, para seguir aumentándolas..

El ser humano vive por y desde la confianza, no hay otro modo de hacerlo. Somos fruto y semilla de la confianza, en medio de la debilidad. Cada día somos y vivimos desde el confiar mutuo: en la familia, el trabajo, la educación, el tráfico, la alimentación, las conversaciones, el juego, la diversión, el viajar, la salud, la administración… También en lo común, en lo público y necesariamente en la política. Esta política que nos trae de cabeza es un “desgobierno” producto de una total desconfianza.

Paula, su primer dia de “guarde”

Esta mañana me llega la foto, por el watsap familiar –tan pesado como entrañable- , que nuestra niña más pequeña, Paula, va por primera vez a su guardería. Ni que decir tiene que es la más bella del mundo para todos nosotros y que lleva una alegría desmesurada para que no nos entristezcamos al ver que se va a quedar en un medio totalmente nuevo, todavía no se dará cuenta de que su madre se irá y ella quedará allí en otras manos, aunque seguro que lo sentirá. Al ver la foto y pararme en los sentimientos que me provoca me surge la cuestión de la confianza. No podemos vivir sin ella, mis sobrinos, tras haber auscultado las posibles guarderías, han tenido que optar por una y confiar en ella. Le dejan hoy en sus manos su bien más preciado, por el que darían la vida. No dan a su hija, pero la depositan en la confianza del bien interno de esa institución y de los profesionales que la van a tratar. Ya lo tuvieron que hacer cuando en el seno materno, con el cuidado de profesionales, en reposo absoluto su madre la esperó con paciencia y amor. No podemos ser sin la confianza, la necesitamos para todo.

La confianza, la cuestión de lo humano

La cuestión es de dónde viene y a dónde nos lleva la confianza. Puede haber desconfianzas que vienen del “pecado”, personal y social, como ocurrió con Adán y Eva en el paraíso, cuando todos querían jugar a ser dioses por ellos mismos y como consecuencia, se acusaron uno al otro en aquello que era iguales, donde estaban llamados a ser humanos y hermanos hicieron un foso de separación y división. También puede ser por envidia y competitividad en el deseo de ser los mejores o tener más que los demás, lo que llevó a Caín y Abel a una violencia destructiva, haciendo de aquello que podría haberles llevado a la justicia y a la igualdad, en la alabanza del bienestar, un herramienta mortal. Desde allí viene la carrera de armamentos, de la que ayer no se habló, que a veces trabaja con balas y otras con palabras duras de juicios severos y mortales, la del faraón en Egipto, esclavizando hasta axfisiar. Pero sobre todo puede venir de la ceguera solipsista, de los individualismos que no tienen corazón para entrar en el dolor y en el deseo de la dignidad de los humanos. La ceguera que impide determinar cuáles son los sufrimientos, los problemas más graves, sus causas y consecuencias, y el posible modo de intervenir para sanar, ordenar, administrar y potenciar la realidad de un modo fraternal y humano. Es verdad que se hicieron referencias, muy pocas, a los pobres y sufrientes de nuestra sociedad, que no son pocos. Pero desde dónde se hicieron y con qué intención. A los grandes problemas del mundo laboral, educativo, de inmigración, sanidad… No dialogaron sobre ello, no presentaron sus ideales, ni convicciones, no hicieron análisis de las causas y sus consecuencias. Y así no pueden generar confianza, la que necesita una sociedad que ha de tener referentes e ideales de altura, para educar en la dignidad y la justicia. Convicciones profundas que provoquen adhesión e ilusión de compromiso y acción en la ciudadanía, que desarrollen la dimensión social y política de los ciudadanos.

Necesitamos recuperar la confianza política

Ayer, hoy y mañana, parece ser que no buscarán caminos de solución para los que están pasando mal momento, o para el bien común. Se hablará de estrategias, aguante, turnos, para ver quién puede más o menos, o sea un maremágnum que seguirá mermando en nuestra confianza política. Confianza que es la básica para la polis, para el bien común, para lo digno y lo humano. Nada nos hace más falta que la confianza política en la organización de lo público.

No hay duda de que nuestra sociedad, y sus políticos, necesitamos una conversión profunda de confianza y compromiso por lo humano. Ahora, en este país, es un momento oportuno y sería una pena dejarlo de la mano, al arbitrio de veleidades y protagonismos individuales y partidistas, alejados del sentir común del pueblo, sin ser capaces de construir un horizonte esperanzador y plural. No hay alternativa, o tomamos las riendas para un buen rumbo de nueva ciudadanía, o será una piedra de fuera, empujada por el dolor y la rabia, la que venga a romper el imperio construido sobre bases de barro, y entonces veremos confundido todo el oro, con la plata, el hierro y la miseria del barro en un desorden de un mundo ciego que no sabe de dónde viene ni a donde va. Son muchos los que están ya bajo las ruedas de ese carro que destruye, como en la visión imperial del Nabucodonosor, cuando el profeta de lo sencillo, le avisaba del futuro de un imperio ciego que se autodestruye.

Volvamos a las convicciones, por Paula, por lo humano.

Aquí, ahora, ha surgido un pequeño profeta, anciano… como suelen ser los profetas más verdaderos, el Papa Francisco –hay muchos más- que nos está invitando a convertirnos para llegar a la confianza de lo humano, como principio de vida y supervivencia de lo digno y lo justo para todos. La llamada está, el peligro acecha, los sufridos aguantan, y cada uno hemos de seguir confiando, porque nos va la vida en ello. Recuperar y devolver la confianza es asunto de todos, y también de nuestros políticos.Paula está en las manos de los profesionales de una guardería, todos estamos en las manos de todos. Nadie puede tirar la primera piedra, pero todos podemos poner una piedra para cimentar la confianza en la vida de lo diario, de lo común y lo público. Ahora ha de ser el tiempo de la confianza, que habrá de tener como base la compasión y la misericordia para lo más humano y sufrido. Hoy en Paula, veo la humanidad, y en nuestras manos, su guardería, en los políticos sus cuidadores, hagamos feliz a Paula, para que se realice y crezca en todas sus dimensiones, y el camino de lo social y lo público que comienza hoy en su guardería sea un lugar verdadero de lo humano y lo justo.

N.B.: Su primer día mágnifico, ella espectacular muy de relaciones y disfrute, sus cuidadores muy dignos de confianza.

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Tus libros ¿También mueren?

Desde la biblioteca de un sacerdote fallecido

He pasado la tarde en conversación con el familiar de un sacerdote en la vivienda en la que permaneció hasta su muerte, que le llegó cuando se acercaba a los noventa años. Hace tiempo que alguien allegado me habló de que tenía entre sus enseres objetos y útiles litúrgicos que podrían servir en algún lugar, yo los recogí y los llevé hasta uno de los lugares en los que él había celebrado la eucaristía bastantes veces. Allí se han recuperado sus purificadores, corporales, alba, estolas, así como algún copón y hostiario, a manos de una buena mujer de esas que dan vida en las sacristías llenando de blancura y limpieza lo que sirve al altar. Poco después me llama el familiar que lo cuidó hasta el final y me dice que vaya para ver qué hacen con su biblioteca personal y sencilla de sacerdote, una vez que ellos se han apropiado de aquellos libros de interés personal en función de sus aficiones. Yo quedo con esta persona y allí he estado esta tarde, en la casa que fue de este compañero.

El duelo y lo entrañable de los libros

Primero ha sido una elaboración de duelo y consuelo del familiar que le acompañó en los últimos años, haciéndose cargo de su realidad, y así facilitó algo que a él le hundía como persona cuando enfermó, como era tener que ultimar su vida en el asilo, ha muerto en su casa, en su cama, con una calidad de vida muy buena hasta momentos antes de expirar gracias a Dios y a este familiar. Después hemos pasado a su despacho, allí unas estanterías sencillas llenas de sus libros. Algunos enciclopédicos, sin siquiera estar abiertos, otros de uso diario como sus libros de la liturgia de las horas, los leccionarios. Un buen cuerpo de aquellos que tienen que ver con sus estudios de derecho canónico y otros de teología y moral, así como aquellos de espiritualidad sencilla. Y de notar aquellos que fueron de su infancia, como la gramática de latín. Me invita a escoger alguno de recuerdo para mí y elijo aquellos que yo tenía y que perdí, a los que le tengo afecto. Una edición bilingüe del Concilio Vaticano II de la BAC normal, otro sobre el cristianismo de De Lubac, las “Entrañas del Cristianismo” de Olegario González de Cardedal, y otro muy sencillo, pero propio de la espiritualidad de nuestra juventud cristiana, de Michel Quoist que llevaba por título “Oraciones para rezar por la calle”, símbolo de una espiritualidad secular, que unía vida y oración, calle y Dios. Recomiendo que todo lo demás pueda llevarse a la biblioteca del Seminario para ver que es de provecho para ella, y lo aceptan con alegría, también el Seminario fue parte importante de la vida de este sacerdote.

Orando desde el silencio de una biblioteca desalmada

Ahora llego a mi casa, entro en mi pobre biblioteca para colocar estos regalos sacramentales del compañero ya glorificado, y pienso que un día harán lo mismo con ella, y hojeando el libro de Quoist, orar desde la calle y la vida, me sale una oración sencilla que comparto desde los sentimientos al ir viendo y seleccionando sus libros:

“Padre, en esta tarde te he visto en el silencio de la ausencia, en los libros callados de una biblioteca sencilla de un cura, de un hombre que, tocado por ti, quiso llevar tu luz a los hombres, con sus riquezas y sus pobrezas personales. Ahora la estancia, con sus estanterías y sus libros, estaba muy callada, no triste, pero si aletargada, deseando salir de ese espacio que ya tiene otro horizonte y otro sentido. Según he ido viendo los libros y tocándolos, sentía y reconocía la vida de este compañero y pensaba en sus sentimientos, en sus oraciones, en sus alegrías y tristezas, en sus saberes y estudios, en sus gustos y hobbies, en su soledad y en su compañía. Te doy la gracias porque sé que no ha estado solo en ningún momento en la última etapa de su vida cuando era dependiente, que lo que era su miedo fue vencido con el cuidado y la ternura de un ser querido que optó por él y se entregó. Te doy gracias por esta persona, este familiar, que estuvo a punto en el momento oportuno, y que supo hacer hogar y acogida, lo que se presentaba con dolor, soledad y hundimiento.

Te ruego por él para que esté ya gozando en el cielo con tu presencia y tu amistad, y te pido por los que andamos todavía en el ejercicio ministerial, los que andamos con una pequeña biblioteca todavía viva y esperanzada, ayúdanos a saber que estamos llamados a la humildad del que está de paso, del que pone toda su confianza en ti, sabiendo que tú nunca lo vas a abandonar. Que no perdamos nuestro tiempo ni nuestras fuerzas en aquellos que la polilla y la carcoma corroe, que nuestra sabiduría tenga fondo. Que sepamos irnos, ligeros de equipaje, para encontrarte con libertad, no dejes que nos atemos a nada, que nada nos impida ser tuyos y de los demás, y que todo lo que seamos y hagamos sea transversalizado y transfigurado por tu gracia y tu ternura. Agradezco la conversación larga y tendida con la persona que lo cuidó y lo tocó queriendo ser fiel a sus necesidades y que supo llevar con gracia y paciencia su enfermedad y sus debilidades, dale Señor el ciento por uno, alégrale su vida, dale la paz y la serenidad del deber amoroso cumplido. Y a todos nosotros, los compañeros del presbiterio, ayúdanos a ser agradecidos y contemplativos con todas las personas que, en nuestra soledad y debilidad sacerdotal, se acercan con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza para animarnos y acompañarnos como madres, hermanos y hermanas. Y mi último ruego pedigueño, que el día que tu me llames definitivamente, algún alma sencilla al tocar mis libros eleve una pequeña oración desde ellos hacía tí, para que yo te abrace mientras la escuchas”.

José Moreno Losada. Sacerdote.

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UN CURA RURAL Y SU CORAZÓN ECLESIAL

El nuevo cura de Pallares

Miguel Ángel García Encinas, al que nombramos normalmente como “Guadi” entre los compañeros, está encargado hace años de la parroquia de Monesterio, pero también ha venido atendiendo como sacerdote en Montemolín, ahora le encargan de Pallares y deja éste último. A la hora de hacer estos cambios, aunque parezcan sin importancia, los sentimientos ministeriales se interpelan y se preguntan, del cómo y por qué vamos de una comunidad a otra y , sobre todo, con el espíritu que se desea ir. Por eso me ha parecido muy interesante esta comunicación, reflexión, lectura creyente -como le queramos llamar- de este sacerdote ante este pueblo al que va a ir acompañar ministerialmente cuando ya hace dos décadas que comenzó su itinerario de cura de almas. Podríamos decir que es una confesión de corazón, a pie descalzo y a fe desnuda:

El sentimiento creyente del nuevo cura de Pallares

“Creo en la Iglesia”

Me situaba ante el día de hoy, ante el inicio oficial de mi servicio a esta Parroquia de S. María Magdalena de Pallares, en estos días de tantas presentaciones y tomas de posesiones de tantos compañeros que están disponibles para la Iglesia Diocesana y su pastor, D. Celso, hasta el punto de aceptar cambios, mudanzas, nueva misión y nuevas realidades… Eso me hacía pensar en el día de hoy en mi postura y sentir ante la Iglesia, tanto la diocesana como la universal y doméstica. Y al hacerlo me reafirmo esta tarde ante vosotros sin dudarlo en la afirmación del credo: “creo en la Iglesia”. Pero no en cualquier Iglesia, Creo en ésta Iglesia concreta de Mérida- Badajoz, con tanta gente buena y tanta misión tan bien realizada; y con sus defectos y pecados, pero yo Creo en ésta Iglesia y no en la que otros quieren presentarme.
Sé que en el credo hay graduación de verdades de fe, que no es lo mismo decir creo en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu que en la Iglesia. La institución eclesial no es tanto objeto directo de fe, como contenido divino, cuanto del lugar desde el que creo y en el que vivo mi fe en el Dios de la vida y sin la cual no hubiera llegado a ser la persona que soy, ni tener la esperanza que tengo, ni el amor y la entrega a la que aspiro en medio de mis pecados y debilidades.

Desde lo vivido y conocido

Pero hoy al comenzar un servicio nuevo en esta comunidad de Pallares, me reafirmo en mi afecto y amor a la Iglesia, y puedo hacerlo desde los pastores que he conocido; tanto desde Don Antonio Montero, como Don Santiago, y don Celso, que es el que me envía aquí con vosotros desde el día de hoy. Ninguna de las posibles debilidades que en ellos o en mis compañeros sacerdotes se den, van a poner en cuestión la realidad fundamental que es la comunidad eclesial como lugar en el que se gesta mi fe. Todas sus atenciones y desvelos lo son para agradecer al Padre el cuidado que nos tiene. Puedo estar en disconformidad con algunos de sus planteamientos; y deseo mostrar con claridad mis pensamientos –sabiendo que yo soy tan o más pecador que ellos- pero el ser de la Iglesia forma parte de mi ser y desde ahí lo vivo, tanto en lo bueno –que es con mucho lo más- como en lo defectuoso que tenemos que sufrir unos de otros. Sé que no debo caer en la tentación de confundir la Iglesia identificándola con uno de ellos, ni conmigo mismo y mis opciones.
Pero hoy siento que creo en la Iglesia desde el fondo de ella, desde sus entrañas enraizadas en el Padre. Y ahí veo la Iglesia de mi origen, la de mis padres y abuelos emigrantes que dejaron su tierra querida de Granada; sencillos y callados en el sufrimiento y fuertes en la lucha por nosotros y en el sentido de la vida ganado día a día en medio de esfuerzos garantizados en la confianza en el Señor.

Desde la propia historia personal

Ahí está la iglesia de mi barrio en la que me crié, las comunidades en las que he servido y trabajado en estos 20 años de sacerdocio; su gente, sus devociones, sus catequesis, sus rezos, sus fiestas, sus alegrías, sus dolores. La iglesia que me llevó al seminario siendo un joven de 18 años , creyendo en mí, confiando en mí, cuando solo era un muchacho desorientado ante la vida y la fe. Creo en la Iglesia desde esa vivencia de Seminario, de compañeros, de formadores, de profesores, de actividades veraniegas…tanto y tantos han conformado mi existencia y mi personalidad que no sería la persona que soy sin toda esa vida eclesial regalada. Creo en la Iglesia desde mi sacerdocio, a veces tibio, vivido en Los Santos de Maimona, Azuaga y Malcocinado, Badajoz con su seminario diocesano, Fregenal de la Sierra y Bodonal de la Sierra, Monesterio y Montemolín donde tanto aprendo y seguiré aprendiendo en estos últimos años… hilos, hilvanes de una historia impagable de vivencias con el pueblo, la gente. Y en concreto desde unos cristianos y cristianas que me han llevado en volandas, para que vuele más y para que corrija mejor mis defectos, aceptándolos y entendiendo que no hay mayor perfección que la compasión integral para nosotros mismos y para los demás.

El deseo de una Iglesia encarnada y abierta…

Creo en la Iglesia que nos pide e interpela para que miremos juntos el momento actual, y que ahora nos recuerda constantemente –más desde el Papa Francisco- que volvamos a Jesús y miremos con ojos de justicia y caridad a los hermanos, especialmente a los que sufren y viven en el dolor y la pobreza.
Por eso hoy vengo con ganas y alegría a esta comunidad de Pallares, con el deseo de regenerarme eclesialmente, de ver en positivo esta realidad del Espíritu que nos pide renovación interna y profunda a nuestra iglesia diocesana. Vengo con el deseo de ser nuevo, de convertirme, de volver al amor primero, de recuperar el rostro genuino de esta Iglesia que debe ser continuidad de la encarnación del Hijo para que todo hombre se pueda encontrar con el evangelio de Jesucristo. Hoy pido por mis obispos, Antonio, Santiago y Celso, pero sobre todo pediré que el Señor me saque de mis tibiezas eclesiales, de mis amores e inquietudes olvidadas o gastadas, de mis incoherencias y dobleces, de mis dudas institucionales, que me lleve a una fidelidad renovada y creativa. Rezo para que este momento eclesial no sea para destruir sino para convertirnos y construir la Iglesia de la fe, la que ilumina y transforma con un corazón lleno de los sentimientos de Cristo, sin ahogarse en la institucionalización que paraliza.
Y me acerco a vosotros con la misma disponibilidad y cercanía que siempre me han caracterizado como persona y pastor. Desde hoy me pongo a vuestra disposición y espero que vayamos conociéndonos como personas y cristianos, compartiendo juntos la alegría del Evangelio de Jesús.
Muchas gracias a todos.

Miguel Angel García Encinas.

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La vida, nos trae y nos lleva

“No hay vuelta, la vida nos trae y nos lleva”

(Volver a la casa y al pueblo)

Volver sentidos y entregados

Amalgama de sentimientos confundidos, sin control. Aparentemente normalización, alegría, buenas presencias y palabras amables y de cariño… pero el frío interior corta el ánimo, la ausencia se hace grito de la presencia que duele, el vacío no sólo está hueco sino caído, y no sabes cómo sentirlo, mucho menos cómo decirlo y compartirlo. Nos hemos subido al coche para volver, hemos salido de Granja de Torrehermosa, íbamos ya por Azuaga, el silencio era total, pero ninguno de los tres hermanos estábamos callados en nuestro interior, todos musitando, sintiendo, elaborando, controlando, evaluando, repasando. Al menos yo, detalle por detalle, palabra por palabra, gesto por gesto, persona por persona, mirada por mirada, lleno el corazón y soledad sentida. Al ir, íbamos entre bromas y risas, al volver venimos sentidos, vencidos y entregados, porque volver no es volver sino aceptar lo que va dejando de ser.

Hoy el deseo vital hubiera sido detener las olas de nuestra historia, para que no sigan yendo y viniendo para que de una vez se estén quietas, pero la realidad no lo permite. Puedes volver al recuerdo, pero no detener el futuro que se te viene y se te impone aunque no quieras en su marcha permanente: la casa habitada por el silencio, fotografías de momentos detenidos sólo con el alma pero ya acabados y ultimados, deseo de restablecerlo todo, de obrarlo de nuevo, para que siga siendo igual, cuando ya no puede ser, ya no cabe, esa ola se fue y aunque estemos de fondo, yendo y viniendo nosotros, ellos ya no están y otros se están yendo por el mismo camino y la misma debilidad.

Los que quedan de ella

Hemos ido a los de cerca, a los hermanos de la madre, para encontrar lo mismo, la ola sigue, y ahora sin suavidad, ya tocando bordes de ellos, dando olvidos, delgadez, lágrimas de presente y de amor sincero pero en el olvido de nombres, de relaciones y referencias. Disimulamos y mostramos que todo sigue igual pero el mayor ya está en el borde, ya no borda solo pinta, y toca acariciarlo y dejar que nos toque los pies en la orilla de la vida, con el vaivén de su debilidad olvidada y con su yo. Ese yo que pide ser reconocido, cuando él mismo comienza a dejar de conocerse en lo más entrañable y en lo más querido, aunque guarda con corazón la foto vieja de sus padres como algo de actualidad sin ocaso.

La nacencia

Nos hemos detenido en la calle, en la puerta de la casa en la que nacimos, aprendimos a andar y amar, a jugar y a reír, a llorar y caernos, hemos querido volver a la infancia. La hemos abrazado entrando en casa de los vecinos, para oler a los nuestros que se fueron. Los hemos vistos cariñosos, han caído lágrimas, nos han besado como padres, nos han aliviado en emoción, pero también ya están en su borde. Nos hemos emocionado con sus hijas, nos hemos reído con el recuerdo, pero ya acabado y consumado, sólo dispuesto para pasarlo por el corazón. Nos hemos dicho que estábamos muy bien, los que ayer fuimos niños de una misma edad, pero metidos debajo de la ola que sigue yendo y viniendo, gastando la piedra y la concha del vivir y del querer en todos, aunque en cada uno a su manera.

La ola de la vida es imparable

Hoy, hemos vuelto al pueblo, hemos entrado en la casa, hemos besado a los que quedan, nos hemos parado en la nacencia, pero íbamos riendo como quien puede parar la ola del ayer, y ha sido ella la que ha jugado con nosotros y nos ha quedado atrás, confirmando que el pasado, pasado está, y el presente corre con otras olas que traen un futuro rápido. Vaivenes que siguen quedando rotos en el volver de la ola, en la vida convertida en la arena de los que queremos. De ellos, los que nos siguen enseñando y presagiando que de las olas, del vaivén de la vida, sólo queda el sentimiento y el amor de ese toque que, aunque no podemos detenerlo al ir y al volver, en su tensión va llenando la vida en aquello mismo que la va vaciando. Somos ir y venir, ellos se fueron, ahora otros están en los bordes de la ola y no podemos detenerlos ni en su soledad, ni en sus olvidos, ni en su delgadez o sordera, y nosotros ya lo sabemos por haber caminado con los nuestros.

Tenemos la señal de la vida: saber vivir, saber morir

Volvemos en silencio contemplativo, el silencio que nos da el tener la señal de la vida. Sentimos que ya ha pasado nuestro momento de crecimiento y ahora nos toca abrirnos para ir bajando en ternura y suavidad el tramo de lo más querido y más necesitado de nuestra propia historia y nuestro propio yo. Ya es hora de volver a reencontrarnos, recordarnos, unirnos y disponernos para entregarnos en la orilla de la vida, porque no hay vuelta, sólo nos queda la esperanza de que haya otra orilla y allí nos reencontremos de una vez para siempre en un mar en calma divina y serena, abrazados eternamente a los que quisimos. Ahora, con nuestro cariño nos toca ser sombra de ternura y generosidad para que otros puedan crecer.

José Moreno Losada

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Olimpiadas, en cuerpo y alma

Correr, luchar… por una corona que no se marchita”

La grandeza de los atletlas

Llego del descanso veraniego y me dejo seducir por las imágenes plasmáticas televisivas que nos dan primeros planos, nos hacen espectadores privilegiados de las pruebas deportivas en las olimpiadas de Brasil, algo nunca soñado. Tener este privilegio de poder vivir al detalle preciso y exacto lo que acontece allende de los mares. La belleza de las pruebas y el ejercicio de los atletas nos arrastran y nos elevan hasta en el espíritu, los mismos comentaristas loan el trabajo, la dificultad, la superación, el dominio, la entrega, la colaboración, el equipo, la deportividad… hasta el papa Francisco se ha hecho eco de esta imagen de dominio, equilibrio, belleza, unidad, valores, etc. de los que son ejemplo para el mundo las olimpiadas y los participantes en ellas.

En cuerpo y el alma
Siempre el ser humano en la comprensión de su realidad entendió que la unidad de su ser pasaba por la riqueza del su cuerpo como expresión de su construcción personal. El cuerpo es tarea de lo humano, porque no hay humanidad sin corporeidad. Hasta el punto de que es inviable hablar del espíritu humano sino es desde su corporeidad, y no es posible hablar de su cuerpo humano sino es de su ser almado. No hay alma sin cuerpo, ni realidad de cuerpo humano sin ser almado, los dualismos dialécticos y contrarios han sido siempre enemigos de la belleza, la bondad y la unidad que el génesis proclamaba al hablar de ser humano en su estructura de cuerpo almado y de alma encarnada. Por eso, ver a jóvenes con ese dominio del cuerpo, interrelacionándose e incluso compitiendo ordenadamente, nos eleva en el alma y nos seduce. Cuántos habrán contemplado estas imágenes y habrán sentido- miles, millones-, pensado, querido, dolido, ilusionado, motivado…al tiempo que habrán sido interpelados en sus vidas y en sus modos de tratar y vivir su corporeidad. Seguro que la realidad que hemos contemplado en los deportistas, más allá de sus logros, ha dinamizado pensamientos positivos y deseos de tratar y ser mejores cuerpos en nuestro ser personal.

La olimpiada del Espíritu

Del mismo modo pasaba hace un mes en Polonia, allí más de un millón de jóvenes, selección de otros muchos, expresaban el trabajo y el cuidado de su espíritu, de sus personas encarnadas y almadas. Allí se reunieron para celebrar unas jornadas de juventud donde el horizonte, la carrera y la meta era el amor y la misericordia entrañable. Un ejercicio que requiere del alma y de todo el ser para poder realizarse en verdaderas obras. El Papa iluminó aquellos juegos del Espíritu,con palabras sabias, invitando a salir del diván de lo cómodo y lo indiferente, donde engorda y muere el espíritu, para ser protagonistas de sus vidas y aceptar el reto de hacer un mundo mejor y más cuidado, tanto en la relación con la naturaleza como con toda la humanidad. Allí también se abrían horizontes y deseos de bondad, interpelación de inquietud y compromiso para todos los que lo siguieron y contemplaron con corazón abierto. Pero todos estos encuentros luminosos requieren ser preparados y vividos en realidades mas cotidianas y permanentes para ser posibles.

Estudiantes Extremeños con Espíritu

Yo he sido testigo en esta etapa veraniega de ámbitos olímpicos de jóvenes del Espíritu – seguidores de Jesús- bien encarnados, de estudiantes con espíritu cristiano. El primero a nivel regional, en Losar de la Vera, donde una cincuentena de jóvenes de quince a treinta años, mitad de institutos y mitad universitarios, durante ocho días entraron en el ejercicio de formación integral acerca de cuestiones de calado vital como son las modas para los adolescentes y el tema de la afectividad, la sexualidad y la pareja para los más jóvenes. Ocho días de gozo, encuentro, reflexión, oración, pero sobre todo de formación juvenil con claves directas de protagonismo y de búsqueda personal en orden a las personas que quieren ser y construir, para no hacer vidas sobre arena. Cada año vengo convertido e interpelado por estos jóvenes, sencillos y normales, que están en nuestras aulas pero que son olímpicos de un espíritu sano, abierto, inquieto. Los descubro como buscadores, creyentes, limpios, abiertos… no hay duda de que van obteniendo y luciendo una corona que no se marchita.

Jóvenes de todo el mundo por una corona que no se marchita

La segunda parte, que no he vivido directamente, pero que la he seguido con el corazón y las imágenes, ha sido – como las olimpiadas- un encuentro internacional que se ha celebrado en Madrid, organizado por la juventud estudiante católica. Jóvenes de más de 25 países de cuatro continentes han estado una semana completa tratando cosas fundamentales del Espíritu y de lo humano. A la luz del espíritu del Papa Francisco en la “Laudato, Si”, han reflexionado juntos y compartido vivencias sobre la problemática ecológica de nuestro mundo, el cuidado de la casa, así como de la problemática de lo humano, el cuidado del hermano, la violencia y la paz. Han participado desde un joven palestina, arriesgada y comprometida, de quince años, hasta africanos, latinos, indios… Todos movidos por el ejercicio de un espíritu de jóvenes que creen en la humanidad, en la posibilidad de un mundo nuevo, movidos por la convicción de que les habita el Espíritu de Jesús que los hace atletas de la bondad y del amor en la construcción del mundo. Espíritu que no cree en desigualdades, fronteras, separaciones, corrupciones, destrucción, que gime con dolores de parto ante una nueva creación que se avecina, que se está gestando en corazones de jóvenes como estos.

Alvaro y Carmen, atletas en cuerpo y alma.

Soy testigo de que esta preparación ha estado fundamentalmente en manos de dos jóvenes universitarios extremeños, Álvaro Mota y Carmen Ledesma, ellos como verdaderos atletas llevan años de formación y entrenamiento, por eso se lanzaron a la organización de este encuentro internacional. Han quedado extenuados, como los buenos atletas, porque lo han dado todo para hacerlo posible, pero también sé que la corona que les habita y les encabeza no se va a marchitar porque saben dónde está su tesoro y allí están poniendo el corazón. Son, sin duda, atletas del Espíritu. No buscan el éxito sino la corona de la vida que no se marchita y se comparte para que todos tengan más vida. Aunque todos le daríamos la medalla de oro en dobles, por aquello de que el Señor los envió de dos en dos.

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Apóstol de los obreros, sacerdote del pueblo

HA MUERTO JESUS MARTÍN MENDIETA, UN APOSTOL DEL MUNDO OBRERO

jesusAcaba de morir un sacerdote nacido en el mundo obrero y dedicado en alma vida y corazón al mismo. Ha fallecido en la residencia sacerdotal de la diócesis de Bilbao, donde fueron sus comienzos y desde donde evangelizó en Galicia, Andalucía y Extremadura, siendo el cura de la UVA durante decenios. Incansable apóstol del mundo obrero y de las barriadas pobres. Traigo a colación esta reflexión que elaboré para un material del apostolado seglar, sobre el ministerio sacerdotal y el laicado.

Hecho de vida

Suelo ir a una peluquería del barrio en el que vivo y el barbero, Paco, siempre habla de lo que sabe que interesa a sus clientes. A mí me habla del barrio, de la parroquia, de los sacerdotes, porque sabe dónde me muevo. Recuerdo que un día me comentaba el homenaje que el barrio, en el que vive gente pobre y muy sencilla, había organizado a un sacerdote que se había significado en su labor social y había muerto; yo le comenté que ese año don Jesús Martín, el cura de la «UVA», cumplía sus cincuenta años de sacerdocio, pero él me contestó que a don Jesús no le hacían homenaje porque era uno más del barrio. Me callé y muchas veces me sirve de oración en mi vida sacerdotal esta afirmación.

Es cierto, Jesús Martín es uno más del barrio, ahora tiene ochenta y siete años y vive en una residencia para sacerdotes, pero todos los días se pone en marcha en el bus urbano y se dirige a su barrio con su gente, y allí sigue celebrando la Eucaristía con el nuevo párroco. Los conoce a todos, se sabe el nombre de los que conducen autobuses, de las mujeres que salen a diario a realizar limpieza en el centro de la ciudad, te dice el nombre y el número de todos los que están en la cárcel y que son de su parroquia, la cantidad de analfabetos, de parados…; a los niños, que él mismo ha bautizado, les da caramelos, y continuamente va cargado con la edición del TÚ, hoja mensual de la HOAC, que en ocasiones él lee a los que no saben hacerlo. Ha celebrado la vida, la muerte y los sufrimientos de todos ellos y ha deseado transmitir la fe y la esperanza, les ha entregado la Palabra de vida en las catequesis y grupos de vida y les ha perdonado en nombre del Padre.

Vivió su infancia en el País Vasco, pudo ser un bandido, dice él, pero se dejó tocar por el Dios de la vida y siempre ha estado al lado de los obreros y ha buscado anunciarles y vivir con ellos el Evangelio, en su tierra, en Sevilla, en Ferrol y, por último, en la ciudad de Badajoz, en esta parroquia pobre y humilde de un barrio marginal de la ciudad.

Un consiliario apóstol de la HOAC, un sacerdote de cuerpo entero entregado con radicalidad allí donde la Iglesia lo ha llamado a trabajar por el reino entre los últimos; lo que más le satisface y le alimenta actualmente es hacer la voluntad del Padre, sin importarle mucho los resultados, y siempre se despide con su «hasta mañana en el altar».

El presbítero: ministerio que sirve y acompaña en nombre de Jesús

El barbero me contestó que a don Jesús no le hacían homenaje porque era uno más del barrio».

Palabras sencillas que nos hablan de la Iglesia como sacramento de unidad en medio de los hombres. Así es Dios, que en Jesucristo se hace compañero de la humanidad entrando más dentro de ella que ella misma (Flp 2, 6-11).
Los presbíteros, por tanto, deben presidir de forma que, buscando, no sus intereses, sino los de Jesucristo, trabajen juntamente con los fieles seglares y se porten entre ellos a imitación del Maestro, que entre los hombres «no vino a ser servido, sino a servir, y dar su vida en redención de muchos» (Mt 20, 28) (PO 9).

Mirando a Cristo

«Al cura Jesús lo que más le satisface y le alimenta actualmente —como siempre— es hacer la voluntad del Padre, sin importarle mucho los resultados, y siempre se despide con su “hasta mañana en el altar”».

Esta actitud del presbítero, de obediencia al Padre, sólo es sostenible fundamentándose en Cristo; si toda la comunidad ha de mirar a Cristo para ser signo y señal de su resurrección, los presbíteros dentro de ella «conseguirán la unidad de su vida uniéndose a Cristo en el conocimiento de la voluntad del Padre y en la entrega de sí mismos por el rebaño que se les ha confiado.
En este sentido el presbítero mirando a Cristo sabe que:

Es un hombre para los demás. Sus experiencias más profundas han de ser siempre accesibles a todos: «Los amó hasta el extremo» (Jn 13, 1ss.).
Habla de Dios con las experiencias de todos sus hermanos que él hace suyas; incluso las más banales. Todo ello sin buscar gloria propia.
Su pasión es hacer la voluntad del Padre, que no quiere que nadie se pierda: pobres, ignorantes, pecadores…
Toda su actividad termina en el Padre. Los dones recibidos por el Padre han sido dados en hechos y palabras de salvación, y, ahora, enriquecidos por la acogida de los hombres, retornan al origen con ofrendas de alabanza.
Cristo es el único «Mediador» (1 Tm 2, 5) y el sacerdote ha de ser un intermediario para disponer los espíritus para ese gran acto de fe en la paternidad de Dios.

El presbítero en la comunidad eclesial

«Ha celebrado la vida, la muerte y los sufrimientos de todos ellos y ha deseado transmitir la fe y la esperanza, les ha entregado la Palabra de vida en las catequesis y grupos de vida y les ha perdonado en nombre del Padre…».

La identidad del presbítero como la de la comunidad eclesial es la de la «Comunión y Misión». El presbítero es testigo con la comunidad y en medio de ella y se siente llamado a que se realicen las claves fundamentales de la comunión (Hch 4, 32):

Todo lo tenían en común.
Tener los mismos sentimientos de Cristo Jesús.
Al servicio del Reino: incorporando a los pequeños y a los pobres en la comunidad.

La misión, del mismo modo, es de la comunidad eclesial, y ahí tiene su especificidad el ministerio pastoral:

Salir a los caminos con las «palabras y los signos» de Jesús para anunciar la salvación en su persona.
La Palabra: leyendo creyentemente la vida y los acontecimientos de la historia humana.
Los sacramentos: celebrando la vida y las señales de la resurrección.
Bautizando en su nombre a los que se conviertan (Mt 28, 19).
«Haciendo esto en memoria suya» (cf. Lc 22, 19).

Para caminar y vivir unidos

El presbítero, discípulo del Resucitado «con» y «en medio» de la comunidad, para que él siga acompañando de modo encarnado a las personas de nuestro tiempo.

«Un presbítero diocesano, un consiliario de Acción Católica, un apóstol de la HOAC, un sacerdote de cuerpo entero entregado con radicalidad allí donde la Iglesia lo ha llamado a trabajar por el Reino entre los últimos».

La misión y la vivencia de la comunión no es fácil para nadie, todos necesitamos de todos para que se pueda realizar. Los presbíteros necesitan claramente de la ayuda de la comunidad a la que sirven para ser fieles a la misma, y esta también necesita presbíteros auténticos y originales que la ayuden a construirse en la unidad. El Concilio lo expresa con mucha claridad: «Este Sagrado Concilio, aun teniendo presente los gozos de la vida sacerdotal, no puede olvidar las dificultades en que se ven los presbíteros en las actuales circunstancias de la vida de hoy. Sabe también cuánto se transforman las condiciones económicas y sociales e incluso las costumbres humanas, y cuánto se muda el orden de valores en el aprecio de los hombres; por lo cual los ministros de la Iglesia, e incluso muchas veces los fieles cristianos, se sienten en este mundo como ajenos a él, buscando angustiosamente los medios idóneos y las palabras para poder comunicar con él. Porque los nuevos impedimentos que obstaculizan la fe, la aparente esterilidad del trabajo realizado, y la acerba soledad que sienten pueden ponerles en peligro de que decaigan sus ánimos» (PO 22).

José Moreno Losada.

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Palabra, corazón y manos

DIÁLOGO INTERRELGIOSO: PALABRA, CORAZÓN Y MANOS

Monseñor Ayuso: ¿obispo de la curia o un apóstol para el diálogo?

En algún momento el Papa Francisco avisó de que no tenía sentido hacer obispos curiales, carrera eclesiástica. Recientemente consagró obispo a Miguel Angel Ayuso, un comboniano sevillano, que es actualmente Secretario del Pontifico Consejo Interreligioso y Viceprefecto de la comisión para las relaciones religiosas con los musulmanes. ¿Era una contradicción del papa? Creo que no.

Durante el verano tengo la suerte de pasar unos días en el seno de la casa de los franciscanos en el santuario de la Virgen de Regla. Me siento afortunado porque allí se pueden disfrutar de cosas que no tienen precio: el descanso, la luz, el mar, el silencio, el agua, los paseos… y la gente. Entre ellos un señor callado, discreto, anónimo que decían que era un monseñor de Roma. Pero que este año lo he descubierto de un modo nuevo, al encontrarlo con la misma sencillez pero con el anillo de plata que le delata como nuevo obispo de la Iglesia católica. Eso ha dado pie a más conversación y encuentro personal.

Un apoyo y ánimo para mi trabajo en el campo del diálogo

Recuerdo cuando don Celso, arzobispo de Mérida-Badajoz, me hizo el encargo de animar la cuestión del ecumenismo y del diálogo interreligioso. Aunque había tenido contactos con este tema a nivel docente, no había realizado labor pastoral directa de calle con el mismo, ahora surgía un nuevo reto. Al buscar información en las redes me encontré con que Miguel Ángel Ayuso, ese señor discreto de Regla que traía regalos de Roma y Jerusalén a los más desvalidos de la residencia, el tal monseñor, era una pieza clave en el dicasterio romano dedicado al diálogo interreligioso, y especialmente en lo que se refiere a la comunidad islámica mundial. Preparado de desde el ámbito comboniano, ha estado más de veinte años entre Egipto y Sudán, ha ocupado cargos docentes sobre el mundo árabe e islámico, conocedor de lenguas, viajero incansabe… y hace unos años lo recabó Roma para trabajar, junto al Cardenal Turán, en esta labor tan urgente de la relación interreligiosa, por su conocimiento y experiencia tanto teológica, como pastoral, vivencial y dedicación de vida y alma a la causa.

Este año lo volvía a encontrar en la casa de espiritualidad de Regla, equipado con su anillo como indicación de su nueva situación ministerial. Toda la casa vivía el acontecimiento como algo propio y gozaban de esta cercanía del obispo, que seguía viviendo en la normalidad y humildad de todos los años, incluso más cercano y cariñoso, o al menos más expresivo.

Una bella conferencia sobre la misericordia y el diálogo entre las religiones

Ayer nos regaló una conferencia en el marco del claustro franciscano, al que acudieron feligreses de Chipiona, especialmente muchas personas de las que veranean en esta playa tan familiar y humanizadora, que tiene como centro el santuario de la Virgen. La comunidad franciscana, con motivo del año de la misericordia van organizando actividades de tipo espiritual y formativo acerca de esta actitud fundamental cristiana que hemos de traducir en obras. El obispo Ayuso intervino disertando sobre la “misericordia y el diálogo interreligioso”, desarrolló claves fundamentales de dicha actitud en el encuentro con otras religiones, aplicándolo a la relación personal en ámbitos culturales donde la realidad actual nos llama a convivir y a cuidar la casa común.

Claves sencillas y fundamentales

Las ideas fundamentales, partiendo de los últimos pontificados papales y subrayando el del Papa Francisco, que nos hizo llegar fueron sencillas como su persona, a la vez que de una gran profundidad y radicalidad. Expuso:

-El diálogo interreligioso es una condición urgente para la paz en el mundo, por eso es una necesidad y condición fundamental para los cristianos. Aunque no es sencillo, hemos de llegar al diálogo de la “amistad”, como el papa propone.

- La apertura y el verdadero diálogo viene desde una identidad con una profunda formación en nuestro ser cristiano y una buena información de las otras religiones.

- El diálogo de la amistad es un compromiso: Saliendo de nosotros mismos con la palabra, escuchando la palabra del otro, haciendo que las palabras se encuentren y se unan, para que puedan encontrarse los corazones, y ha de acabar con un buen apretón de manos: Palabra, corazón y manos. Así de sencillo lo expone el papa Francisco.

- El diálogo no es algo teórico es un reto para vivirlo a pie de calle, en todas las iglesias locales y parroquiales, sólo así se evitarán los simplismos que acaban que en fundamentalismos. La comunidad internacional a través de la ley ha de acabar con el terror que nos invade, y nosotros hemos de aprovechar este momento: para conocernos, amarnos, ayudarnos y defendernos de esta plaga de terrorismo que ataca al mundo y a la humanidad. Todos los que tenemos sentimientos religiosos hemos de unirnos en la lucha para la dignidad humana y el cuidado de la casa común de la creación.

- Es también momento de orar, de conversión, para hacer la paz nuestra tarea, pedirlo desde nuestros corazones religiosos.

- Concluyendo: La cuestión del diálogo hoy tiene una importancia fundamental, el papa nos dice que el diálogo interreligoso no es otra cosa que hacernos compañeros de viaje, en nuestro peregrinar terreno, hacia la verdad. Saber ir con todos los hombres de buena voluntad que tienen sentimientos religiosos auténticos, fuera de todo descarte y exclusión indiferente, divisoria y violenta, buscando la verdad y el reino del paraíso prometido y esperado desde la fe.

Un ministerio sencillo para dialogar a pie descalzo

De este modo Monseñor Ayuso, traía a pie de calle y de playa los discursos y el trabajo elaborado y cuidado a nivel mundial del Vaticano en su trabajo por el verdadero diálogo entre las religiones, ni que decir tiene que no es un obispo para la curia, sino que se ha elegido un apóstol para la Iglesia del diálogo que quiere caminar por la amistad, el papa cuenta con él para esta labor tan esencial hoy. Subrayo esas claves del Papa para el diálogo, que seguro que van a ser las de este obispo para su misión apostólica: Palabra, corazón y manos.

José Moreno Losada, desde el Santuario de Regla en Chipiona.

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El amor verdadero

A la luz del Papa Francisco

Ahora es el papa Francisco el que nos ayuda a profundizar en la afectividad realizada en el amor de Cristo, nos presenta, desde las claves que da san Pablo en su himno a la caridad en la carta a los Corintios, las pistas para discernir y aspirar al mejor corazón, al mejor carisma y a la mayor felicidad, al amor más auténtico. No es una obligación, se trata de una sensibilidad integrada e incrustada en nuestras entrañas, de un modo de ser y de sentir con respecto a nosotros mismos, los demás y Dios. Lo tomamos de su comentario al texto paulino en la exhortación “Amoris laetitia” (La alegría del amor). Lo hemos sintetizado como algo nuclear del documento y del pensamiento del Papa, aunque no es lo que más se difunde. En las jornadas de formación de los jóvenes universitarios será tema central a la hora de juzgar acerca de la afectividad y de las relaciones.

Por un amor verdadero:

I.- El amor es paciente, su paciencia se afianza en el reconocimiento de que el otro también tiene derecho a vivir en esta tierra junto a mí, así como es. Que tu amor sea ejercicio de una profunda compasión que te lleve a aceptar al otro como parte de este mundo, también cuando actúa de un modo diferente a como a ti te gustaría.

II.- El amor es servicial, se expresa más en las obras que en las palabras, se hace fecundo cuando nos entregamos y nos donamos sin medidas, sin reclamar nada a cambio, cuando lo hacemos por el solo gusto de dar y de servir.

III.- El amor no tiene envidia sino que procura descubrir su propio camino para ser feliz, dejando que los demás encuentren el suyo. Lo que sí hace es rechazar la injusticia y buscar a los que sufren para ser causa de su alegría, con deseos de verdadera equidad.

IV.- El amor es humilde y sabe que para poder comprender, disculpar o servir a los demás de corazón es indispensable sanar el orgullo y cultivar los sentimientos de humildad.

V.- El amor camina por la senda de la amabilidad, genera vínculos, cultiva lazos, crea nuevas redes de integración, construye una trama social firme. Para ello ejercita la capacidad de decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan.

VI.- El amor se hace excelente cuando se desprende de sí mismo y es capaz de ir más allá de la justicia, se desborda en gratuidad total sin esperar nada a cambio, hasta llegar al amor más grande que es dar la vida por los demás.

VII.- El amor no se deja vencer por el mal, reacciona ante la molestia con la bendición del corazón, deseando el bien del otro, orando por su liberación y sanación del espíritu del mal, deseando su bendición.

VIII.- El amor no permite que los malos sentimientos penetren en sus entrañas, no deja que el rencor se adueñe de sus sentimientos, al contrario intenta comprender la debilidad ajena y trata de excusar a las personas como hacía Jesús.

IX.- El amor huye de la venganza que se alegra de la injusticia ajena, sino que se alegra con el bien del otro, cuando se le reconoce la dignidad, cuando se valoran sus capacidades y sus buenas obras. Le hace feliz la felicidad del otro porque no se cierra en si mismo ni en sus propias necesidades.

X.- El amor no se deja vencer por las amenazas, se impone contra toda dificultad o juicio, no exige que el amor del otro sea perfecto para valorarlo. Acepta que el otro ama como es y como puede, con su límites, que su amor es real aunque sea limitado y terreno. Por eso convive con la imperfección, la disculpa y saber guardar silencio ante lo limitado del amado.

XI.- El amor confía, deja en libertad, no domina ni posee. Favorece con su libertad la sinceridad y la trasparencia del otro al donar confianza, le ayuda a mostrarse realmente como es.

XII.- El amor sabe de esperas y de esperanzas, sabe que el otro puede cambiar, que en su interior está el bien, y sobre todo sabe que en el corazón del Padre está llamado a la plenitud del Cielo, por eso le puede mirar con esperanza, en plenitud aunque ahora no sea visible su amor.

XIII.- La persona que ama es fuerte, capaz de romper la cadena del odio sol en las manosy del mal, lo soporta todo y no se deja dominar por el rencor, el desprecio hacia los otros, o de lastimar o cobrarse de algo. El amor lo es a pesar de todo, es más fuerte que la muerte.

Conclusión:

“Y si no tengo amor no soy nada…”

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Juventud, afectividad y modas

“Más allá del botellón”

Navalperal de Tormes, Solana de Ávila, Puerto perales, Losar de la Vera… Son nombres y lugares de verano que me llenan de fuerza y de vida a través de los jóvenes estudiantes extremeños con los que he compartido vivencias de formación en claves de humanismo cristiano que, de alguna manera, han ido jalonando también mi propia vida y mi ministerio en medio de ellos.Ahora ya estamos preparando las jornadas que celebraremos los próximos días, del 23 al 30 de Julio, en la garganta de Cuartos, en el albergue-campamento de la diócesis de Plasencia.

Adolescentes y moda

Jóvenes y modasLos jóvenes de la Juventud Estudiante Católica, estudiantes de instituto y universidad, se plantean cada año aspectos de su formación humana y cristiana que necesitan y por los que tienen verdadero interés, en orden a ir construyendo sus vidas y dando pasos de unificación y madurez personal. Concretamente este año, los de secundaria han optado por adentrarse en el mundo de las modas para analizar aspectos tan importantes como qué son, cómo funcionan, qué lenguajes utilizan, a quiénes se dirigen, con influyen y configuran el pensar y el sentir de los jóvenes, que ganchos y prejuicios utilizan, que consecuencias tienen a nivel personal, ambiental, estructural… Se trata de descubrir esas modas y de ver cómo están siendo ellos en medio de ellas. Después se adentrarán en contrapuntos y dialécticas, con el deseo de ser auténticos y originales, rompiendo esquemas uniformados de influencia externa social, económica, cultural. El evangelio será lugar de referencia y la humanidad de Jesús que se impone a modas que no son de vida ni de verdad, él que es la verdad y la vida, y muestra otro camino, que no es de éxito sino de fecundidad y de realización integral de las personas. Desde este querer ser libres y originales, aparecerán los caminos para integrar las modas superándolas, siendo ellos los que las manipulen y no al revés. El tema se abre con un horizonte inusitado. Un grupo de animadores expertos están dándole al coco para ayudarles en este deseo tan limpio que tienen de formarse y crecer en su propio medio y ambiente.

“Afectividad, sexualidad y pareja”

Los de universidad se atreven con un tema complejo y fundamental: “la afectividad, los sentimientos, la pareja, la sexualidad”. Todo ese mundo de relaciones y afectos que acaban determinando quiénes y cómo somos, sentimos, pensamos y actuamos. Entrar en ese mundo misterioso a pie enjuto, con deseo de claridad y profundidad, para ser más y mejores, es todo un reto que habla bien de ellos mismos, de su sinceridad y transparencia, así como su deseo de tener su vida en su propias manos, para ser ellos los que vivan, amen, sientan, se encuentren y proyecten futuros de vida y amor auténticos en todas las dimensiones. Todo a la luz de un Dios bueno, que según nos fue creando en todas las dimensiones de nuestro ser fue hablando de bondad y nunca de miedo ni de peligro, sino de posibilidades y afectos de amor generoso, tanto en el cuerpo como en el alma. Ahí estarán amigos bien instruidos para acompañar, unos que unen medicina y psicología, otros que saben de docencia y de trabajo con interioridades y afectos, alguno que desentraña la palabra del Evangelio abriendo horizontes, y también aquellos que han vivido ya procesos de afectos, entrega, compromiso, pareja y pueden ayudar a abrir caminos y medios de crecimiento en los temas e inquietudes que se despiertan en el campo de lo afectivo y lo amoroso.

Un paraiso abierto

La formación se vivirán en un contexto de naturaleza envidiable, de convivencia fraternal y alegre, de descanso y gozo, todo un paraíso compuesto por los mismos jóvenes, sin más aditamento externo, que la realidad de espíritus inquietos que siguen siendo el presente y la esperanza de esta sociedad en la que habitamos. No sé si son ya las veinticinco jornadas de formación que son organizadas desde este movimiento de la Juventud Estudiante Católica de Extremadura, pero para mí –que les acompaño ya cubierto del gris plateado de unas canas juvenalizadas por ellos- son un espacio de motivación únicas y las espero como oasis en el caminar de lo diario. Nos vemos en Losar dentro de unos días. Estamos abiertos para compartir con otros jóvenes estudiantes inquietos de institutos y universidades.

Un saludo especial para Manolo Méndez y Loly durán, nuestro queridos cocineros y cómplices en los últimos años, que no podrán estar por motivos de salud. Os queremos ver pronto con nosotros.

José Moreno Losada.

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