Trabajo y dolor

La Iglesia ante el paro (1 de Mayo)

En estos días Cáritas da cuenta de su trabajo y su implicación en las cuestiones sociales de dolor y sufrimiento de las personas en nuestra sociedad. Han presentado sus datos sobre la cuestión acerca del paro y el acompañamiento que se hace a los parados que acuden a esta institución para lograr acceder al mercado de trabajo. Es un trabajo de formación para una cualificación que abra caminos de posibilidades, así como de preparación en la búsqueda del trabajo, y de red para lograr posibles empleos dignos. En el último año parece ser que se le ha ayudado a unas doce mil personas a encontrar un puesto de empleo, aunque han sido más de sesenta mil los que se han acercado con esta necesidad. Se trata de un signo, entre otros, y de una actitud de la Iglesia ante el problema del paro y el sufrimiento de las personas que lo padecen. Al hilo de esta acción ha de estar el compromiso de todos los cristianos, en nuestro ser de ciudadanos, que estamos llamados por nuestra propia fe y su doctrina social a implicarnos para un compromiso de justicia y dignidad en nuestra sociedad con todos aquellos que más lo necesitan dada su debilidad.

Somos conscientes que desde el comienzo de la crisis las cifras de desempleo vienen aumentando. En términos absolutos, podemos encontrar en la Encuesta de Población Activa que casi seis millones -5.933.000- de personas entre 16 y 65 años estaban desempleados al día de hoy en España de las que 175. 000 viven en Extremadura.

Estamos ante un fenómeno devastador que adquiere una mayor relevancia si se observa la situación de los jóvenes: la tasa de paro juvenil –menores de 25 años- es de las más altas de la Unión Europea, un 55%, que llega hasta el 61% en Extremadura.

La dureza de este problema no se limita a este trimestre de 2014, ni siquiera a todo este año. El tiempo transcurrido desde el inicio de la crisis y el aumento del porcentaje de parados que llevan más de dos o tres año buscando empleo hace que los instrumentos públicos de protección frente al desempleo hayan perdido eficacia. Cada vez es mayor el número de desempleados que agotan las prestaciones a que tienen derecho y deben acogerse a prestaciones como las lentas rentas básicas, que no acaban de llegar como debieran a los que más sufren. Ha surgido con fuerza el papel de la familia como última red de apoyo, en muchos casos ya casi agotada.

Esta situación, que se va prolongando en el tiempo pone en peligro el futuro de una sociedad pues como dice la DSI “la capacidad propulsora de una sociedad orientada hacia el bien común y proyectada hacia el futuro se mide también, y sobre todo, a partir de las perspectivas de trabajo que puede ofrecer” (CDSI 289). El alto índice de desempleo supone un grave obstáculo en el camino de la realización humana y profesional de muchas personas, sobre todo de los jóvenes que observan impotentes cómo su futuro se ve truncado con el riesgo, además, de quedar al margen de la sociedad y de convertirse en víctimas de la exclusión social pues existe una estrecha relación, como indicaba Benedicto XVI, entre pobreza y desocupación: “Los pobres son en muchos casos el resultado de la violación de la dignidad del trabajo humano, bien porque se limitan sus posibilidades (desocupación, subocupación), bien porque se devalúan los derechos que fluyen del mismo, especialmente el derecho al justo salario, a la seguridad de la persona del trabajador y de su familia” (CIV 63).

El papa Francisco lo ha presentado como una de las mayores preocupaciones que debe tener la sociedad y la propia Iglesia, así ha sido por ejemplo en la última conversación que ha mantenido con los reyes de España, así como en el encuentro con los obispos españoles en las última visita. Hemos de esforzarnos por la dignidad que viene por el trabajo justo y su salario para todas las personas, especialmente a los más jóvenes de nuestra sociedad; para los cristianos esta cuestión es fundamental como lo vemos en el catecismo de la doctrina social de la Iglesia: “El trabajo es un derecho fundamental y un bien para el hombre: un bien útil, digno de él, porque es idóneo para expresar y acrecentar la dignidad humana. La Iglesia enseña el valor del trabajo no sólo porque es siempre personal, sino también por el carácter de necesidad”. Estamos en u momento crucial para implicarnos consciente y diariamente en el compromiso de hacer un mundo donde haya trabajo digno para todos, aunque tenga que ser con el slogan de “decrecer para crecer”: “TRABAJAR MENOS, PARA TRABAJAR TODOS”.

José Moreno Losada.

 

 

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