El Espíritu de puertas abiertas -Pentecostés-

Ante las puertas del miedo
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Pentecostés

El miedo y el temor nacen de la división que produce el pecado, que rompe la fraternidad y hunde el paraíso de la armonía de lo divino con lo humano y la naturaleza, de los hombres entre sí, con Dios y con toda la realidad creada. Este miedo es paralizante, produce desconfianza, genera inseguridad y cierra las puertas del corazón humano. El espíritu del miedo opta por la dureza y la oscuridad, para ganar en seguridad; y como el talento que se esconde para defenderse, se hace infecundo en su seguridad y dureza. Al enterrarse, el corazón queda sin el latido de lo vivo y lo generoso, sin respiración y comunicación, acaba cerrando sus puertas también a todo lo bueno y sanador que podría llegarle de la vida. Al no arriesgar, acaba con toda novedad posible y se esteriliza. Este miedo, a día de hoy, sigue ganando demasiadas batallas.
Un mundo de fronteras, cerrojos y parálisis
El mundo, llamado –en la era de la universalización y la globalización– a pensarse y hacerse de un modo nuevo, siente temor, pánico e inseguridad por la complejidad del proceso. Así, sin siquiera pensárselo, se encierra en la defensa de la seguridad como clave de salvación. Una salvación que, a fuerza de miedo, se hace excluyente y descartable, donde el otro comienza a ser enemigo y las fronteras crecen y se endurecen, congelando toda relación posible de comunión y fraternidad.
Una mirada serena a nuestro propio interior, a nuestros espacios familiares, laborales, sociales, políticos, económicos, eclesiales, nos bastará para ponerle nombre a cientos de temores, a miles de puertas cerradas, a cerrojos con candados. Una mirada compasiva nos descubrirá, inmediatamente, a los que están fuera, a los que quieren entrar y llaman a las puertas cerradas pero no son de recibo, a los que estarían dispuestos a morir para llegar hasta nosotros; pero nuestra seguridad cruel no se lo permite y los ahoga en el mar. El faraón, también hoy, tiene miedo en su poder y en su riqueza, e impone su terror como clave de organización del mundo y de lo humano. Porque nada vale más que la seguridad y la defensa…
Otro Espíritu es posible, el de la confianza
Pero este miedo, fruto de la muerte, que se apodera expropiándonos de la confianza que hunde sus raíces en el amor, ya tiene sus días acabados. Cristo ha resucitado, la muerte ha sido vencida y el miedo, aunque conquistó algunas batallas, ha perdido la guerra. El Resucitado tiene el poder y la gloria, y cumple su promesa definitiva: nos envía su Espíritu. Espíritu de valor y confianza, de fortaleza y verdad, de amor y gracia. Es el Espíritu de la libertad, que arranca las puertas de los temores y las seguridades para abrir las ventanas del riesgo en el amor comprometido; del fuego que aviva la lucha por la dignidad y la posibilidad de la reconciliación del hombre herido y hundido con Dios pródigo y sanante –el que enriquece el desierto de la división entre los humanos con la lluvia de la compasión y la misericordia–. Es el Espíritu que hace posible otro mundo, que nos lleva al cuidado de la naturaleza: la ecología que se hace comunión y se humaniza, frente al miedo del destrozo del universo y de los que lo habitan.

Es el Espíritu de Dios, del amor, de lo comunitario y lo común.
En Él ya no es posible encerrarse, ha traspasado las puertas y los cerrojos afianzados, nos hace abiertos de corazón y de mente, frente a las reservas y las dudas del temor. Con sus dones, comprendemos que el universo es nuestra casa y nosotros no somos extraños en ella, que la humanidad no va al vacío de una existencia de la nada, sino a la Casa Común del Padre, y que la senda es la de los hermanos en la comunidad, para llegar al sentir del amor trinitario en su eternidad y su libertad absolutas.

Ahora es el tiempo de la comunidad en libertad, el tiempo de la Iglesia

Somos la Iglesia del Espíritu Santo, del Espíritu de Cristo Resucitado. Ahora es el momento de acabar con todos los miedos y los temores para vivir eternamente desde la confianza. En medio de este mundo, siempre tentado por un poder y una riqueza miedosos y encerrados en su deseo de seguridad, la Iglesia está llamada a abrir todas sus puertas y ventanas para que el Espíritu que ha recibido, se haga extensivo para todo el mundo y toda la creación. Ella no puede ser frontera cerrada para la libertad. Hoy, ha de abrirse al impulso del Espíritu que le dice que ha de ser «Iglesia en misión, en salida, compasiva, generosa, de perdón y sanación, de fuerza para los débiles y denuncia para los injustos y los inmisericordes», para llamarlos a la conversión de corazón.
Los retos a los que le empuja el Espíritu a la Iglesia actual siguen siendo los de aquel Pentecostés primero:
– Abrirse a las sugerencias del Espíritu para tener un lenguaje nuevo, una lengua de luz y de verdad, de libertad y de justicia, de coherencia y entrega radical.
– Llegar al hombre de hoy y hablarle en su propio idioma, en su dolor y angustia, en su pobreza y cansancio, en su desnortamiento y agobio, para más allá de las diferencias y las divisiones implantadas, llegar a entender a todos y a ser entendida en su mensaje de amor y gracia.
– Le toca abrirse, como nunca, al lenguaje del ecumenismo y del diálogo, en la verdadera libertad y en el deseo del encuentro de lo más humano y lo más digno. Ahora no estamos para distinguirnos, sino para salvarnos; para salvarnos todos los cristianos en Cristo y todas las religiones en el amor. Nos toca amar sin fronteras y sin límites porque es lo propio de nuestro Espíritu.
– La Iglesia, en su interior, hoy como nunca, se siente impelida por el Espíritu para vivir la diversidad de dones, ministerios y funciones atendiendo al bien común, sabiendo que es un mismo Dios el que obra todo en todos. Sólo así será una Iglesia creíble.
– El mundo, hoy, lo que más necesita y pide, en todo su dolor y división, en todos sus miedos, temores y parálisis, es el Espíritu en el que todos nosotros hemos bebido.
– Pentecostés desea manifestarse hoy en todos los que hemos sido bautizados en el Espíritu de libertad, que ha vencido todos los miedos y los temores que hieren el corazón de lo humano.
La Eucaristía, la liturgia de hoy, quiere prolongar el único Pentecostés del Resucitado. Por eso, una vez más, nos dará a comer su Cuerpo y su Sangre. Y así, nos da su propio Espíritu: para que no desfallezcamos en la misión y para que nuestra fuerza sea, aún mayor, que toda nuestra cobardía.
Oración – Secuencia
(Apuntes elaborado para la revista Homilética

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Loncha, el síndrome de Rett y Dios.

Un rostro con luz
Elonchastoy convencido de que Dios nos tiene preparado cada día un trozo de pan resucitado que nos llega en clave de misterio, y que la mayoría de las veces se acerca como el Señor a los de Emaús de un modo anónimo, casi desconocido, y en las señales curadas de los clavos de las manos y la lanzada del costado. Así me ocurrió ayer, otra vez sorprendido por la gloria del resucitado que llegó en la alegría del crucificado que en el amor encuentra la luz, y se iluminó en el rostro de Loncha. Aunque ya sabía de tu existencia y algo me habían contado, no es lo mismo que cuando uno se encuentra cara a cara y tiene la posibilidad de acariciarte y tocarte.
Una generación con espíritu
Habíamos quedado después de la misa de la tarde, tu madre Teresa y la amiga Trini con el objetivo de diseñar la liturgia celebrativa del encuentro de los alumnos que hicieron el bachiller y COU en los maristas hace cuarenta años. Se han visto en más de una ocasión y viven entre ellos algo muy interesante, hay un espíritu que permanece y que los convoca más allá de la necesidad de relaciones que todos tenemos y que ellos las tienen colmadas, familiar y profesionalmente. Se encuentran para celebrar el memorial de lo vivido, del fundamento del sentido de la vida, aquel conocerse gratuito que los unió en la diferencias de origen, que los cualificó para poder acceder a la universidad y cualificarse profesionalmente, llegar a quererse e incluso unirse en la fundación de familias, y los envió al mundo a seguir construyendo la realidad de lo humano y lo social. Allí diseñamos una estructura vital y participativa para que la eucaristía pueda ser sacramento de la vida celebrada y fundamento de lo que queremos seguir siendo y viviendo. Hablamos de que lo fundamental de la vida está más allá de lo conseguido por nuestras fuerzas, más bien en la capacidad de saber vivir fecunda y esperanzadamente lo que nos va llegando, muchas veces más allá de lo proyectado, incluso en contra de lo esperado. Así en teoría muy bien, pero y la realidad…
Comulgar con los límites, lo divino del dolor
La realidad vino después, era hora de poder tomar algo juntos y se unieron Jesús y Matías, los esposos de la liturgas. Y buscamos un sitio que fuera propicio y cercano para que se incorporara también Loncha. Loncha es la querida hija de Matías y Teresa, tiene quince años. Nació preciosa y viva, andarina, nadadora, risueña, incluso competidora, le dio un bocado a Benito… pero llegó la progresiva paralización sin explicación, hasta que fue diagnosticada con ese nombre , que significa mucho pero explica muy poco, el síndrome de Rett. Con él llegaron los límites y la postración. Ahora había que comulgar con la cruz que rompía el camino de una vida normalizada y segura, ahora comenzaba lo mistérico multiplicado, el no saber, el tener que aceptar, el luchar, el acompañar, el dolor, el silencio, la incapacidad. Dos realidades muy distintas, la hija Teresa fuente de preocupaciones para que en su normalidad se abra a la vida y construya su persona, ya estudiante de Farmacia en Sevilla, y Loncha alguien de quien ocuparse y de la que se reciben muchas satisfacciones en las cuestiones más sencillas y diarias de la vida: una mirada, la intención de una sonrisa, el gesto de cabeza, la palabra sospechada, el dolor atendido, la caricia recibida y no exigida nunca, el abrazo gratuito, la permanente espera sin más… Todo un mundo lleno de vida, que no todos pueden ver.
Abrir los ojos para ver más allá, la visión de Dios
Ahí está el milagro, no todos los pueden ver. Teresa y Matías ven lo que no todos pueden ver. A su lado se ha puesto Jesús de Nazaret, de un modo anónimo, muchas veces en personas del entorno, en otras niñas con la misma enfermedad y sus familias asociadas, y sobre todo en la persona y en el cuerpo de Loncha. Ahí se les ha revelado el mayor Dios de la historia, el poderoso que se da en la debilidad, y ahora, aun en medio del dolor y las crisis, es el mayor tesoro de sus vidas, de su matrimonio, al que abrazan de un modo único porque única es ella como Dios, es divina, ilimitada en su límites. Una joya, una corona que ellos llevan con orgullo allá donde quiera que vayan. Han sido elegidos y lo viven como un camino de realización humana, han elegido la mejor parte y ahora ya nadie se lo puede quitar. Ven el mundo y la vida con un sentimiento mistérico y glorioso, tienen una sensibilidad, que sin Loncha nunca hubieran tenido, se lo deben a ella. Son las personas que son, son mejores, porque ella los ha hecho buenos. Les gustaría ser limpios, sencillos, auténticos, entregados, confiados, pobres, acogedores… como es ella, como es su corazón, su mirada, su gemido, su guiño, sus gestos pequeños de avance casi incalculables por pequeños y grandiosos a la vez. O sea, un modo de recibir el misterio y la cruz, que reciben gloria los que la abrazan.
Dios, Loncha y el abrazo de  sus padres
Ayer vi a Teresa y Matías abrazar a Loncha, como sólo Dios y María supieron abrazar a Cristo crucificado para resucitarle. Ayer el crucificado resucitado estaba en el rostro de Loncha que me pareció maravilloso y en el amor de sus padres que me pareció mistérico. Ellos sufren porque hay gente que no saben ver a Dios en su hija, aunque hay muchos que colaboran con ellos, especialmente profesionales , como en el colegio de la Luz y otras asociaciones. Yo ayer daba gracias al Padre porque ha enseñado estas cosas a los sencillos de corazón, y hay mucha gente que descubren su sentir y su amor en el dolor y la limitación, como estos padres en su hija con el síndrome de Rett. Yo quiero ser como en ellos ante la vida.

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Cenizas y corazón

“El amor es más fuerte que la muerte”

(Desde el dolor esperanzado de una madre rota)

En los próximos días llegarán las cenizas de dos jóvenes y serán depositadas en un camposanto de un pueblo extremeño donde reposarán con los suyos. El quehacer de enterrarlos de su madre me abren al dolor esperanzado del sentido de la vida en la resurrección.

María José Risco , es extremeña de corazón universal como muestra su currículum y su vida, por eso va a traer las cenizas de sus dos hijos queridos a nuestra tierra para que descansen con los suyos para siempre. Lo hace en cuaresma, en tiempo de ceniza, cuando hablamos de la muerte como el camino para la vida. Lo hace con el corazón roto, con la entrañas abiertas y desgajadas, abrazada al hijo que le queda en esta historia, para poder seguir abrazándolo físicamente y ser, por él, abrazada, como sacramento de una realidad familiar que exige ser eterna porque ha sido verdadera y única.

Quedan atrás los años en que, tocada de inquietud y de sentido profundo del bien interno de su profesión, traspasó los mares y se encarnó en Guatemala, para adentrarse con corazón y vida en proyectos de cooperación en el deseo de una justicia que iguala y dignifica a los humanos. Guatemala fue su casa, su pueblo, su vida y, por lo mismo, su amor, allí se enamoró y se casó, fruto del matrimonio, nacieron sus tres hijos. Ella, siempre consciente, de que los hijos son de la vida y no propios, caminó con ellos animando sus alas de libertad, verdad, compromiso con la vida y su propio interior, con sus ilusiones y sus esperanzas. Libertad que posibilitó que Guillermo viviera con ella, estudiando en España, y que Alejandro y Cristina realizaran sus vidas, junto a su padre que falleció hace un año, en el mismo día que acaban de morir ellos, en tierras gualtemaltecas, formándose y trabajando en aquella realidad en la que se sentían identificados, amando sus posibilidades y sus limitaciones, como si fueran propias.

Y ahora el dolor de una violencia mortal, en aquella tierra y pueblo amado, los arrebata no sólo del abrazo de la madre sino también de la vida. Empujados por la violencia y la pobreza del robo, sin sentido, en una estructura de corrupción y poca seguridad, han sido arrojados de este mundo y han tenido que vivir su horizonte personal de muerte en la juventud más pura y más nueva, cuando sólo contaban con veinte años. Dos vidas, mellizos en una misma hora, abiertas al amor y la esperanza, llenas de fuerza y de alegría, con un entusiasmo que sobrepasaba el tiempo y no encontraba lugar para tanta inquietud y deseos de vivir y hacer.

El lugar que fue fecundado con la inquietud y la generosidad de aquella voluntaria joven, después madre consagrada, ahora se convierte en cementerio triste de una luz apagada en este horizonte. Aquella voluntaria, hoy es forzada desde unas cenizas que sólo son amadas por lo que fueron, pero aún no apaga la luz de lo vivido y se agarra a esa realidad tan pura y auténtica, para poder seguir esperando junto a la cruz, de pie –como la madre de Cristo-, erguida por la verdad de lo amado, por la fuerza de lo vivido, por el deseo de lo eterno, sabiendo y esperando que la injusticia y el mal no tengan la última palabra.

Ahora le toca a esta madre y a esta mujer, de raíces fuertes y firmes como las encinas de esta tierra extremeña, elaborar un duelo desde el credo de sus entrañas, el credo que asentado sobre el deseo de la justicia, de la igualdad y de la dignidad humana, le empuja con dolor a expresar que “el amor –como dice la Sagrada Escritura- es más fuerte que la muerte”, que el amor no puede morir y los amados tampoco. Ahora le toca, con los dolores de aquel parto doble, gritar y esperanzarse de que habrá un cielo nuevo y una tierra nueva, en la que éstos que están grabados a fuego en el corazón de los suyos, especialmente de ella como madre y de su hijo como hermano, vivirán para siempre y volverán a encontrarse. Ahora le toca, con el llanto de la madre herida, manifestar que todo ha merecido la pena, que ha sido afortunada en su ser y hacer, en la vida de estos hijos que ha acabado tan injustamente, pero no sin sentido porque han amado y son amados, que quiere seguir trabajando por la igualdad y la dignidad de todos los hombres y en especial de ese pueblo que le ha roto sus entrañas y al que ha querido y quiere entrañablemente.

Y yo, que acabo de recibir la noticia, de un buen amigo, Pedro, que está unido en la verdadera amistad con María José, y se encuentra en aquellas tierras para facilitar el viaje de los restos para ser enterrados en la debilidad de la ceniza, en tierra extremeña, rezo a Dios, imaginando el dolor de la madre, por una violencia tan injusta, lo imagino en un corazón tan humano, tan voluntario, tan comprometido, tan maternal, con esa pregunta eterna por el mal injusto y el dolor inocente, desde el amor más puro. Ahora su fe, sólo su fe movida por el amor, la podrá mantener en pie y le da fuerzas para escribir la líneas que acabo de leer con las que se ha dirigido al pueblo de Guatemala para una celebración eucarística en honor de sus hijos, que estuvo llena de vida y de esperanza, entre jóvenes y personas queridas, con cantos de resurrección y amor. La misma fe que le mueve a desear una celebración aquí, en nuestra tierra, que transmita lo que sus hijos le transmitían a ella: ilusión y esperanza, de ese amor que por verdadero es más fuerte que la muerte.

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Oración sacerdotal al atardecer

“Escudriñar los signos de los tiempos”

LA VIDA

Reunión de pastores, consiliarios extremeños, buscando e indagando desde la vida el modo de estar y acompañar a movimientos apostólicos de Acción católica, cuando buscan caminos de profundización y renovación en la actualidad. Una cuestión de fondo acerca de las posibilidades y dificultades que nos encontramos en la realidad de hoy para poder acompañar en la iglesia y en el mundo. Una mañana de análisis compartido y profundizado, queriendo encontrar luz y gracia para el momento que vivimos. Un apunte entre otros…

Nos vemos traspasados por una realidad envolvente, que cuesta percibir y ponerle nombre, aunque todos la sentimos y padecemos. Hay un alejamiento, una ruptura de este mundo, que afecta a todo lo humano y, por lo mismo, a todo lo cristiano. Las instituciones, la economía, la política, el modus vivendi actual, están articulados desde el miedo y el deseo de seguridad. Ahí se va toda la vida, en alcanzar y conservar. El mundo queda dividido en dos planos de lo humano con una frontera muy flexible y peligrosa, los integrados y los que está fueran o van cayendo. Y la Iglesia caída en la tensión, preguntándose quién es y qué quiere.

Los que somos y estamos

Los integrados se ven absorbidos por la realidad en la que se integran, han de dar la vida para alcanzar lo que tienen y tienen que seguir dándola para no perder y poder conservar lo alcanzado, siempre a precios más altos. Sus vidas se dan en la rapidación brutal que no permite la opción, el proceso, la idea, ni la meta personal. La ideología no ha lugar, la religión ,la iglesia,tampoco, aunque se necesita como consuelo y no se tira porque hay momentos en que puede darnos de beber algo distinto. La Iglesia vive y se organiza desde ellos, no son los más grandes, son luchadores que se consumen en un éxito siempre fungible. No tienen tiempo para compromisos ni proyecto con metas de horizonte interior o profundo, y mendigan hasta el silencio. Por eso conviven con su fe y no la destruyen, pero no pueden vivirla. Mantienen la institución pero no pueden construirla ni vivirla, solo en las circunstancias, en los momentos… pero ni siquiera en la relajación, donde tienen que consumir lo exótico para poder descansar de lo obligatorio, se hace santo el viaje o la playa, más por necesidad que por lujo. Nuestros niños tienen agendas de integrados y su estrés es el camino de su salvación para el mundo, la religión es una catequesis de minutos sin hora, saliendo aprisa minutos antes para aprender otros idiomas, que el del evangelio no es tan eficaz. Nuestros jóvenes entre luchas y disfrutes, tensiones y poca esperanza se erasmizan y se internacionalizan, sin poder pensar en los otros que son muchos, demasiados, y su tiempo está muy cotizado, no les pertenece, se lo demanda el banco del mercado, que les dirá mañana para lo mismo decir mañana, a los que no son los primeros y elegidos.

Los que no son ni están: las migajas

Y en el otro nivel, los que desisten y viven la integración en el desalojo de toda inquietud, proceso o deseo, los que se encarnan en los límites y los aceptan para siempre, ocupándose o vaciándose de la simple supervivencia. Son muchos, pero los necesitamos, por eso seguirán viviendo. Más allá están los que no necesitamos, que son muchos más, los que están en el miedo de la desaparición y se disponen a morirse en el intento, porque más vale ahogarse en el mar, o helados en el frio de la nieve, que enterrarse en la propia tierra. Toda una humanidad sufriente, dolida ya sin dolor, viviendo sin esperanza, acostumbrados a la sombra sin ni siquiera algún lunes al sol. A estos no llegamos sino es con alguna ayuda desde donde podemos, no sé si desde lo alto. No son parte viva de la Iglesia, no son nuestros de comunión, no nos organizamos con ellos ni desde ellos, están fuera y los atendemos, pero no nos acercamos. Los pobres, los débiles, los últimos, los anónimos, los caídos… los que nos adelantarán en el Reino de los cielos.

Nosotros

Desorientados y desnortados… volvemos sobre nosotros, nos volvemos a preguntar, a programar, priorizar… pero estamos perdidos, muy perdidos, ni siquiera sentimos la tensión de “Dios o el dinero”… no sabemos escudriñar los signos de los tiempos, nos resguardamos de la intemperie, aunque ya no resiste el sombrajo y se agrieta con esa lluvia que no es querida pero que dicen que trae la vida y la primavera.

LA PALABRA

“Cuando veis subir una nube por el poniente, decís enseguida: “Tendremos lluvia”, y así sucede. Cuando sopla el viento sur, decís: “hará calor”, y así sucede. Hipócritas, si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y el cielo, ¿cómo es que no sabéis interpretar el “momento presente” (Lc 12,54-59)

ORACIÓN

De nuevo Señor, al atardecer, siento la mano bendita y amorosa de tu bendición en el sol que declina y se desnuda en la ausencia, cuando ya va de caída. Contemplo cómo la nube grandiosa lo cubre y lo viste, como nodriza amable, para adentrarle en la noche de su descanso. Pero yo sigo con el interrogante peregrino de lo humano y lo divino, deseando saber, con todo lo creado que me rodea, quién es el hombre y a dónde va. Me lo pregunto en la mañana cuando ese sol comienza a brillar, y en la noche cuando con su marcha nos llega el frío y la oscuridad.

Somos, Padre, hijos del momento, nos vemos abocados a interpretar el presente y lo hacemos siendo perdidos, aunque hablamos de Oriente y Occidente, de Norte y de Sur, sin más referencia que los límites que nos sobrepasan y se imponen: ¿Qué nos está pasando? ¿Quién, qué y a qué nos están llamando? ¿Qué afirma este grito gigante y multitudinario de dolor humano sabido y contrastado? ¿De donde viene la sordera universal en el ahogo de la dignidad machacada en la inocencia más pura y martirizada de la historia? ¿Qué intereses, tan anónimos como encarnados, son los que mueven los hilos de este mundo donde han sido expulsados y masacrados los quijotes y los buenos sanchopanzas?

¿Y dónde estás Tú, mi Dios… dónde tu rostro, tus manos, tu costado, tu sangre, tu cuerpo, tu cruz y tu calvario, tu amor, tu grito, tu sed compasiva y entregada en el espíritu? – Tu clamor en la brisa me responde: en las víctimas sacrificadas y en los corderos degollados. Y yo grito: “Silencio”, como si de una película del momento se tratara.

¿Dónde tu Iglesia, tus elegidos, tus apóstoles y enviados, los profetas del pueblo, los mártires y los confesores, la multitud de testigos que han lavado sus mantos en la sangre de aquél cordero… y dónde estoy yo, ellos…? Desorientados, desnortados, asegurados y acomodados, dormidos y separados, con discursos que no acaban y conceptos tan discutidos como vacíos, todo en la vaciedad de lo abstracto, de la coma y del término que justifica hasta la violencia y la separación. Señor, qué desajuste y desasosiego, cuando no acedia y apatía, necesito tu voz y tu ofrenda, como el ciego del camino pido un milagro para verte, para verme, para ver mi mundo, para entender el momento.

Y sólo tu ofrenda, cuando cae la tarde, me envuelve y me salva de estos poderes e imperios que se imponen, tensos y acabados, dentro y fuera de tu cuerpo amado, de tu unidad querida, en la historia, la humanidad y el universo, la ofrenda de ti mismo como fuente y horizonte: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados…aprended de mí que soy manso y humilde”…

Danos, Jesús, tu mirada y tu espíritu para desentrañar nuestro momento, enraízanos en ti y haznos crecer en tu gracia y tu luz. Envíanos de nuevo y libéranos de todos los miedos acomodaticios y conservadores que nos invaden y absorben en nuestra iglesia, en nuestras comunidades, en nuestras tradiciones. Lánzanos a la verdad desnuda de lo humano, a la compasión de las entrañas, al corazón de tu encuentro, allí donde todos están en ti y nada está fuera de tu amor. Rompe todos nuestros odres centenarios y carcelarios que nos detienen y anulan, danos el vino nuevo de tu espíritu, para que borrachos de tu gracia volvamos a ti y te encontremos encarnado, crucificado y resucitado, haz que volvamos a meter nuestros dedos y nuestras manos en tu costado y en tus clavos. Renuévanos por dentro y danos un espíritu firme, ayúdanos a ser creativos y creadores en la humildad del momento y en sencillo de la humanidad atribulada en los pobres y cansados de hoy.

Espíritu divino, te siento vivo en el deseo que me habita, aunque me veo roto y descosido por dentro y por fuera. Gracias por poder compartir con los hermanos, con los que busco cercanía y luz en lo desnortado y desorientado de nuestra ceguera institucional y nuestra pobreza pecadora. Tú nos vuelves a llamar y a invitar para seguir dando pasos, sin dar palos de ciego, desde un corazón compasivo, como el tuyo, abrazados con todos los que, como nosotros, esperan tu palabra de vida y tu aliento. Solo tú Señor, puedes abrir nuestros ojos y nosotros, como el ciego del camino, te suplicamos como Iglesia al atardecer: “Señor, que vea”.

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¿Inocentes y culpables?

Los santos inocentes

Hoy 28 de Diciembre hemos vuelto a jugar con el gozo de la inocencia y de las inocentadas. A mí me han llegado de varios sitios, amigos, grupos, hasta de las hermanas contemplativas. La alegría de aquellos que aun sin saberlo son testigos vivos de Cristo Crucificado, y forman parte del cortejo del Cordero que da la vida por los otros. El recuerdo de la gloria de los mártires. Pero el papa Francisco, siempre atento a la palabra de la Vida, ha querido unir a los mártires de los primeros siglos, a los mártires actuales. Cada seis minutos muere una persona en el mundo por el hecho de ser cristianos. Nunca en la historia hubo tantos mártires cristianos y es la religión con más martirio actual en el mundo. Y a esta religión cristiana es a la que pertenecemos muchos de nosotros, ciudadanos del primer mundo y en libertad, que podemos proclamar y confesar nuestra fe con libertad, aunque a veces podamos sentir que falta consideración con el hecho religioso en nuestra sociedad laica y secular.

Un día de regalo y gracia

El día para mí ha sido agradable. De esos días tranquilos que te dedicas a ti mismo sin saberlo, un desayuno tranquilo con lectura de periódico, la búsqueda de la peluquería que la han cambiado de sitio y el dueño me ha enseñado el nuevo local que está preparando para inaugurar el próximo cinco de Enero, la cogida de cita en la otra peluquería para estar más presentable en la entrada de año, un momento compartido con un amigo para hablar de nuestras cosas y recibir un regalo de comida casera que me abastecerá más de un día, la llamada de unas amigas, Churri, de la universidad y , María Jesús, de lo rural que querían verme y con las que he compartido la mesa. Después visita para ellas en la parroquia y renovación bautismal de una de ellas que celebraba hoy el treinta aniversario de su bautismo, y esto en nuestro nuevo baptisterio pintado por el artista Gamero, paisano suyo. Después descanso y preparación para la celebrar en la parroquia la eucaristía en la fiesta de los santos inocentes. Hasta aquí un día lleno de paz y de inocencia, de serenidad y gozo. Pero al pensar en la celebración, quiero recoger del mismo día hechos y personas para poner en el altar con motivo de esta celebración, y pienso en los mártires de los que hoy he tenido noticia en nuestro propio pueblo, mártires indirectos. Y me salen tres estampas.

Estampas de mártires: inocentes culpables

En las personas que hoy acudían a cáritas, he estado con los responsables de acogida, ha llegado una madre que tiene a su hijo de quince años en el Marcelo Nessi, no puede salir, acaba penalización en Junio y ya teme su salida. Hablamos entre nosotros de su proceso, crónica de un fracaso anunciado. Dolor y desestructura desde su infancia más tierna, no tiene una identidad bien formada y le falta la capacidad básica de relación y de encuentro consigo mismo y con los demás. Los de fuera ven en él un peligro, maleante… pero no es otra cosa que un “inocente culpable”, con sus quinces años parece que no hay otro itinerario posible, nadie apuesta por él.

Otro joven, 22 años, su familia ya lo rechazado por miedo, vive en un pensión que le pagan unas religiosas, tiene un hijo, orden de alejamiento de su pareja… dice que es un desgraciado y que nadie lo quiere. Víctima de adicciones, deformado. Guapo y joven pero totalmente roto. Nació sin padre, con madre adicta a la droga que lo abandonó, vivió con abuelos, después con padrastros, con tíos, ya por dos veces internado en el Marcelo Nessi. Nueva crónica de un fracaso anunciado y previsto. Con piedras pesadas de dolor y mal en la mochila de la vida que nadie puede resistir. Yo no le tiraría la primera piedra, desde luego, porque no es otra cosa que “otro inocente culpable” que ahora causa víctimas.

Un señor mayor, de etnia gitana, viven en la pobreza casi absoluta, no han venido a pedir hasta ahora, Diego le dice que cómo no vinieron antes, la nochebuena no tuvieron lo más básico… Vive el matrimonio solo, pero ahora ha venido un hijo, con cuatro nietos, que viven en una chabola en Sevilla, no traían nada y no tenían nada que darles. Pienso en esos cuatro nietos, y pido a Dios, que no sean crónica de un fracaso anunciado, pero lo veo difícil. Y está claro que ya son inocentes y víctimas… no sé si llegarán a culpables, pero si llegan algún día a serlo, no habrá duda de que vienen de la inocencia cargada de sufrimiento y martirio de lo humano en su carne.

Ellos son carne y sangre de Cristo crucificado

En la Eucaristía ellos han sido nuestros santos inocentes de hoy. Dolores y sufrimiento en una infancia en medio de una sociedad educada y rica, martirio y desprecio en una vida sin razón alguna. Carne de cañón para pasar de víctimas a agresores, de inocentes a culpables. Por eso junto a la broma, la celebración nos pone en carne viva por el sufrimiento de los inocentes, y uno piensa en el módulo tercero de la Cárcel que cuando entras en él –según me cuentan los que lo visitan por voluntariados- parece un instituto por la cara de los adolescentes-jóvenes que lo habitan, muchos de ellos crónicas de fracasos anunciados casi desde su nacimiento. Y desde ahí, con voz tímida, hoy he dicho: “Tomad y comed porque esto es mi cuerpo… Bebed porque esta es mi sangre…”, pensando en estas personas dolidas y dolientes, agredidos y agresores, víctimas y victimarios, inocentes y culpables. Por ellos murió Cristo y a ellos les prometió: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”.

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“Cuando Dios besa a Dios” (Navidad)

Estampas de Navidad

Caricias de Navidad: “Un beso divino” (Navidad)

Cuando Dios fue besado por lo humano y se sintió querido. Navidad, cada año, me revuelve por dentro y se me hace real y evidente en detalles que me sobrepasan y me enternecen de un modo tan entrañable que me hacen desear ser más bueno de verdad, renovarme en los sentimientos mejores, al sentirme tan querido y tan acariciado.

Primera caricia de la vida: En la espera.

Encuentro de Navidad de los jóvenes estudiantes de acción católica, veinticinco años caminando en el deseo de ser y hacer al estilo de Jesús en medio de los institutos y la universidad. Allí están Juanjo y Eva, son animadores de estos jóvenes, antes ellos fueron jóvenes animados, ahora ya profesionales médicos con espíritu y deseos de servir más y mejor, también en grupos de revisión de vida. Pero ahora están en un momento trascendental de sus vidas, tras algunos años de matrimonio, están esperando a César y Ester. El seno de Eva es grande y redondo como el mundo y esta lleno de amor, su rostro de belleza de mujer fecunda que ya aguarda el momento del parto. Toco su vientre y quiero acariciar a Dios en los que ellos esperan y siento que Dios se deja tocar por mi mano, se siente querido, y desde ellos me responde con un beso divino.

Segunda caricia de luz : Tenemos una estrella.

El año pasado estaba recién nacida y era un lucero en el portal, este año ya es una estrellita en el portal de Belén, en su guardería, junto a sus profes, cuidadores y compañeros. Ella se convierte en centro la vida familiar de sus padres –mis sobrinos- y sus abuelos. El punto débil nos llena de fuerza, de ilusión y de vida. No ha dicho, ni ha hecho nada…sólo llorar y reír, pero para nosotros es todo. Lo débil confunde a lo fuerte, Dios está con nosotros. Paula abraza con fuerzas a su madre y le acaricia la cara sonriendo y es una de las imágenes más bellas de Dios que he visto nunca. Y profundizo de un modo nuevo en el texto bíblico, en medio de la guardería, porque “hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”. Y lo hago desde estos días en los que me he visto rodeado de centenas de niños en nuestra parroquia celebrando juntos el misterio de la navidad, con sus catequistas y familiares. Y es que no es Navidad porque haya fiestas, sino que es fiesta porque es Navidad.

Tercera caricia de sencillez en el límite: Los pastores de Belén.

Cada Domingo me dirijo a la Residencia de los Mayores de la Granadilla, es mi lugar de referencia celebrativo dominical más continuada. Allí me aguardan mis mayores para celebrar la vida y no la muerte. Repetimos a coro siempre: “Aquí no hemos venido a morir, aquí hemos venido a vivir”. Y son muchos de ellos los que buscan después de misa para decirme que han disfrutado de la celebración, que eso que yo he dicho lo están viviendo ellos, que esto del Evangelio es verdad. Yo sólo trato de llevar el evangelio a sus vidas, y ellos me responden como los pastores: “fueron y encontraron a María, a José y al Niño acostado en un pesebre como les había dicho el ángel”. El último día que estuve salió Juan a mi encuentro, él tiene sus límites y discapacidad, pero me recibió, abrazó y me besó como a alguien muy querido, y cuando en la homilía pregunté quién y qué iba a ser lo más importante en estos días –mi pregunta era retórica- el gritó: Jesús, Jesús. Nunca creí que entendiera y atendiera, pobre de mí. Y Dios, en él, volvió a besarme como alguien muy querido.

Cuarta caricia de amor puro: “cuando Dios besa a Dios”.

Jueves a las siete de la tarde. Celebración de la Navidad, desde Cáritas, en la parroquia de Guadalupe de Badajoz, acuden el equipo directivo, los trabajadores de Cáritas, algunos voluntarios de las parroquias pacenses, sacerdotes y un buen grupo de acogidos, los residentes del centro hermano. Se forma una verdadera comunidad. Escuchamos la palabra de Dios de un modo creativo y participativo, van entrando los símbolos fundamentales de la navidad: el pan, el vino, las flores… una pancarta que se hace grito profético y eco del Papa Francisco: “Nos han robado la esperanza”… y el niño-Dios viene a esperanzarnos y recuperarnos. Así llegamos al momento central, al gloria de lo humano y lo divino, y un joven acogido en su herida y fracaso, como uno más de la comunidad, se adentra procesionalmente con la imagen del niño desnudo en sus manos. En su rostro muestra huellas de dolor y , al mismo tiempo serenidad esperanzada, sus ojos brillan. Lo porta con una ternura extraordinaria entre sus manos, se acerca a la cuna para depositarlo y, al llegar, se detiene, lo mira fijamente, y le sale de dentro de sus entrañas un beso fuerte y sonoro, no programado, sentido y querido. Ahí, ahí mismo, en esa celebración era Dios quien besaba a Dios, en lo humano, en lo roto, pero sobre todo en lo esperanzado. Devolver la esperanza es el oficio de Dios, se hace carne en cada rostro que vuelve a desear besar desde lo profundo, a sentir cariño e ilusión de una nueva vida, de un nuevo nacimiento.

Cáritas quiere ser el rostro de Dios que devuelve la esperanza y estamos buscando socios que se unan a este oficio divino, únete a esta empresa y serás besado de Dios y tus besos serán divinos como los de este hermano joven al que le vuelven a brillar los ojos por la emoción y los sentimientos de una vida que se sueña ya, como nueva, en su propio corazón.

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“Un botellón de esperanza”

Otro botellón y otro estudio

librosNo saldrá en los periódicos como noticia mañana, quedará oculto y anónimo pero os prometo que es real. Hoy he pasado varias veces por este pasillo de la facultad y he visto a montones de estudiantes con un papel en la mano donde habían apuntado sus datos y se estaban haciendo donantes de sangre. Algunos los conozco de mi asignatura. Les he preguntado si estaban para tutoría o exámenes y me han respondido con rapidez que estaban para dar su sangre. Se les veía en silencio, sin algarabía, pensativos, algunos en grupos, otros en solitario, pero todos decididos y firmes en esa acción. Hacían cola para dar su sangre. Las enfermeras no dan abasto en la toma de datos y en la acción de extraer estas gotas de vida y de esperanza para otros que las necesitan. Estaban dando vida.

“Si te implicas, te aplicas”

La reflexión en mi interior no se hace esperar, bendigo la generosidad, el sentimiento de ser para los demás, de compartir. Estos valores están dentro de ellos, les mueven, hay que promoverlos, catapultarlos, bendecirlos. Cómo no creer en los jóvenes. El Domingo en mi propia Parroquia había decenas de jóvenes que estaban allí para participar en la Eucaristía, en el momento de las ofrendas presentaron las campañas de acción que quieren llevar a cabo en sus ambientes estudiantiles: en los institutos quieren concienciar y luchar contra las injusticias, “¿Injustos y a gusto?”, en la universidad animas a ser activos y corresponsables “si te implicas, te aplicas”, en graduados por el ecumenismo y el diálogo interreligioso.

Con estas actividades programadas, la JEC los lanza más directamente al medio y al contacto con otros jóvenes creyentes y no creyentes , le llaman campañas.

Campañas de la JEC

[compasión] Se trata de un trabajo profundo de formación sobre un tema determinado en el que, siguiendo las tres fases de la Pedagogía de la Acción (ver, juzgar y actuar) se analiza la realidad, se lee en creyente y, finalmente, se plantea una acción transformadora al medio.

Los temas de sus campañas dependen de la coyuntura, las demandas y los deseos de los estudiantes en cada momento pero hay asuntos recurrentes que trabajamos con cierta periodicidad: la opción por los pobres, la vocación, el sentido del estudio…

Afirman ellos que “el gran desafío en este último –sentido del estudio- es llegar a entender que nuestra carrera, nuestro estudio, puede ser una herramienta transformadora al servicio del Reino y, desde ahí, podemos ser médicos, ingenieros, maestros, músicos o periodistas que no enfoquen su carrera hacia la promoción personal o el éxito sino hacia la justicia, la lucha contra la pobreza y la opción por los últimos”.

Esto es de hoy…

Esto está ocurriendo hoy en jóvenes de nuestros institutos y nuestra universidad extremeña, en esta caso, son cristianos inquietos. No hace mucho participé en un encuentro de animadores de jóvenes estudiantes católicos en Salamanca, allí nos reunimos cincuenta personas de distintas diócesis españolas, profundizando en estos valores juveniles y en su quehacer y dinamismo. Hoy, como nunca, hacen falta animadores que crean en los jóvenes y apuesten firme por ellos.

Y hay más…

Los que son así no son noticia, pero son “la noticia”. Ahora mismo, tras pasar el pasillo lleno de estudiantes para dar su sangre, la nueva delegada de la facultad se muestra feliz y animada, va a entrevistarse con el decano. Se han presentado a las elecciones de representantes de alumnos y cuenta con un grupo de once compañeros inquietos que han sido elegidos y todos tienen ganas de trabajar y participar en la facultad. Otro signo más de vida y de esperanza. Hay muchos jóvenes que están borrachos de ilusión, de esperanza y de generosidad. Hay que apuntarse a ese botellón de la gracia y ensancharlo, si este crece, habrá menos comas etílicos y más dinamismo de paz y alegría en nuestra sociedad. Conozco y bendigo de corazón también todo lo que está siendo el trabajo de los jóvenes en el consejo de la juventud de Extremadura, de su saber trabajar juntos apostando por causas comunes, mirando más lo que les une y el sufrimiento de las personas en nuestra sociedad que de sus diferencias ideológicas. Sé tambien de la movida en el instituto Bárbara de Braganza de los alumnos del módulo superior por la igualdad de género, han logrado que se haga justicia pidiendo y exigiendo que se completara su profesorado, no les da igual estar sin clase o sin formación, quieren estar bien preparados y ahí si han sido noticia en nuestros periódicos… Son muchos los signos…

Apostemos por nuestros jóvenes, en nuestra facultad hoy no estaban dormidos, ni había coma etílico, habia bando de generosidad, de implicación de solidaridad, generosidad…no hay duda de que muchos de ellos están dispuestos a dar hasta su sangre.

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¿Preadolescentes desnortados? Brújula y norte

Niños con brújulas, con norte de santidad Seréis santos…

Soy un convencido de que Dios nos da un trozo de pan resucitado cada día, en medio de la vorágine del vivir diario, para seguir manteniendo la esperanza y no perder el norte. Ayer lo viví por la tarde en el entorno de la parroquia, con una actividad preparada con y para los preadolescentes.

Los preadolescentes

Todo sabemos que es una edad que tiene su intríngulis, cuando terminan la primaria y acceden a la secundaria, no sabemos bien cómo acertar. En la comunidad parroquial nuestra no deja de ser un interrogante que nos lleva años de trabajo, pues se mantienen catequéticamente tres años, a encuentro semanal, con el norte de la celebración de la primera comunión, pero después se da la desbandada, se desnortan. No conseguimos un proceso que les seduzca y les anime.

Este año, animado con padres interesados, especialmente Paco y José Miguel, estamos intentando algo nuevo y distinto. Iniciar un proceso de pedagogía de la fe, que pase por la acción, en el que ellos comiencen a ser verdaderos protagonistas de lo que creen y de lo que hacen, a su estilo y modo, acompañados con ilusión y paciencia con nosotros. De ahí van saliendo estos trozos de esperanza y de resurrección desde nuestros preadolescentes y ahí se sitúa ese momento de ayer en el que salí esperanzado y motivado por ellos y su alegría participativa, con un verdadero protagonismo. Hablamos de que estamos creando una asociación de chavales para chavales, después ya veremos dónde se insertan, según sus procesos, a nivel de movimientos apostólicos eclesiales.

Tropa solidaria de Ntra. Sra. De Guadalupe

“Tropa solidaria de Ntra. Sra. de Guadalupe”, así se autodenominan una docena de preadolescentes que el curso pasado, en Mayo, celebraron por primera vez la Eucaristía participando en la mesa de la comunidad eclesial. Ellos mismos se han encontrado, han escrito y comunicado a sus compañeros el interés por volver a juntarse y a caminar juntos. Ahora no lo hacen porque busquen llegar a una celebración sino porque quieren compartir juntos un camino, quieren asociarse y programar un itinerario en el que ellos sean protagonistas y lo están siendo.

Dar, ayudar y compartir

El lema síntesis de lo que deseaban al asociarse era muy sencillo: “Siempre listos para dar, ayudar y compartir”. Además con sus ideas y su arte han ido hasta confeccionando su escudo-símbolo, que me ha gustado tanto, y me identifico tanto con él, que lo he puesto como foto nick en las redes. Me alegra iniciar el proceso con este protagonismo tan claro de estos chavales.

El norte y la santidad.

Hoy tocaba celebrar la fiesta de los santos, la santidad, la alegría que produce la bondad de Dios en los corazones de los hombres. La santidad ha de ser nuestro norte y así ha sido en la dinámica preparada por un padre, Paco, que a través de brújulas, enseñándonos a buscar con ellas, nos ha llevado a distintos puntos del parque del bioclimático, en los que nos encontrábamos las figuras de santos concretos: Francisco Javier, Teresa de Calcuta, Tomás de Aquino, Juan de Dios, Isabel de Portugal… En cada uno de ellos hemos descubierto claves de santidad. Ya están motivados para la próxima sesión: ¿Dónde está el norte de nuestra santidad personal? ¿Qué es ser santos? ¿Podemos y queremos serlo? ¿Nuestra asociación nos puede ayudar a santificarnos? ¿Nuestro lema es lema de una tropa santa?…

Al final hemos terminado comiendo nuestros higos, castañas, nueces, con casamientos… Como veis no luchamos contra nada, otras fiestas o nombres, sólo nos preocupamos de profundizar en la grandeza de lo que tenemos, nos empeñamos en unir santidad, alegría, gozo y entrega.

Seguiremos… “Si quieres, vente con nosotros”

Cuando estábamos en la actividad, Abel, muy inquieto y bastante autónomo, me ha gritado y me ha llamado: “Pepe, Pepe… allí está Joaquín que estaba en mi grupo. Dile que venga a nuestra asociación”. El niño se ha acercado le hemos hablado sobre la carta enviada, ha dicho que la ha recibido, que lo hablará con su madre y si quiere se apuntará. A los tres minutos venía a apuntarse y meterse en la actividad, ha disfrutado como el primero. No he podido menos que acordarme del Papa Francisco, una Iglesia en salida… una parroquia en el parque del barrio, llamando allí donde ellos juegan y son. Ellos mismos apóstoles de ellos mismos, con la alegría del evangelio y las ganas de ser ellos mismo. Ahora toca seguir, sin desaliento, animarlos, acompañarlos. Ojalá más padres se coimpliquen, ojalá más preadolescentes se unan y les prestemos un verdadero servicio para su protagonismo y su grandeza en la generosidad, que favorezcamos su santidad. Estamos convencidos que lo que más felices les va a hacer no es su currículum sino su generosidad y grandeza interior, vamos a trabajar por ellos y con ellos. Para que sean santos. A mí no hay duda de que ayer me santificaron.

Y en la noche se me cae el alma, cuando a la vez que he escrito este artículo, me lleg la noticia de una niña de 12 años que ha muerto en Madrid por causa de un coma etílico. Sufro y me reafirmo en el trabajo pastoral a favor de los preadolescentes, para que sean protagonistas de sus vidas, sin necesidad de entrar en los vicios de los mayores para ser mayores. Y me satisface enormemente, la reflexión que hace nuestro amigo Carlos Pajuelo, en su escuela de padres desde su blog, donde llama a darnos cuenta del peligro de que nuestros preadolescentes y adolescentes jueguen a ser mayores, sin el cuidado y la educación de los mayores: http://blogs.hoy.es/escuela-de-padres/2016/11/04/los-ninos-que-jugaban-a-ser-mayores/

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Ad resurgendum cum Christo

“De la anécdota a la norma”

Cercanos a la liturgia del día de los difuntos, desde Roma nos sorprenden con un documento orientador en torno a las exequias y a las cenizas, cuando se elige la cremación como método de enterramiento.“Para resucitar con Cristo”: bonito título para un documento cristiano al recordarnos dónde está el horizonte de vida para nosotros, los que creemos en Jesús de Nazaret, el hombre que pasó por la vida haciendo el bien, el crucificado que, tras ser sepultado, fue resucitado. Pero está visto que nuestro mundo busca la polémica y, a veces, hasta la gracia de cualquier posibilidad periodística.

Recuerdo dos anécdotas sencillas y graciosas, una lejana en el tiempo y otra muy cercana. En mi pueblo, Granja de Torrehermosa, ha habido personas entrañables y muy ligadas en afecto al terruño. Uno de ellos fue el querido Pascasio que, desde su emigración a Madrid, siguió con el alma pegada a nuestro pueblo y, en su jubilación, dio la vida por darle realce en todos los lugares. Comentaban que su deseo era que, al morir, sus cenizas fueran extendidas desde lo alto –no sé con qué medio– por nuestras tierras. La gente, al morir este paisano, decía que a ese terrerno habría que ponerle coto porque, si no, al comer las ensaladas de lechuga, no íbamos a saber si nos estábamos comiendo también a Pascasio.

La otra es de ayer. Mi amigo Diego, me manda un whatsapp, en el que me escribe: «Mi mujer dice que, de ninguna manera, cuando yo muera voy a seguir en casa, que ya está bien; y ahora se ve que mi hijo, que recientemente ha estado en Roma, ha conseguido que el Papa saque esta norma de que por los campos tampoco. Así que, por narices en el camposanto…».

Fuera de bromas, lo que plantea esta nota orientadora es bastante sencillo. Quiere decir que la idea más básica es que las cenizas del difunto, por regla general, deben mantenerse en un lugar sagrado, es decir, en el cementerio o, si es el caso, en una iglesia o en algún lugar con jurisdicción eclesiástica. ¿La razón? Los cristianos hemos heredado de los judíos la práctica de la oración y las ofrendas por nuestros difuntos, y es una formar de mantener nuestra relación viva con ellos en una comunión que va más allá de la muerte en orden a nuestras creencias. Porque éstas no son solo de inmortalidad del alma –idea filosófica­–, sino de resurrección de los muertos. Es decir, nosotros aguardamos la resurrección universal, nueva creación que implica toda la realidad creada (naturaleza y humanidad en su conjunto), y a la que accedemos, desde la muerte, no de modo individual sino personal y colectivo.

Nuestra antropología no es dualista, hablamos del ser humano como realidad integral. Desde ahí viene el respeto y la consideración a los restos o despojos de nuestro cadáver. No porque sea necesario para la resurrección, en la que hablamos de novedad absoluta en continuidad con la persona, pero no con un elemento material o celular, ya muerto y transformado, cuestión claramente solventada desde los primeros momentos de la patrística cristiana. La relación con los cementerios y los modos de enterrar a los muertos ha venido más por la relación de afecto, recuerdo y el deseo de comunión en la oración. Por eso se advierte de la posibilidad de que la práctica de la desaparición de las cenizas lleve consigo el olvido, y esta orientación «puede ayudar a reducir el riesgo de sustraer a los difuntos de la oración y el recuerdo de los familiares y de la comunidad cristiana», como dice la nueva instrucción.

Por otra parte, ha sido un modo de mostrar respeto y veneración a los antepasados y de no olvidar la historia, muchas veces escrita en todas las culturas desde los enterramientos humanos. Al considerar este elemento material del recuerdo desde sus restos, de alguna manera nos dice la instrucción que «se evita la posibilidad de olvido, falta de respeto y malos tratos, que pueden sobrevenir sobre todo una vez pasada la primera generación, así como prácticas inconvenientes o supersticiosas». Además, lo que prohíbe el documento, con toda razón, es que los familiares de una persona que haya expresado su voluntad de ser cremado y sus cenizas esparcidas «por razones contrarias a la fe cristiana», soliciten las exequias religiosas porque le serán negadas, lo cual se entiende –no por prohibición y rechazo, sino por respeto y coherencia con el deseo y la voluntad del que fallece que debe ser respetada–. Otro tema es que la familia o la comunidad quieran rezar juntos y celebrar sacramentos en memoria de su persona, pero no las exequias frente a su voluntad.

En el fondo, también está el deseo de expresar con esta práctica algo fundamental para el pensamiento cristiano: que es la realidad de la singularidad del ser humano en medio de todas las demás criaturas, en lo que se refiere a su dignidad y valor absoluto, para los cristianos imagen de Dios. Los cristianos, inspirados por el Evangelio, consideramos que el hombre tiene un lugar único, como ser almado y encarnado, en medio del mundo, en la historia, y nos comulgamos con las ideas naturalistas sobre el círculo de la vida, donde el cuerpo humano, en su sentido antropológico, es considerado nada diferente a otra materia física. En este sentido, el Vaticano ha decidido aclarar su «posición antropológica desde esta costumbre cristiana de enterrar a los muertos y recomienda insistentemente que los cuerpos de los difuntos sean sepultados en cementerios u otros lugares sagrados».

Por cierto, a mí no me disgustaría descansar en un columbario, en un lugar de culto comunitario y que, ante mis cenizas, otros oraran y reflexionaran «como se pasa la vida y cómo se llega la muerte, tan callando». Porque, a veces, nos matamos en el deseo de callar la muerte cuando es un lenguaje estructural de lo humano, somos mortales. De todos modos y para acabar con anécdotas, mi abuelo Maximino decía que, después de muerto, como si lo querían llevar en una caja de sardinas… Cosa que no hicimos, claro, y cada vez que vamos a su tumba, donde también están nuestros padres, mis hermanos y yo rezamos con mucha devoción y nostalgia entrañable.

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El corazón partido

Ante la vuelta de un misionero

padreHace dieciséis años, un 13 de octubre, Antonio Sáenz, uno de nuestros mejores sacerdotes de Badajoz, tras haber enterrado cristianamente a su madre a la que quiso y cuidó con mimo, volaba con destino a Perú, a la diócesis de Cajamarca. Allí ha realizado su ministerio, fundamentalmente desde Celendín. Ahora, este 13 de octubre, nos escribe con un corazón roto y nos dice: «Me encuentro así cuando estoy redactando estas líneas. A caballo entre América y Europa, entre Perú y España, entre Extremadura y Cajamarca, entre Celendín y Badajoz. La causa de la partición del corazón no es el lugar, sino las personas que lo habitan. Ocurre que hay decisiones que tienen efectos contrapuestos, lo que no impide tener que tomarlas tras un proceso de discernimiento en el que las dudas tienen frecuentemente más presencia que las certezas. Sin dar más espacio a los preámbulos y sin más demora les comunico que mi estancia en el Perú toca a su fin. Llegué el 13 de octubre de 2000 y me iré en diciembre –día 18– de 2016».

Pan partido, padre y hermano

juanitaHe compartido con Antonio muchos años de grupo de Revisión de Vida y de Estudio del Evangelio antes de marcharse, he estado allí con él en su parroquia con un grupo de universitarios de Badajoz que se sienten muy unidos a él desde el movimiento de JEC y Profesionales Cristianos, y ahora lo espero, junto a otros sacerdotes diocesanos, para poder continuar juntos caminos de evangelización y gracia. Siento una alegría tremenda de que vuelva, sé que va a enriquecer a nuestro presbiterio, del que es parte, con su vida, su pensamiento, su espiritualidad y su compromiso, con sus opciones de vida ministerial. Aquellas opciones con las que se entregó aquí en su primera etapa, las mismas con las que se ha hecho pan partido entre aquellas gentes que lo quieren como padre y hermano, y con las que ha seguido en relación con nuestra iglesia diocesana de Mérida-Badajoz.

Un ministerio a pie descalzo

Allá se les rompe el corazón en la despedida, como a él al despedirse. Al irse de aquí para allá, el dolor era menor porque esperaba volver; ahora, la decisión de partida de allí para acá no tiene vuelta de hoja. Él ha sembrado y compartido, a eso iba, y ahora te toca saber volver, seguir queriéndolos pero desde otro lugar y otra gente. Así es el ministerio, de corazón a corazón, a pie descalzo, ligero de equipaje, para ser libres y dejar que sea la gracia de Dios la que actúe y habite en los corazones propios y ajenos. La gente que llama desde allá desconsolada, lo hace agradecida; nos dan las gracias por los dieciséis años de regalo de esta vida sacerdotal, lo agradecen a la Iglesia pero, sobre todo, a su familia que lo ha tenido bien lejos.

Él, como buen sacerdote, toma la decisión desde el envío y la misión buscando y discerniendo lo mejor y lo más viable, pero lo hace con corazón compasivo, con el alma rota, con la confianza en Dios, entregando el Espíritu y pidiendo la luz y la protección para ese pueblo y su gente: «Nada fácil ha sido para mí tomar esta decisión, que me ha llevado a vivir con dureza todo el año, al hacerlo en soledad. Para mis adentros pensaba tras cada celebración: “Ultimo Niño de Pumarume, última Semana Santa, último Pentecostés, última Virgen del Carmen…”. Entre julio y septiembre aparecieron impulsos que me animaban a continuar un tiempito más, lo que dio paso a un periodo de incertidumbre que producía malestar. Finalmente, el 28 de septiembre tomé la resolución ya expresada. Les confieso que están siendo fechas de poco dormir y mucho llorar. Agradezco a las personas que están siendo para mí apoyo y consuelo y me transmiten ánimo y reconfortante cariño. Sin duda esta separación es mucho más dura que la que viví cuando vine para acá. Entonces sabía que al menos cada dos años me reencontraría con familia y amigos. Ahora no será igual».

Con el amor de los pobres y sencillos

No será igual, claro, la forma, la relación, la vida, el encuentro… Ellos quedan allí y tú te vendrás aquí, con nosotros y otros que te necesitan. Pero no podemos menos de dar gracias a Dios contigo y ese pueblo, por todo lo que habéis vivido y crecido, por todo lo que nos habéis aportado desde tan lejos, porque tú ahora vuelves más grande en la pequeñez, más fuerte en la debilidad, más valiente en el miedo, más hombre de Dios y mucho más humano.

Y eso te lo han dado los más pobres y sencillos. Ahora tú eres evangelio abierto para nosotros, tu grito de dolor es la exclamación más fuerte de amor y anuncio: «Dios me ha hecho fuerte en la debilidad, me ha enriquecido con su pobreza, me ha mostrado que nada me podrá separar de su amor y de los que son sus preferidos». Y ese Evangelio nos hace falta aquí como agua de mayo, o de otoño, porque aquí necesitamos sembrar y sembrarnos de nuevo.

Un dolor que cura

Vienes en el invierno y te necesitamos como primavera. Nuestra Iglesia está en proceso, con planes pastorales, con deseos de creatividad y misión evangelizadora, con sed de comunión. Que tu dolor nos cure y nos anime a todos a dolernos de nuestra realidad para amarla como tú amas la que dejas allí.

Antonio, ¡te queremos y te esperamos! Entendemos que les duela y que te duela la separación. Sabemos que vienes, como bien nos dices, marcado con la gracia de la vida y del pueblo: «Ahora sólo pretendo dar a conocer mi decisión y expresarles mi más profundo agradecimiento por tanta vida compartida, imantada en algunos casos, con presencias y experiencias que han marcado fuertemente mi vida y jamás olvidaré, pues están grabadas con el fuego del amor en mi corazón».

Por todo y para siempre: ¡Gracias, hermano!

José Moreno Losada

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