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Revista Vida Religiosa

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Número de VR Febrero 2015

Escrito por L. Alberto Gonzalo Díez.

Para tener vida, alegrarse.

Todos dicen que está, pero pocos la conocen. Es la «siempre presente» en documentos y declaraciones, pero ausente en el día a día. Como si no gustase de lo normal y definitivamente se hubiese ido a vivir a la «zona exclusiva» de lo extraordinario. Me refiero a la alegría y su quehacer en la vida religiosa.

Pocas personas reconocen que aspiran a no ser alegres, incluso que en la razón vocacional de su entrega no estuviese, como primera motivación, un estado de paz y gozo en las cosas de Dios. Muchos refieren su historia de felicidad, que es el seguimiento, vinculado al sincero compartir con los hermanos o hermanas… ¿Qué pasa después? ¿En qué hemos convertido la vida de comunión al servicio de la misión? ¿Qué nos aportamos cuando se transforma la convivencia en prevención?

Nuestro Papa, que dice muchas cosas, –todas útiles y desconcertantes–, insiste en una verdad que es un deseo: «donde hay religiosos, hay alegría». Y así debe ser. La pregunta a nuestras congregaciones, en este tiempo, no versa sobre cómo vamos a formular, una vez más, el carisma para que resulte actual. Tampoco cómo sortear las cifras de decrecimiento que son, ciertamente, dramáticas. Enrocarnos en más de lo mismo convierte este año de recuerdo y agradecimiento en un cansancio añadido. No se levanta el ánimo de las comunidades religiosas reiterando lo valiosísima que es nuestra opción frente a otras, ni argumentando datos de ayer que muestren lo bien que hemos sabido hacer los deberes a lo largo de la historia. Me temo que esto no alienta ni a quienes frecuentemente lo hacen. Mucho menos a las generaciones más jóvenes que explícitamente renuncian a la historia, sencillamente porque son jóvenes, y tienen todo el derecho –y la obligación– de recrear su vida religiosa. No se conquista la alegría porque la fijemos en el slogan del capítulo o aparezca luminosa en la página web… La alegría es una lectura de la vida desde la fe y, en esa aceptación, hay un ejercicio de compromiso que hay que asumir personalmente.

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Emplazados

Escrito por Santiago Agrelo.

Más tarde o más temprano, todos acabamos emplazados.

Las gentes de Nínive lo fueron por la muerte: “Dentro de cuarenta días Nínive será arrasada”.

Las gentes de Galilea lo fueron por el evangelio: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios”.

Las palabras de la revelación, ya fijen plazo a la destrucción, ya nos convoquen a entrar en el Reino de Dios, son sacramentos de la gracia con que Dios visita a los pecadores, son siempre sacramentos de salvación.

La predicación, la del profeta y la de Jesús, es evidencia de la ternura de Dios con sus hijos, es memoria de su misericordia, de su fidelidad, de su bondad y rectitud.

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La Unidad… ¿Buena noticia?

Escrito por Manuel Romero.

Sabemos que un día nos uniremos, los que llevamos el nombre de cristianos, en la construcción del Reino. Pero, de momento nos resistimos. Y eso, que estos días, a la hora de quemar iglesias o matar fieles, no identifican si son católicos, ortodoxos o protestantes.

Pero sí, algún no nos quedará más remedio. Como le ocurre a Jesús en este evangelio. Cuando Herodes apresa a Juan -y calla su boca- es cuando Jesús se decide a abrir la suya y anunciar la llegada del Reino. Sale del centro religioso y se marcha a los límites, a la Galilea, para anunciar que comienza la Salvación, y eso es Buena Noticia.

En los misterios del rosario se ha introducido esta escena del inicio de la predicación de Jesús. Incorporado en los misterios de Luz nos refiere al misterio de un anuncio a los últimos y con un carácter gozoso.

Jesús comenzó el anuncio por los más alejados del Templo, de la ciudad Santa. Comenzó por los galileos, por los pescadores, por los enfermos, los endemoniados, los ciegos, las mujeres, los niños… Y se produjo la conversión. Un misterio más humano que divino; quizá porque es más difícil el cambio en el centro, en la ortodoxia, en los centros de poder que en las afueras, en la mezcla, en los barrios.

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Tiempo de cierres contables

Escrito por Fernando Torres, cmf.

Después de diciembre viene enero. Es una verdad de Perogrullo pero tiene su cosa. Antes se hablaba de la cuesta de enero. Después de los gastos navideños se hacía difícil llegar al fin de mes en enero. Para los que estamos metidos en cuestiones administrativas, este mes es también complicado. Significa mucho trabajo. Significa, para la mayoría, revisar contabilidades, cerrar ejercicios contables de comunidades, actividades y organismos mayores. Por si no fuera poco, hay que hacer también los presupuestos del año siguiente. Todo en el reducido plazo de un mes. Si nunca falta el trabajo pendiente encima de la mesa, en este mes la acumulación llega a niveles de cuasi-desesperación.

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La religión, asunto personal pero no intimista

Escrito por Martín Gelabert.

La religión es un asunto personal, pero no intimista. Tiene repercusiones en todos los ámbitos de la vida. Y como la persona es un ser social y se realiza en comunión con los demás, la religión tiene incidencias sociales y, en consecuencia, repercusiones políticas, económicas, laborales, artísticas. Nada escapa a la religión, porque ella está indisolublemente ligada con la vida. El Papa Francisco lo ha dicho con estas palabras: “Nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos… Una auténtica fe, que nunca es cómoda ni individualista, siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra… Si bien el orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política, la Iglesia no debe quedarse al margen en la lucha por la justicia”.

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Llamando

Escrito por Miguel Tombilla.

Hoy se nos narra en el evangelio la llamada a Simón, Andrés, Santiago y Juan. Una llamada urgido porque el plazo ya estaba cumplido y el Reino ya brotaba por todos lados en esa primavera de Espíritu, en ese nacimiento de cárcel del Bautista.
Urgencia de ternura y de pasión de un Jesús de lago y redes y trabajo. Una llamada en lo cotidiano, en lo plano de la vida.
Un encuentro que transforma y que cambia la existencia. Una llamada que mucho tiempo estuvo privatizada por unos pocos, por una élite autoproclamada virtuosa de la religión.
A veces encerrada en cuadros muy institucionalizados que poco tenían que ver con esos pescadores de primera hora de Galilea. Pero hoy el Espíritu, que rompe esquemas y odres viejos, es el encargado de abrir los muros y dejar que el agua del lago se vaya colando y que inunde a todas las formas de vida. Ese agua de peces felices que cubre todo el rostro de la Iglesia y que hace oír la voz del Nazareno pronunciando nombres en muchas lenguas de toda condición social o familiar.

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Trayendo rostros

Escrito por Mariola López Villanueva.

Me ayuda tejer pequeños rituales para hacer transiciones entre etapas que se cierran y se abren, y también al comienzo de un año que se muestra como un viaje cuya ruta desconocemos. Dejo partir el barco del tiempo vivido, recojo en la cámara del corazón sus instantes, ese mapa de relaciones, proyectos, duelos, desánimos, contentos… Al disponerme para este nuevo año quiero evocar rostros que me hacen bien y que agradezco. Me viene, en primer lugar, el de Nelson Mandela, que si os habéis fijado estaba mucho más hermoso de mayor que de joven. Así me pasa también con el Papa Francisco: veo sus fotos de hace unos años y es como si ahora su rostro estuviera más abierto, con más luz, tomado por una suave alegría, «primereando» él también. Mandela expresaba en su discurso de investidura como presidente de Sudáfrica: «Mientras dejamos lucir nuestra propia luz inconscientemente damos permiso a otras personas para hacer lo mismo. Y al liberarnos de nuestro miedo, nuestra presencia automáticamente libera a los demás».

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“Ganarse los garbanzos”

Escrito por José Moreno.

Un sacramental de vida e historia

Jesús decía a los apóstoles que había cosas que sólo las entenderían más tarde, quizá cuando ya El no estuviera. Algo así pensaba yo, hoy, al ver mi plato de garbanzos, con su carne, tocino y chorizo, junto a una copa de buen vino, acordándome  sobre todo de mi padre Gabriel.

Recuerdo como en mi infancia la comida de mediodía me resultaba monótona y poco apetecible. Llegar a casa y preguntar qué íbamos a comer era todo una, aunque la comida diaria eran los garbanzos, eso sí, con sus buenos aderezos para ser comida y plato único y completo. A mi madre le molestaba la pregunta, siempre respondía que había que comer lo que estaba en la olla y dar gracias, pero para mí  descubrir que un día no era   el mismo menú se convertía en motivo de alegría y gozo, tocaba hasta las palmas. Por otra parte me costaba comerlos y tonteaba, engañándolos con cebolla, tomate, lechuga…y haciendo mohines. Intentando liberarme y comer los menos posibles, y buscar algún complemento más gustoso a hurtadillas, de lo cual después incluso me confesaba provocando la sonrisa del confesor.

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Sueños cumplidos

Escrito por Ianire Angulo.

A veces, cuando menos te lo esperas, la vida (y Dios en ella) nos hace algún “guiño” que te saca de tus pensamientos. Eso me pasó el otro día, cuando caminaba cerca de la Catedral de la Almudena y, en un semáforo, me encontré con esta frase: Estás en mi lista de sueños cumplidos.

No sé quién lo escribió ni a quién le dirigía este mensaje, pero a mí me vino a la cabeza que muy bien podría estar dicho por Dios para cada uno de los que estábamos ahí, pacientemente, esperando que el semáforo se pusiera en verde. ¡Cómo cambiaría nuestra forma de vivir y si nos creyéramos de verdad que somos para el Señor un sueño que promete cumplirse! Y no porque lo vayamos a lograr nosotros a golpes empeño, voluntad o “buenos propósitos” de comienzo de año, sino porque “el Jefe” está decidido a ello y es el único capaz de cumplir hasta los sueños que no nos atrevemos a imaginar.

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