Revista Vida Religiosa

Aprendiendo a ser hijos

Si no queremos hacer de la Cuaresma un pobre Carnaval, será necesario que, quitada la máscara del hombre viejo, mostremos descubierto el rostro del hombre nuevo.
Nuestro hombre viejo ha sido crucificado con Cristo, para que fuese destruido el cuerpo de pecado. “Despojaos de lo viejo” –dice el apóstol-, “renovaos en la mente y en el espíritu, revestíos de la nueva condición humana creada a imagen de Dios”.
Así, revestidos de Cristo, iremos con Cristo a donde él va, seremos probados donde él es probado, aprenderemos donde él aprende, amaremos como él ama, lo seguiremos llevando tras él nuestra cruz de cada día.
Que nadie renuncie a la verdad de este misterio: La Iglesia entra con Jesús en el desierto, para seguir a su Señor hasta la cruz, hasta la entrega de la vida, hasta la resurrección, hasta la gloria a la derecha de Dios.

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RETIRO


¿Quién es cristo para mí? (Mc 6. Jn 6)
Jesús viene a la tierra para vivir nuestra vida humana. Y la primera etapa de treinta años la gasta simplemente viviendo las bienaventuranzas. Vida humana en todo el sentido de la palabra. Solo los tres últimos años los dedica a proclamar la Palabra de Dios. A hacer obras, gestos y signos que indiquen que el Reino de Dios ya está entre los hombres.
Sobre todo, va a tener una particular dedicación al trabajo de elegir a algunas personas a quienes el Padre ya ha llamado. Las va a ir preparando de una manera especial. Y para eso les hace una invitación especial.
Les invito a escuchar la misma voz del Papa que hablaba a los jóvenes de América Latina en un determinado momento de nuestra historia:
- “¿Qué significa Cristo en tu vida? Es como un punto de llegada de las anteriores preguntas. Más de una vez os habéis hecho ese interrogante. Y otros os lo habrán hecho también. Quiero ayudaros en la respuesta, que tantos de vosotros habéis dado ya. Para un joven, y una joven, generosos, valientes, Cristo puede y debe ser la raíz del propio vivir. El eje central y punto de constante referencia en los propios pensamientos, en las decisiones, en el generoso compromiso por el bien. Buscad, pues a Cristo y acogedlo. Él es exigente. No se contenta con mediocridad. No admite la indecisión. Él es el único camino hacia el Padre. Y el que lo sigue, no camina en tinieblas. Cristo es la certeza de vuestra juventud y la fuente de vuestra alegría. En Él, eternamente joven, encontraréis la victoria de la vida sobre la muerte, la victoria de la verdad sobre la mentira y el error, la victoria del amor sobre el odio y la violencia”.

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EL GRAN MILAGRO DEL PERDÓN

El Evangelio de este domingo es sorprendente. Muchos piensan que el gran milagro de Jesús es el hacer andar al paralítico y que lo importante se sitúa en el esfuerzo de esos hombres que cargan con la camilla y lo descuelgan desde el techo porque había tanta gente que le impedía llegar a Jesús.
Siempre poniendo el acento en el esfuerzo, en lo que hay que hacer, en los actos cuasi heroicos.
Pero Jesús, una vez mas, trastoca nuestra comprensión de lo que debe ser. No tiene en cuenta el criterio del esfuerzo, sino el de la fe de los hombres (incluido el paralítico) que, de pronto, aparecen ante él.
Y lo que es más chocante de todo. Al verlos, sin mediar palabra, sin caer en lo evidente que se convierte en simple, le da el regalo más grande que puede portar: Hijo mío, tus pecados te son perdonados.
No le dice que queda curado de su parálisis que le cercena la vida, no. Le hace entrega de lo más profundo y desbordante: el perdón. La posibilidad de empezar de nuevo, el acceso a Dios desde lo humano, el unir cielo y tierra con la palabra creadora, simplemente.

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Eucaristía, Iglesia y pobres

VII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO.

Supongo que aquellas tejas levantadas son evidencia de una voluntad decidida a plantar al enfermo delante de Jesús; y no para que el enfermo pudiese oír mejor lo que Jesús decía, sino para que, alcanzado por la mirada y la compasión, fuese alcanzado también por la curación.
Dios está en todas partes, pero el hombre necesita tener constancia corpórea de la divina presencia, y esa función de dar corporeidad a Dios la han desempeñado siempre los lugares sagrados: necesito saber que Dios me mira, que me presta atención, que se ocupa de mí. Aquellos cuatro levanta techos no sabían que estaban poniendo a su enfermo ante los ojos de Dios, no sabían que le iban a dar a aquel hombre la oportunidad de oír palabras de Dios, aun esperando confusamente que sobre él se manifestase el poder de Dios.

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TOCAR

Tocar y dejarse tocar. Es quizás uno de los gestos más característicos de Jesús y también uno de los más desafiantes y paradójicos. Es mucho decir pero se puede decir: la piel de Dios, la piel del Hijo, está hecha para tocar y dejarse tocar, con todo lo que ello implica.

En un tiempo y en una cultura en donde el roce era motivo de impureza y de alejamiento de lo sagrado (recordad la parábola del Samaritano; Levita y Sacerdote olvidan a su prójimo para no quedar contaminados y acudir a sus obligaciones sagradas), Jesús dinamita con su piel esta unión maléfica entre pureza-impureza, santidad-pecado, que se queda en lo epidérmico. El escándalo del roce es asumido por Jesús plena y conscientemente. No como un capricho de romper lo establecido sin más, sino como un acercamiento, una inmersión en la realidad del pecado-enfermedad-publicidad que excluía a otros seres humanos de cualquier interacción social.

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Nuevo número monográfico de VR

EDITORIAL Sólo tú me sondeas y conoces
Acaba de salir una obra de filosofía con un título provocador: «Tantos tontos tópicos ». Su autor manifiesta que, en este momento, lo que se pretende subrayar es «el relativismo moral y cultural, la igualación de todos y en todo, el tramposo recurso al derecho para justificar nuestra falta de virtud».
A la hora de hablar de la oración y de ésta en la vida consagrada, tampoco estamos libres de los tópicos que, más que tontos, nos parecen típicos. Por ejemplo, nuestro consenso, nunca discutido, sobre el valor de la oración, la centralidad de la misma, el alimento que supone para que las acciones no sean sólo hechos, sino expresión del Reino… Hablamos y hablamos de cómo la vida de oración es sustento de los consejos evangélicos, de la vida en comunión y, por supuesto, de la misión. Todavía más, entendemos, porque lo hemos personalizado, que es cada quién, el que tiene que encontrar su tiempo, sus modos y sus horarios. Cada persona la que debe dejarse hacer por la Palabra, escrita, proclamada y contextualizada en los avatares de la vida… Y ya, cuando casi llegamos al climax, llegamos a afirmaciones como: «todo es oración»; «lo importante es vivir en clave de oración» y «todo en esta vida es anuncio de trascendencia»…

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Salud del P. Camilo Maccise

Muy queridos/as hermanos/as en el Carmelo y en la Vida Religiosa:
He transmitido al P. Camilo Maccise su oración y saludo. Me ha dicho que le agradece su recuerdo.
Desde el punto de vista médico, superó una leve neumonía y hace todo el esfuerzo para superar una infección que le impide a los médicos aplicar la quimioterapia.
Tiene buen ánimo y come muy bien. Pasa el día fuera de su habitación, en la sala de "recreo" de la casa provincial. Allí hace su oración, escucha música, lee los diarios y recibe algunas visitas. En general, duerme bien. Por las noches, después de cenar, vemos juntos películas de Cantinflas, que tanto nos hacen reír.
Aunque realiza ejercicios de fisioterapia, sigue débil y dispuesto para lo que el Señor disponga. En estos momentos recuerda lo que dice Edith Stein: "nazco cada día, muero cada noche...lo que no estaba en mis planes, estaba en los planes de Dios". Camilo experimenta que cada día, es una pequeña vida.
Nuestra comunidad de casa provincial les agradecemos su oración y muestras de apoyo e interés por la salud del P. Camilo.
Fraternalmente,
Enrique Castro,ocd.
Provincial de México

 

Y yo qué se

Derriba del trono a los poderosos
Sé que estos tiempos de revolución ya pasaron y que, quizás, sea mejor así. Sé que la sociedad (en su mayor parte) decidió hace tiempo que lo más cómodo, lo perversamente más útil, es ir a lo mío y no meterme en problemas. Que cada uno se defienda como pueda.
Sé que en la Iglesia corren tiempos acomodaticios (en una buena parte de esta Madre amada), que lo mejor es hacer eventos multitudinarios y contar y recontar a los asistentes, demostraciones de fuerza por número y toma de las calles con cánticos (que no me parece mal hasta cierto punto).
Pero están llegando tiempos, ya son llegados, en que bajo la omnipotente palabra CRISIS se da carta blanca al poder económico-político (quién lo pudiera distinguir) para recortar derechos básicos. 

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