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Revista Vida Religiosa

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Muy bien… ¡gracias a Dios!

Escrito por Jesús Garmilla.

Tengo un gran amigo a quien, cuando le preguntas con el formal “¿qué tal estás?”, te responde -invariablemente-: “Muy bien, gracias a Dios”. Es posible que su procedencia de un país latino, laico desde casi siempre pero profundamente “religioso” en el más amplio sentido del concepto, explique esa expresión, seguramente más habitual e inconsciente que reflexionada y “teológica”. Lo cierto es que es agradable escuchar muletillas de este porte, que tienen un arraigado y lejano enraizamiento cultural desde siglos atrás. En España se han perdido estas fórmulas: “si Dios quiere”, “como Dios quiera”, “gracias a Dios”… o el más añejo: “con Dios…”. Y es una lástima. Todo ello forma parte de una inevitable inculturación del lenguaje actual en coordenadas y paradigmas secularizados, secularistas o laicas, si quieremos. La “cultura” en su acepción más profunda y amplia, arrastra también hacia un lenguaje que hoy llamaríamos “postmoderno”, o “tardomoderno”.

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Católica y apostólica

Escrito por Martín Gelabert.

La Iglesia es católica porque es universal, extendida por todo el mundo, “hasta los confines de la tierra” (Hech 1,8). Y, sin embargo, esta única Iglesia católica se realiza en comunidades particulares. Es interesante notar que un mismo escrito, la primera carta a los Corintios, emplea la palabra Iglesia en un triple sentido: comunidad de culto (1 Cor 11,18), iglesia local (1 Cor 1,2) e iglesia universal (1 Cor 15,9). Se trata de tres formas de realización de la sola y misma Iglesia. La Iglesia universal existe en las distintas comunidades locales y allí se realiza, a su vez, en la asamblea de culto. Lejos de oponerse Iglesia local e Iglesia universal, la primera es la forma concreta de realizarse la única Iglesia en un determinado lugar, como ha dejado bien claro el Concilio Vaticano II: “en las Iglesias particulares se constituye la Iglesia católica, una y única” (Lumen Gentium, 23). Más aún, es posible considerar a la familia cristiana como “Iglesia doméstica” (Lumen Gentium, 11), o sea, como la primera realización de la reunión de creyentes que constituye la Iglesia cuando esos creyentes se reúnen en nombre de Jesús (cf. Mt 18,20).

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La fe: el camino de la mirada “Haznos en la fe luminosos”

Escrito por Esperanza García Paredes, hcsa.

Quisiera comenzar este retiro con un recuerdo entrañable de mi madre. Ella siempre ha estado a mi lado, con su presencia amorosa y callada, mientras yo preparaba las meditaciones de estos retiros. Su ayuda no tenía precio. A ella, que ya ha pasado a la Gloria, quiero dedicar este retiro; a ella, que sentada a mi lado, me contemplaba mientras escribía al ordenador; a ella que, con su mirada me hablaba de una vida profunda, de una comunión íntima, de un amor fiel e incondicional; a ella, que con su mirada me hablaba de una vida de fe, confiando siempre en el Señor, en su Palabra; a ella a quien se le transfiguraba la mirada y el rostro mientras recibía al Señor Eucaristía.

¡Qué mirada, la tuya mamá! Tú me has enseñado a mirar contigo más allá de las apariencias, más allá de nuestras limitaciones, más allá de nuestros silencios, más allá de nuestras oscuridades. Tú, mamá, me has concedido una mirada eucarística. Me has regalado la presencia del Señor a través de tu bello y débil cuerpo. Sé que estás conmigo mirándome, ahora desde la plenitud de la vida. ¡Gracias!

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Una y santa

Escrito por Martín Gelabert,OP.

Los Símbolos de la fe caracterizan a la Iglesia con estos cuatro atributos: una, santa, católica y apostólica. Se trata de cuatro rasgos esenciales de la Iglesia y su misión. Hoy estas notas o rasgos precisan de una nueva explicación precisamente porque nuestros contemporáneos, incluidos muchos buenos creyentes, también observan, a veces escandalizados, la pluralidad de Iglesias o el pecado de la Iglesia, o se preguntan si su origen apostólico implica un tipo de gobierno no democrático.

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Rutinas

Escrito por Ianire Angulo.

¡Cómo nos cuesta retomar las rutinas! Hasta al tren le cuesta, que esta mañana ha estrenado el mes de septiembre con retraso. Bostezos, miradas perdidas, personas que paseaban por el andén como leones enjaulados y cada diez segundos estiraban el cuello para ver si se asomaba en el horizonte la ansiada luz del tren que tenía que haber llegado… ¡todo un estudio sociológico antes de las 7 de la mañana!

Lo más probable es que en estos días nos pase como al tren de hoy, que sintamos que vamos “con retraso” a la vida y que tengamos que “desoxidarnos” para llevar adelante lo que antes del verano nos resultaba mecánico. Menos mal que Dios, como mis compañeros de espera de esta mañana, espera pacientemente a que cojamos el ritmo… con más paciencia que nosotros mismos.

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Tiempo y sabiduría

Escrito por Ianire Angulo.

Ha sido esta tarde cuando, mientras volvía a casa en autobús, he caído en la cuenta de que ya estábamos a día 15. No es que no supiera el día que era sino que, de repente, me ha venido esa sensación familiar de que el tiempo pasa volando y septiembre se me escabulle entre los dedos a velocidad de crucero.

Y, mientras estaba en esas, me he acordado de una reflexión que escuché hace unos días a una compañera que estudia el libro del Eclesiastés desde esta perspectiva del tiempo. Y es que, ciertamente, parece que la relación entre el tiempo y la sabiduría es mucho más honda y más seria que la que parece tener este libro sapiencial.

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“EROS” AGONIZA, “NARCISO” RENACE: Consideraciones actuales sobre el amor

Escrito por José Cristo Rey G. Paredes.

Solemos evitar en nuestro discurso eclesiástico ordinario (y también en el lenguaje teológico) cualquier referencia al “eros”. Y más todavía dentro de las reflexiones que hacemos sobre la vida religiosa o consagrada. El voto de castidad es entendido y explicado de tal forma que se vuelve innecesaria cualquier referencia al amor erótico.

Superando el posible tabú, es necesario decir –ya de principio- que la reflexión sobre el eros o el amor erótico –en este momento- nos puede ofrecer claves para el discernimiento ético sobre la conducta tanto matrimonial como celibataria y para otros fenómenos (la política, el arte, el pensamiento, la espiritualidad).

El Papa emérito Benedicto XVI se atrevió a tratar el tema del eros en su encíclica “Deus Caritas est”. No pocos autores y autoras de nuestro tiempo están abordando el tema en diversas perspectivas. Y llama la atención una cierta coincidencia. Algo está ocurriendo en nuestra humanidad –respecto al eros- que no va bien. Es un síntoma de un malestar de nuestra cultura amorosa. Y esto explicaría también muchas de las situaciones –de las que poco hablamos- pero que acontecen en la Iglesia y en la vida consagrada.

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Ébola: La nueva lepra

Escrito por Manuel Romero.

Diez leprosos andaban por las afueras de la ciudad cuando se encontraron con Jesús y, a distancia, le pidieron que les curara. Otro día, andaba Jesús por la ciudad cuando un leproso se postró y le pidió que lo curara (Cf Lc 17, 11-19; Mc 1, 40-45).

Cada vez que sale un leproso en el evangelio me cuesta explicar la situación de exclusión y de rechazo que sufría, y de miedo que él suscitaba en la gente. Pero la semana pasada pude comprobar, en un programa de tv, los sentimientos que han brotado ante la muerte por ébola de Miguel Pajares; religioso de la Orden de San Juan de Dios.

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